695. Furiosa primavera

Por Lola Fernández.

Tengo todas las calles para echar a correr, canta Mercedes Ferrer en una de sus canciones, y cuando recorro las de mi ciudad podría cambiar la letra por para echarme a temblar, tal es el estado de demasiadas de ellas. A poco que te fijes, hay asfaltos que parecen la piel arrugada de un elefante viejo, claro que al paquidermo le sirve como mecanismo de refrigeración, esencial para su supervivencia, pero las grietas de las calles sólo sirven para el desgaste de los neumáticos de los vehículos, y para transformarse en baches en cuanto llegan las lluvias. Sé que los políticos se pirran por salir en la foto, ocurriendo en ocasiones que la imagen les preocupa más que el evento, y, si hay constancia gráfica visual, lo primero que mirarán es si salen ellos y al lado de quién, siendo algunos expertos en la ubicación y colocación, convencidos de que si no se les ve es como si no hubieran estado. A todos les diría que se preocupen más por salir a la calle y hacer fotografías, y menos por su protagonismo personal; y si no cogen la cámara, al menos que observen con atención, porque lo que se ve por aquí y por allá no tiene desperdicio. La imagen que acompaña este artículo la hice al comprobar que no podía ir por la acera, puesto que se había convertido en toda una jungla, cuando iba a pasear por la vega; en ésta, curiosamente, en prácticamente todas las fincas están en estos días, de furiosa primavera, fumigando y cortando las malas hierbas que crecen entre el asfalto y las propiedades, con el evidente propósito de evitar que la maleza se apodere de lo que no le pertenece. Ya sabemos que la sabiduría del campo no se puede traducir al casco urbano, puesto que nada tienen que ver entre sí, pero el mantenimiento y el cuidado podrían ser fácilmente comparables, y con idéntico grado de exigencia.

Foto: Lola Fernández

Me pregunto por dónde caminan los responsables políticos del gobierno municipal de Baza, porque es imposible creer que no pisan una avenida como la del Mediterráneo, por citar a la protagonista de la fotografía de hoy. Por supuesto que si fuera un callejón tendría los mismos derechos que una avenida, no vayamos a inventar un clasismo urbanístico en función de la anchura y extensión de sus diferentes elementos, pero es que se supone que una avenida tiene una relevancia especial, y sus amplias aceras, sus farolas, sus bancos, los árboles que están ahí para crear zonas de sombra y cumplir importantes funciones que van mucho más allá de su belleza, requieren de esfuerzos que no pueden descuidarse en cuanto a conservación, limpieza, arreglo de desperfectos, etcétera. Hay que regar, que barrer, que vaciar papeleras, que arrancar de cuajo las malas hierbas que van naciendo donde menos se las espera, que mantener limpias las zonas de contenedores de basura y reciclados varios, porque si no se hace así, llega un momento en que da hasta asco salir a andar por la ciudad. Y no me sirve de nada que donde acaba, o donde empiece, según se mire, tal avenida, me colocaran un largo mástil con gran bandera nacional: sé que soy española sin que una enseña me lo recuerde, como sé también que el dinero municipal hay que gastarlo en cosas mucho más importantes, para que los vecinos podamos andar sin tener que bajarnos de las aceras, y coger los coches sin destrozar las ruedas, que para eso se pagan los impuestos de circulación. No estoy hablando de deseos y buenos propósitos, sino de exigencias ciudadanas y responsabilidad política de quienes han sido elegidos por todos como nuestros representantes, y no precisamente para que muestren su narcisismo posando en la foto de turno.