POR LA ALAMEDA

Una sección de Lola Fernández Burgos
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AL- JATIB

La Alhambra está llena de inscripciones en árabe clásico, que lo mismo recogen textos del Corán, que breves oraciones, o versos y sentencias que se reparten por sus paredes.  En la dinastía nazarí, el rey Yusuf I, allá por el siglo XIV, tenía una corte de poetas que escribieron la mayor parte de los poemas repartidos por la Alhambra, especialmente en los aposentos reales, en el palacio de Comares.

Gracias a las técnicas más avanzadas, los epígrafes de este palacio, que suponen más de un tercio del total en el conjunto monumental granadino, están siendo catalogados informáticamente y traducidos, para saber el significado de la poesía y demás escritos de la Alhambra. Gracias a la labor de científicos del CSIC, no sólo conoceremos qué escribieron los poetas en sus rincones, sino dónde se ubican y cuántas veces se repite cada una de las inscripciones analizadas, hasta un total de 3.116 sólo en el palacio en el que moraba Yusuf I y su familia.

En esa corte, destacaron especialmente tres poetas, de los cuales me interesa sobretodo nombrar a  Ibn al- Jatib, “el hijo del predicador”, importante personaje en el mundo político y cultural de al– Andalus. Relevante figura en el mundo de la ciencia y el pensamiento, no sólo era poeta, historiador y biógrafo, sino que ejerció la medicina con grandes logros, además de ser un importante político que alcanzó enorme notoriedad en su época, siendo visir con Yusuf I y con su hijo Muhammad V.

Este prolífico autor nacido en una acomodada familia en Loja, de ascendencia cordobesa, llegó a serlo todo en la corte de la Alhambra, aunque su ambición y las envidias ajenas le llevaron a tener que huir a Marruecos, donde fue encarcelado y asesinado en la prisión que ocupaba en Fez, a la edad de 61 años, dejando un importante conjunto de más de sesenta obras filosóficas, históricas, médicas y religiosas, aparte de las poéticas. Imprescindible para conocer las costumbres del reino nazarí, escribió también importantes textos de geografía, dejando testimonio de sus muchos viajes por el territorio andalusí.

Precisamente las cuevas de al- Jatib, con sus baños árabes, tienen ese nombre en honor a este pensador, científico y poeta, que pasó por nuestra tierra y dejó escrita la descripción de lo que vio y sintió al recorrer y detenerse en nuestra geografía. Uno más de los ilustres visitantes que dejaron alguna huella testimonial en la historia de nuestra ciudad, y al que no podemos decir que se le haga mucho caso. Si junto a Ibn al-Zayab e Ibn Zamrak, Ibn al– Jatib es uno de los excelsos poetas que dejaron escritos sus versos en la piedra de la Alhambra, para que su poesía hablara a través del tiempo, ¿cómo es posible que no sea un claro referente de nuestra cultura?

¿Conocemos la traducción de sus poemas? ¿Sabemos qué pensaba y escribió sobre nuestra tierra cuando tuvo oportunidad de visitarla y le pareció lo suficientemente hermosa e interesante como para escribir de ella? Creo que no. Más parece que su nombre esté asociado a una tetería de exótico nombre difícil de recordar. Pero no. Al- Jatib era un gran poeta, al que nuestra tierra inspiró. En eso coincidió, por poner un ejemplo, con el maravilloso Antonio Machado, otro poeta viajero, que dejó unos versos sobre la sierra de Baza, nombrándola junto a otros bellos enclaves geográficos de nuestro país.

El presente es el tiempo que vivimos, y se puede decir que es el único existente, porque jamás aprehenderemos el futuro, que es como el señuelo  que nos hace avanzar hacia un mañana que nunca llega porque siempre es hoy. Y el pasado, ese tiempo muerto, nunca existió, porque igualmente fue presente antes de esfumarse para siempre jamás. Pero si el mañana es el reino de los sueños, algo importantísimo pertenece al ayer: los hechos y las obras. Así que mejor detenernos, aunque sea un poco, en lo relativo a nuestra historia. Porque será una buena manera de conocernos mejor y de entender de dónde venimos y hacia dónde vamos.