POR LA ALAMEDA

Una sección de Lola Fernández Burgos
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DE MULAS TORDAS Y ANTEOJERAS


     Es lo que tiene que te vendan mulas tordas como si de purasangres se trataran, que después vas a las carreras y fracasas estrepitosamente. El problema no es sólo que te hayan engañado, sino, sobre todo, que les creíste, aunque en tu descargo habrá que considerar que la publicidad era tan engañosa como el valor presupuesto a dichas bestias. Y es que en estos días, en los que no te puedes fiar de casi nadie, y de prácticamente ningún medio de intoxicación —porque lo que hay es cualquier cosa menos comunicación—, mantener un pensamiento libre y ajeno a manipulaciones desde todos los flancos, es casi un milagro. Da miedo cuando la mentira sustituye a la verdad, y cuando la neutralidad que se le exige al comunicador se torna descarado partidismo; pero es aún peor cuando se nos exige el pensamiento único, propio de los peores totalitarismos. Está muy bien cuando tienes la oportunidad de hacerles ver que la libertad  de las mentes no la doblega cualquiera, y menos en estos días en que ya no controlan la información, pues hay, afortunadamente, fuentes de aguas más puras y cristalinas. Luego está la cuestión de saber, o no, aprender la lección que en cada momento la vida nos va dando; de asimilar, o no, la derrota; de reconocer, o no, los errores; y de pedir, o no, perdón cuando te equivocas. Creo que esto último suena ya a palabras mayores, a estas alturas; pero por mucho que pretendan vaciarlas de valor, las disculpas siempre son sanas y debieran ser dadas y aceptadas con la naturalidad que se necesita para la convivencia en paz. Sin olvidar que en ciertos ámbitos, en el político desde luego, apostar por caballo perdedor, es convertirse a la vez en caballo perdedor. Aunque después vuelva a activarse la noria de la desinformación y las mentirosas interpretaciones, y tu mula torda se vuelva a querer vender como caballo de raza ganador...

     Es increíble que no se sepa ver cuándo se están produciendo cambios para los que no existen medios de contención: es como cuando se espera una inundación y se ponen unos cuantos sacos de arena, que por más que reces, sólo te salvará del empuje de las aguas el que finalmente no se produzca su crecida. Hay que estar muy ciego, o ser muy amante de los fundamentos sin base, para no comprender que estamos viviendo tiempos de transición y ruptura. Tal vez sea aún demasiado pronto para llegar a calibrar el verdadero alcance de las transformaciones sociales que se están desarrollando ante nuestras narices, las queramos o no; sin embargo, siempre hay señales que nos ayudan a prevenir las consecuencias cuando estas pueden ser fatales. Me parece que quedarse al margen, diferenciándonos de los demás y presumiendo de lo que sería un verdadero orgullo, si existiera, es como colocarse unas anteojeras y no ver nada de lo que hay alrededor. Allá cada cual, mas son momentos para mantenerse con los ojos bien abiertos y no perderse nada; además de para seguir las reglas del juego y no hacer trampas, especialmente porque cada vez es más fácil desenmascarar a los tramposos.