Por Lola Fernández.
Comparto la alegría general que a nivel internacional ha ocasionado la concesión a Patti Smith del Premio Princesa de Asturias 2026, porque se lo merece y le llega a una edad en que puede disfrutar del honor que le ha supuesto el que se le haya concedido. Esta mujer, compositora, música, cantante, escritora, fotógrafa, poeta, artista en una palabra, ha sido, y lo sigue siendo, un referente para mí desde que siendo aún adolescente la escuché cantar por la radio su Gloria, el tema que abría la cara A de su primer L.P., Horses. Aquel disco, en pleno apogeo del punk, supuso una convulsión por lo que ofrecía, poemas y electricidad, expresando la suma de un salvajismo indomable y un delicado lirismo que siempre la ha caracterizado. Recuerdo que los críticos se preguntaban, desconcertados ante un álbum que en nada se parecía a los de los primeros punkies, si era un espejismo o una genialidad, y el tiempo ha dejado muy claro que, de ilusión, nada de nada. Meses antes del lanzamiento internacional del Horses, que ha cumplido hace nada el 50 aniversario, me compré un libro de Luis Antonio de Villena, La revolución cultural (Desafío de una juventud). Era mayo del 75 y, gracias a él, conocí a Arthur Rimbaud, al que Villena definía como vate bohemio y marginado, signo de rebeldía. Sus poemas se niegan al molde de la sociedad burguesa. Apenas dejando atrás mis quince años, aquel poeta se convirtió en mi preferido, y la segunda vez que leí a alguien hablando de él fue, precisamente, cuando Patti Smith, que lo tiene como referente poético, contaba cómo lo había conocido por casualidad al comprar un libro en cuya portada estaba su foto, que ella confundió con la de su admirado Bob Dylan. Desde siempre ha habido en Patti una fusión de cultura, o contracultura, rebeldía y poesía, que ha impregnado toda su obra, musical y literaria. Para acercarse a ella y conocerla se pueden recorrer diversos caminos, a cuál más atractivo: libros, biografías, poemarios, y discos. Su obra musical la convirtió en una estrella de rock internacional, y, sin embargo, cuando estaba en el cénit de su carrera, después de 4 álbumes de éxito y varias giras por USA y Europa, no dudó un instante en retirarse, a finales de los años 70, para formar su familia, con Fred Sonic Smith, de MC5, con quien tuvo dos hijos que hoy la acompañan en sus conciertos: Jackson a la guitarra, y Jesse Paris al piano. No fue hasta mediados de los 90, cuando enviudó, que no volvió a retomar su carrera, animada por su amigo Bob Dylan para que superara su tristeza, y hasta hoy, añadiendo a su obra más discos, más libros, más poemarios, más arte, siempre con éxito entre sus seguidores y la crítica.

Vi por primera vez a Patti Smith en la sala La Riviera de Madrid, en julio del 96, en un concierto considerado mítico y de los más memorables de los muchos que ha realizado en España, país que le gusta especialmente y al que ha venido en frecuentes ocasiones, siguiendo a veces el rastro de sus escritores y poetas favoritos: es el caso del chileno Roberto Bolaños, que vivió bastantes años en Cataluña, y allí murió; o del poeta granadino Federico García Lorca. Fue precisamente en la Huerta de San Vicente, finca de verano de la familia de Federico, hoy Casa-Museo, donde en julio del 2008 tuve la oportunidad de escuchar en vivo a Patti Smith por segunda vez, desgranando sus canciones y poemas sin la habitual compañía de su grupo, sola con un guitarrista y ella misma a la guitarra, sin electricidad en esa ocasión. Volvería a disfrutar de la artista en el festival La Mar de Músicas, en Cartagena, en julio del 2010; siendo en septiembre del 2024 cuando la he podido ver por última vez, por ahora, en el Generalife, con el añadido de la magia de la Alhambra a la suya propia. Hasta que la artista estadounidense recoja en octubre, en Oviedo, el galardón obtenido, seguirá su activismo contra las injusticias y cualquier violación de los derechos humanos, dando la razón al jurado que se lo ha concedido y a sus motivos: por su impetuosa creatividad, que conecta el rock, la poesía simbolista y el espíritu de la contracultura con una gran potencia expresiva. Intérprete de estilo vigoroso, ha plasmado la rebeldía del individuo en la sociedad en canciones palpitantes, algunas de las cuales ya son iconos de la música popular de nuestro tiempo. Como escritora, ha transmitido una visión poética de la vida, comprometida con ofrecer un mensaje de esperanza frente a las injusticias. Con una actitud inconformista y transgresora, ejemplo para muchas artistas, ha conmovido a oyentes y lectores de todo el mundo y sigue inspirando a las nuevas generaciones.
