POR LA ALAMEDA

Una sección de Lola Fernández Burgos
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INTERNET Y SOLEDAD


La imagen es importante, hay que reconocerlo, pero la esencia lo es más, no debiéramos olvidarlo. Se me viene a la cabeza este pensamiento tras leer un artículo sobre iconos escrito por Manuel Vicent, escritor licenciado en Filosofía, Derecho y Periodismo. Se queja dicho articulista político de este mundo nuestro en que todo se está convirtiendo en una vorágine de imágenes que se suceden a velocidad de vértigo. Muy gráficamente resume a la humanidad en seis mil millones de personas de las que “la mitad está sentada mirando cómo la otra mitad hace el payaso”.

Nombra el prestigioso autor valenciano a facebook, red social por excelencia en estos tiempos modernos de Internet y soledad. Y al hilo de ello me pregunto cómo es posible que en lo que se pretende sea un encuentro de amigos que van ampliando su número, se sienta uno tan solo al formar parte de tal red. Porque la definición que caracteriza este vocablo es precisamente conjunto de elementos interrelacionados, a modo de entramado. Pero la verdad es que lo que menos siente uno al estar en estas redes, sea facebook, twitter o cualquier otra, es que es parte integrante de un grupo. Éste va creciendo en cantidad, pero deja a un lado completamente la calidad. No hay comunicación en estas redes sociales en las que importa la imagen pero se olvida la esencia.

Puede que sea el signo de los tiempos ese estar rodeado de tanta gente sin sentirse en modo alguno acompañado, quién sabe. El caso es que cuando entras en tu muro y ves a la izquierda un número que cuantifica a tus amigos, con fotografías de sus respectivos perfiles incluidas, sientes que se trata de una cifra hueca que dice poco. Es más, si te detienes a mirar quiénes son esos que la red llama amigos tuyos te sorprendes, porque incluso encuentras empresas y grupos que desconoces por completo. Eso sin contar las personas que no sólo no son amigos tuyos sino que más bien forman parte de tus enemigos.

Aún más, es que si te adentras en la dinámica de tu cuenta te sorprendes de que cuando escribes en los muros de algunas de esas llamadas amistades, éstas ni se dignan a hacer el más mínimo comentario en respuesta. Con lo cual, la sensación de soledad se acrecienta y terminas por dejar de entrar en la red, cuando no dedicas parte de tu ocio a depurar esas largas listas de “amigos”, logrando con ello restar en vez de sumar. Aunque ciertamente creo con firmeza en el dicho de que “más vale estar solo que mal acompañado”.

Así que esto de las cuentas, los muros, los perfiles y el resto de palabras de este mundo de abstractos grupos de reuniones amistosas me suena a puro rollo patatero. Igual no tengo edad. Lo mismo para mí la amistad es algo mucho más que tanta superficialidad. Quién sabe qué, pero aunque ello no impide que sea una herramienta más para relacionarme con la gente a la que de verdad quiero y me quiere (que serían amigas y amigos verdaderos), esto de las redes sociales me suena a virtualidad, en su sentido de inexistencia.

Como siempre pienso, no me digas tanto que me quieres y quiéreme. O trasladado al ámbito de facebook y demás inventos, no te llames tan pronto mi amigo y que la vida me dé la oportunidad de sentir que realmente lo eres y que al mismo tiempo yo soy tu amiga. Formarás parte entonces de mi corazón y mis sentimientos, aunque no conste tu nombre en ninguna lista.