7/26. La vivienda

Por Miguel Blánquez González. 

Para poder entender el problema de la vivienda hay que partir de ciertas consideraciones que lo contextualicen. Factor importante son las clases sociales y económicas que componen nuestro país.  A mi juicio, nuestra sociedad está compuesta por, Pobres, Clase media, Clase acomodada y Ricos.

  • El primer grupo, de los pobres, está subvencionado por su vulnerabilidad, por su picaresca o por su gran poder de procreación y en el que están incluidos además los que obtienen un trabajo precario, no legalizado, por la magnanimidad de alguien, otros también que proceden del turbio mundo de la delincuencia y los del analfabetismo, este tramo de pobres es una cantera de votos para el Gobierno Bienhechor y si fueran necesarios más votos, se abren las fronteras o se traen votos de otros países. Para este grupo no es tan acuciante el problema de la vivienda porque pueden ocupar las que son propiedad de otros.
  • La clase media la componen los que trabajan, arriesgan y producen riqueza, son ahorradores y capaces de generar la adquisición de una o dos viviendas, una de ellas para alquilar y tener un mejor futuro. Sus tributaciones mantienen las pensiones y los servicios públicos. Es un voto muy reivindicativo porque son los que sufren con más rigor los altibajos de los precios que condicionan su actividad.
  • La clase acomodada está compuesta por los que han recibido un importante legado económico, las estrellas del arte y del deporte, los que han utilizado el trampolín de la política, los braguetazos de ellos o ellas, los que tenían terrenos que les fueron recalificados por un concejal afín, los altos cargos del gobierno etc. Ellos compatibilizan la Sanidad Pública con la privada, a conveniencia, y utilizan la Enseñanza Privada debido al deterioro de la pública. Es de suponer que son un voto fiel a los gobiernos de derechas que les permiten tener ese estatus económico, son los que ponen precios altos a la vivienda debido a su alto poder adquisitivo; después estos precios servirán de referencia al gobierno para fijar las cantidades a tributar.
  • Los ricos son aquellos que cuentan con el favor del gobierno, consecuencia por la que sus capitales apenas tributan, como es el caso de las SICAV; el capitalismo no tiene corazón ni patria y si se les solivianta se van a paraísos fiscales, lo componen los dirigentes políticos de máximo rango, las industrias energéticas, las industrias petroleras, las grandes constructoras, los capitales procedentes de la droga, las empresas tecnológicas y automovilísticas, las aerolíneas, la banca, etc. Todas ellas reciben el impulso y la ayuda del gobierno de turno, siendo rescatadas, con dinero público, si fuera necesario porque los gobernantes que influyan en el florecimiento de estas empresas más tarde serán incluidos en sus plantillas. Aquí es muy difícil hablar del voto porque ni siquiera podemos saber dónde están censados.

Cada vez que se produce un drama, alguien se frota las manos. Cuando hay una epidemia son las farmacéuticas; cuando hay una guerra, son las industrias armamentísticas; si aumenta el precio de los carburantes, el gobierno recauda más impuestos y, si son las viviendas las que suben de valor, aumentan los ingresos de las administraciones locales, autonomicas y estatales, que tienen gran dependencia de los impuestos derivados de la vivienda, debe de pensarse, por lo tanto, que el aumento de su precio, tiene la total aceptación de estas entidades.

Impuestos que recaen en las viviendas.

Cuando se vende una casa, la ganancia patrimonial obtenida por la diferencia entre la compra y la venta tiene un pago de IRPF que oscila entre el 19 y 28 %, además del impuesto municipal de la plusvalía. En la venta de segunda mano se paga la trasmisión patrimonial, entre un 4 y un 11% de su valor; hay que pagar también, escritura pública en la Notaria y otro pago en el del Registro de la Propiedad, en concepto de inscripción por unos 400 a 700, €, pagos de gestoría, pagos de tasadora, intereses de la hipoteca, más el impuesto anual de contribución o IBI.

Para la ocupación de la vivienda, hace falta un certificado de eficiencia energética, otro certificado de un electricista y otro certificado de fontanería.  Creo que me dejo muchos más impuestos, pero es que todos estos, no me parecen pocos.

El alto valor de la vivienda puede condicionar también obtener ayudas, becas o subvenciones.  Los herederos de viviendas de alto valor se ven obligados, a veces, a renunciar a su derecho a la misma por los altos e inasumibles costes del impuesto de trasmisiones (según comunidad y parentesco) pasando a ser propietaria del inmueble la administración correspondiente. La verdadera trampa de los precios baremados por los organismos de la vivienda es que no son precios de mercado, porque no hay compradores que con un sueldo normal tengan capacidad para adquirirlos, siendo este alto valor utilizado como herramienta recaudatoria.

Y ahora viene la pregunta: ¿Quién se frota las manos por el alto precio de la vivienda? ¿Hay alguien que se crea que van a solucionar un problema que solo afecta a los que tributamos y en el que no concurre “singularidad” alguna?

Los impuestos son recaudaciones necesarias para mantener los servicios públicos y corresponde a los distintos órganos gubernamentales aplicarlos sobre los bienes que son objeto de gravamen y también regularlos y administrarlos y de ahí que sea tan importante, pero siempre que esta recaudación no nos lleve a la pobreza.

La expectativas ciudadanas no son buenas porque ningún partido presenta un programas de gobierno (creíble o no)  y  se atribuyen cómo único mérito, que el  otro partido es más corrupto que el propio y, ante tales perspectivas, solo cabe esperarse, la sabiduría de los ciclos naturales, que periódicamente se repiten y que hacen que las cosas vuelvan a su nivel normal porque, refiriéndonos a la vivienda,  lo que hoy es motivo de lucro para propietarios, mañana se convertirá en motivo de ruina, (ya ocurrió con la pasada burbuja) al tratarse de valores subjetivos que se aplican por zonas, por épocas, por comunidades y por criterios de centralidad, que no son garantía de permanencia en el tiempo y solo son negocio para los especuladores (fondos buitre), que juegan con el oportunismo que les dan las leyes hechas para favorecerles, expropiando, desahuciando y explotando el mercado, mientras que los propietarios de las viviendas ocupadas y destrozadas por los  “vulnerables”,  carecen de derechos sobre ellas y encima tienen que pagarles todos los servicios a los ocupadores.

Al hilo de todo esto me voy a permitir recordar una poesía que recitaba mi padre;  aunque la poesía incluye mis olvidos, estos no la desvirtúan para el motivo:

Estaba un pescador con su caña
En la orillita del mar
Pasó por allí una hermosa sirena, a la que dijo,
Pececito primoroso, pececito de colores, quién te pudiera pescar
Cesa en tu anhelo pescador, le dijo ella, que molestas mi altivez
No se hizo tan pobre anzuelo, para tan bonito pez.

Han pasado los años en los mares del amor     (ciclo)
Y, harto de peces y peces, ya no pesca el pescador.

En tanto el pez primoroso que no se dejó pescar, dice con voz lastimera:
¡¡ Ay, Dios mío, si volviera, si volviera el pescador!!    (el comprador)

Vendedor, si volviera el pescador, deberías de tener en cuenta todas estas consideraciones y cuando decidas vender o alquilar, no te dejes seducir por la especulación, darás por lo tanto a los demás la oportunidad de tener una vivienda. El único inconveniente es que el recaudador no te lo permitirá porque pierde una parte de su pastel, pero si así ocurriera, creo que se puede recurrir a los Tribunales, solicitando una tasación real que te permita incorporar tu inmueble al mercado, en vez de quitar el derecho de una vivienda digna, a un necesitado de ella.