21. Haciendo pueblo, empoderando mujeres: Lucía Hernández Parra

Por Juanra Gil van Gils.

Aprovechando que llevamos unos meses en los que apenas hay ruido en torno al servicio municipal de ayuda a domicilio (sea la de la Ley de Dependencia o la municipal) vamos a hablar hoy de una persona que merece ser reconocida y respetada, cosa que no siempre sucede, sin que parezca que este reconocimiento venga al hilo de una situación concreta de las muchas que se dan, ya que no hay ruido no es sinónimo de que no existan problemas, y por lo tanto en cualquier momento estará de nuevo en primera línea de actualidad. Hoy vamos a hablar un poquito, porque daría para mucho, de Lucía Hernández Parra.

Antes

A Lucía la conocí hace ya unos 19-20 años, llevaba relativamente poco por estas calles, y ella estaba trabajando en lo que pretendía ser un servicio de ayuda a domicilio municipal (sin estar dadas de altas en Seguridad Social, cobrando en efectivo moneditas incluidas en un sobre, como yo mismo viví el verano que yo estuve trabajando en el servicio) y a la vez llevando un Servicio de Ayuda a Domicilio alternativo que gestionaba Cáritas en nuestra ciudad. Ni qué decir tiene que ya entonces, cuando todo estaba en pañales, ella ya peleaba por un servicio que fuera digno y de calidad, y por unas condiciones laborales dignas para quiénes ahí prestaban su tiempo y trabajo.

Cuando fui en mi primera candidatura de IU en Baza, allá por 2007, iba el octavo en la primera lista que encabezó Diego Caler, le conocí otra faceta más: era una de las componentes “importantes” de la candidatura del Partido Andalucista, en el que permaneció hasta el final del mismo, y tenía una cosa que compartimos muy clara: las mayorías absolutas no son buenas, se convierten en absolutistas (digno de estudio es nuestra situación actual, donde una minoría absoluta está pretendiendo convertirse en mayoría absolutista también). En estas arenas me demostró su compromiso para lo que considera justo y su lealtad inquebrantable a su gente.

Un poco después de esas elecciones, la conocí en una faceta más… fundadora y de las que no fallan en la Asociación de Mujeres Amudima, con corazón en nuestro barrio porque el destino quiso que mi casa la comprara en la misma calle en la que ha vivido su padre y vive ahora su hermano. De nuevo compromiso y lealtad, trabajo callado y ayuda a quiénes tiran para delante de ese proyecto, de esa asociación que a día de hoy sigue funcionando con numerosas actividades.

Mientras tanto, llegó la Ley de Dependencia, y aquella etapa en la que nadie sabía cómo se iba a gestionar aquello y tanto ella como su inseparable Ana Tenorio (de la que os tengo que hablar otro día), así como muchas de las compañeras que aún a día de hoy siguen trabajando en el servicio, se dieron de alta como autónomas y fueron “sus propias jefas” durante un breve periodo en el que vieron mejorar su situación ostensiblemente. Después llegó el momento de las licitaciones, y de aquella primera empresa adjudicataria que llevaba Antonio, que se demostró mucho mejor etapa que varias de las que vinieron después, ya que pese a los retrasos en los pagos, siempre cobraron su salario cuando correspondía.

Después

Y después vino la pesadilla, con una empresa nueva que no les pagaba, llegando a estar 3-4 meses sin cobrar… Y ahí vimos emerger de nuevo a la Lucía GIGANTE, aquella que odia el protagonismo pero que muerde por su gente… Huelgas, concentraciones, manifestaciones, aquel encierro en el Ayuntamiento que todos y todas vivimos con Juan Rodríguez Agudo… Y la convicción de que tenía que dar la cara por sus compañeras, que alguien tenía que hacerlo, y junto con Ana Tenorio como “lideresas” constituyeron el Comité de Empresa, ese que tantos años después consigue 200 votos sobre 240 trabajadoras aunque a algunos les pese… También estaban varias más, a las que tengo un cariño enorme y lo saben, y yo sé que es mutuo.. pero no os voy a nombrar porque voy muy mal de tiempo, y os dejaría a alguna atrás… Daros todas por incluidas en este texto, por reconocidas y admiradas… y queridas, porque os quiero mucho.

Y ahí sigue… Lucía sigue ahí, ya con Ana en casa, porque el cuerpo le dijo que había que parar, pero acompañada de sus leonas de siempre y de la nueva camada que viene mordiendo y pisando fuerte… Hay relevo, pero sabe que, aunque está cansada como no puede ser de otra manera después de toda una vida luchando, no es el momento de irse aún… Ahora anda enseñando, para poder irse, aunque nunca se irá del todo… Porque no sabe estarse quieta, como decimos por aquí… Baza le debe muchísimo a Lucía… Cientos de familias (entre usuarios y usuarias, y entre trabajadoras del servicio) le deben mucho a Lucía… Cientos de mujeres trabajadoras de Baza le deben mucho a Lucía, porque no hay nada que empodere más que tener un trabajo y condiciones de trabajo dignas…

Yo le debo mucho a Lucía, porque aunque nunca hemos estado “en los mismos sitios” hemos hablado muchas cosas a corazón sacado que yo no he hablado con nadie más, y que ella no ha hablado con nadie más. Baza le debe un mundo a Lucía… Porque necesitamos cientos de mujeres como ella para que nuestra ciudad pueda ser digna y prosperar.

Gracias Lucía… Por todo… Se te quiere…

¡Buena semana!