703. Desconectar

Por Lola Fernández.

Llega el verano, como una invitación a la alegría, que ya se sabe que los largos días y las vacaciones suelen ser del agrado general, aunque las olas de calor de los últimos años son como nubes en el cielo claro, y el temor a las altísimas temperaturas está ahí, aunque se pretenda ignorar. Pero si el estío no asegura el contento y la dicha, la desconexión es una apuesta por el descanso en todos los sentidos, cuando la polarización en nuestro país es tan evidente que no puede negarse, cumpliéndose así con la tradición de las dos Españas enfrentadas: un siglo antes del inicio de la Guerra Civil, cuando en los frentes liberal y conservador se respiraban la hostilidad y la intolerancia entre las diferentes ideologías, Larra apuntaba, o al menos a él se le atribuye la frase: Aquí yace media España; murió de la otra media. No parece que hayamos avanzado demasiado, cuando el odio y el conflicto es el pan nuestro de cada día, por mucho que el Papa, en su reciente visita a nuestras tierras, nos haya recordado que hay que huir de ellos, teniendo presente que un adversario no es un enemigo al que humillar y machacar. Sin embargo, para muchos el Papa puede decir misa, nunca mejor dicho, porque ellos son capaces de malabarismos tan absurdos como aplaudir minutos y minutos las palabras que les dejan en evidencia, para acto seguido decir que el santo pontífice estaba totalmente con ellos y sus mensajes. ¿Que León XIV dice que hay que acoger al necesitado que llega en patera y dejarse de prioridades nacionales? Pues los que desprecian al de fuera para beneficiar exclusivamente al nacional te saltan con el invento de que lo expuesto es pura teoría, que el representante de Cristo en la Tierra dice una cosa, pero hace otra…

Foto: Lola Fernández

Necesidad y querencia de desconectar de tanta incongruencia y mentira, cuando es más que evidente que la separación de poderes no funciona, que hay dos velocidades en una Justicia que hace las cosas con tanta falta de neutralidad y con tal parcialidad, que asusta, porque lo que vemos que ocurre, nos puede pasar a cualquiera, y eso es una grave amenaza para la salud de una democracia fuerte y real. Si los jueces, en vez de administrar justicia, que consiste, ni más ni menos, que en aplicar la ley y basarse en ella para dictar sentencias, hacen huelga contra una futura ley, sin detrimento para sus elevados salarios, porque ellos siguen cobrando hagan lo que hagan, están invadiendo el espacio del poder legislativo, que es tanto como entrar en un sistema autoritario y no democrático. Lo mismo podemos decir si se dedican a hacer política con toga, o que parezca que es así, que entonces vulneran las funciones del poder ejecutivo, y estamos en lo mismo: cargarse la democracia. No digamos ya cuando todo parece apuntar a que, supuestamente, hay partidos que, sirviéndose de algunos jueces, pretenden ignorar el mandato del pueblo que vota, la soberanía popular que da sentido y guía al Estado de derecho, sometido al único imperio de la ley. No es sólo polarización, es ir comiendo parcelas de libertad, pretendiendo acabar con derechos conquistados con mucho esfuerzo, a veces con la propia vida, y teniendo que aguantar el acoso de voceros del odio, con ayuda de bulos y mentiras. No todo vale, pero hay representantes de la ciudadanía que actúan cual perros rabiosos, y como ellos, sólo atemorizan a quienes pretenden vivir de acuerdo a las reglas y las normas dictadas para todos. Porque esto sí que asusta, y mucho más que saber que vamos a padecer sucesivas olas de calor a lo largo de días y noches estivales, pues contra esto al menos nos quedará el consuelo de poder refrescarnos en el mar, en los ríos, en las piscinas, bajo una buena ducha de lluvia en casa…  ¡Feliz verano y hasta el próximo otoño!