698. Protagonismos

Por Lola Fernández:

Subjetividad, objetividad, protagonismo, usurpación, influencia, denuncia, propuesta, problemas, solución, conceptos todos ellos ligados de una u otra manera al acto de escribir. Por supuesto que lo principal y delimitador es qué se escribe, pues no es lo mismo una noticia, un texto científico, un ensayo, literatura, o un artículo de opinión como este, pongamos por caso. Es obvio que hay textos en los que primará la información de hechos que pueden verificarse, con el uso de la tercera persona y una neutralidad exenta de emociones; vamos, lo que se conoce como objetividad y lenguaje denotativo. Por otra parte, tenemos la subjetividad, el filtro personalísimo de quien escribe expresando la santísima trinidad de la visión individual: sentimientos, sensaciones y emociones; aderezado todo ello con juicios de valor, opiniones y un lenguaje connotativo propio de quien se torna protagonista al escribir. También está meridianamente claro que estamos ante las dos caras de una moneda, que no pueden darse, seguramente, de un modo puro aisladamente, sino que juegan a combinarse en las dosis adecuadas, según el momento y la finalidad. Me parece indiscutible que, incluso en un marco de objetividad pura y dura, la misma elección de un tema ya impregna de subjetividad lo expresado; es como utilizar una cámara fotográfica: habrá elementos técnicos y mecánicos, pero por encima de todo tendremos el poder de la mirada y de la visión personal de quien realiza la fotografía, y eso, no creo que haya muchas dudas, es pura subjetividad.

Foto: Lola Fernández

Avanzando un paso más llegamos al tema del protagonismo: se puede escribir subjetivamente y no por ello robarle el papel principal a quien lo ostenta por relevancia y oportunidad; porque de hacerlo, entramos de lleno en otra noción, relacionada pero distinta: el afán de protagonismo. Es querer ser el centro de atención de un modo exagerado y excesivo, desviando el enfoque lejos de lo realmente interesante, lo cual denota cierto histrionismo y algo de narcisismo. Se puede decir yo, a pesar de que el uso de los pronombres personales no es, al contrario que en inglés, obligatorio; lo que excede ya de la normalidad es usar un yo, mí, mío, y anunciarse a bombo y platillo. Cuando se tiene algo que decir, o que escribir, lo esencial es hacerlo con argumentos y el apoyo de la realidad más objetiva posible, sin que sean precisos la grandilocuencia y el estruendo, porque a veces ocurre que el ruido no te permite ver lo realmente relevante. Al mirar la fotografía elegida para este artículo, me pregunto cuál es el protagonista principal, si el cielo, la tierra o la montaña, y estoy segura de que será diferente según quien la mire; porque esa es otra: junto al valor de la mirada propia y personal de quien hace una foto, la importancia de la mirada ajena de quien la ve; y esto es tan válido en el arte de la fotografía como en el de la palabra, dejando aparte connotaciones añadidas de cualquier clase. Al final, los auténticos protagonistas en cualquier autor que crea algo de la nada son su estilo y su personalidad, rasgos particulares que se fusionan con el mismo proceso de la comunicación en general, y que consiguen que dicho autor sea reconocible por tener una voz y una creatividad propias.