POR LA ALAMEDA

Una sección de Lola Fernández Burgos
Para remitir sus comentarios, clique AQUÍ

INSPIRACIÓN

Según el diccionario, la inspiración es el efecto de sentir el escritor, el artista en genérico, el estímulo que logra que produzca su obra de modo espontáneo y como sin esfuerzo. Una buena definición para algo muy difícil de explicar y a veces incluso de sentir. Cuando hay que crear algo de la nada, sea un escrito, sea un cuadro, sea una teoría que añada algo al conocimiento humano, por poner unos ejemplos, los estímulos desencadenantes han de existir forzosamente.

 

Se dan sin embargo bastantes vías por las que dichos estímulos inspiradores lleguen a buen puerto y consigan su fin y objetivo, que no es otro que activar el mecanismo de lo que entendemos por creación, ciñéndonos en ésta a la que esté sustentada en la invención. Porque para plagiar y copiar hay métodos mucho más simples. Sin embargo, a pesar de la multiplicidad de caminos para el acto de crear, hay dos más genéricos en los que circunscribir todos ellos.

 

Está lo que podemos llamar la inspiración de adentro-afuera; y la contraria, es decir, la de afuera-adentro. La fuerza creativa que surge del interior y cuando se manifiesta en una obra del tipo que sea ya lleva sus contornos cincelados a fuerza de corazón o alma, eso depende ya de cada cual y sus conceptos. Y la creación que nace directamente a partir de estímulos externos para los que están prestos los sensores interiores, pero de una manera cuasi meramente receptiva.

 

En ambos flujos hacedores existe la creación y su peculiar impronta marcada directamente por la autoría que le da vida. Son dos tipos de corriente que no por sus evidentes diferencias dejan de testimoniar ambos una misma predisposición y habilidad expresivas. Aunque por fuerza serán también muy distintas sus respectivas y correspondientes expresiones. Y diversas también las conexiones que surjan entre emisor y receptor, al igual que sus efectos en el otro.

 

Cuando se crea desde dentro hacia fuera, hay un clima más íntimo y cercano, porque la posible identificación del receptor es con una personalidad, con un ser vivo semejante, o absolutamente divergente, que eso da igual. Pero cuando uno o una se identifica con algo cuyo desencadenante es externo, falta ese componente interpersonal. Y ello no significa que el efecto vaya a ser de más o menos aceptación, con más o menos deleite por las diferentes propuestas creativas, del tipo que sean éstas.

 

Por lo demás, añadir a la definición expuesta al inicio, que de nada sirve la inspiración sin trabajar, aunque la tarea sea darle forma a la misma creatividad. No servirá de mucho que te llegue la inspiración, desde afuera o desde adentro, si tú no estás preparado o preparada para hacerla tuya, filtrarla y fundirla con tu misma esencia para darle eso que se conoce como el estilo propio, algo que todo creador persigue y que por desgracia muy pocas veces se consigue.