701. 19 años y 701 artículos para Por la Alameda

Entrevista de Ricardo Cañabate.

19 años, Lola… ¿¡¡¡19 años!!!?

En efecto, Ricardo, 19 años que han pasado no solamente por la sección, sino por todos nosotros, por ti, por mí misma, dejando su huella en todo lo escrito. Y en ellos, por resaltar algunos momentos o vivencias, así, a bote pronto, una profunda decepción tras mi paso por la política (quiero señalar que los primeros 4 años coincidieron con mi cargo de concejala de Presidencia y Comunicación en el Equipo de Gobierno socialista, de 2007 a 2011); el amargo sabor de la traición de algunas personas que se llamaron amigas sin serlo; el confinamiento en la pandemia por COVID; y, muy especialmente, la pérdida, en poco menos de dos años, de mi padre y de mi madre, algo que desdibujó todo lo demás, claro. Mucha vida, y mucho vivido, que sin duda se quedó prendido entre líneas, durante estas casi dos décadas, en Por la Alameda.

– ¿Por qué ese título? ¿Qué supone la Alameda para ti?

Foto: Archivo personal de Lola Fernández. (Clicar en la imagen para ampliarla)

Es ese lugar que puedo ver en fotografías con mi madre y sus hermanas y amigas, por ejemplo, cuando aún estaban solteras y el parque era también muy joven y su arboleda empezaba a despuntar. Donde me recuerdo jugando de niña, en pandilla de adolescente, paseando de mayor… Después de pasarme la vida de aquí para allá, es normal sentir a veces cierto desarraigo; pero la Alameda, y también Baza, estaban siempre ahí, eran, y son aún hoy en cierto modo, como un referente de estabilidad, de permanencia. Están en mi memoria, pero también en mi realidad actual, y son más que recuerdos, en contraste con lugares en los que viví y al regresar sólo eran ruinas (sic).

Me encanta la facilidad aparente de tus escritos, la perfección lingüística, esa expresividad que dice lo justo sin que falte ni sobre una palabra… tu vena de escritora de calidad ¿Y no escribes más? ¿No tienes entre “tus cosas” media docena de libros, por lo menos?

   Muchas gracias, yo también te quiero (risas). Escribo. Escribo prosa, poesía, empiezo muchas ideas, esbozos de novelas, de relatos cortos, ensayos… Pero, sobre todo, escribo en mi cabeza, como muchos escritores, esperando que llegue el día de sentarse y hacer realidad todo lo que bulle interiormente. No tengo perdón, pero es lo que hay.

Tenemos la fortuna de contar con una Lola que no necesita guías que encarrilen su sección, que no precisa aportes, que toca todos los palos del escribir… ¿Quién es esa Lola que cada semana sorprende y aporta?

Pues soy una mujer muy vitalista e intensa, no muy dada a los puntos medios: lo que me gusta, me gusta muchísimo; y lo que me desagrada, no me gusta nada de nada. Y creo que conmigo pasa un poco lo mismo: o gusto, o no gusto, no dejo indiferente; al menos esa es mi percepción. Puedo tocar muchos palos, sí, aunque nunca olvido que lo más importante para escribir es tener algo que decir, y expresarlo lo mejor posible. Y por supuesto, por mucha fluidez que se tenga, siempre hay que prepararse un artículo y, al menos yo, cuando lo estoy escribiendo mentalmente, consulto algunas dudas que puedan surgirme antes de materializarlo y compartirlo.

En un mundo en que es muy difícil encontrar COMPROMISO, llevas 701 semanas en 19 años… y no has fallado ni un día. ¿Cómo lo haces?

Bueno, siempre he sido muy responsable y nunca he soportado el hablar por hablar, tan común en tantos aspectos. Si me comprometo, cumplo; y este es el caso.

Eres una persona muy polivalente y son muchas las cosas que has realizado a lo largo de tu vida y te han imprimido cultura, manera de ser, fácil comunicación, buena imagen… ¿de dónde sale todo eso… y mucho más?

Muchas gracias, de nuevo. En primer lugar, he de agradecer a mis padres el que me dieran mucho amor y me respetaran en todo momento, cuidando de mí sin imponer un control que coartara mis deseos. Siempre me quisieron, me ayudaron y animaron a hacer lo que quería, con grandes dosis de paciencia a veces, no voy a negarlo, porque nunca he sido fácil de llevar. Una cosa era sagrada para ellos con respecto a sus seis hijos: estudiar, y la verdad es que llevo toda una vida haciéndolo (risas). También es importante el haber pasado mi vida de un lado para otro, lo que me ha llevado a huir de localismos y egocentrismos geográficos, por llamarlos de alguna manera. Me gusta el intercambio cultural y la tolerancia ante las cosas y las personas diferentes, porque siento que es mucho más enriquecedor que mirarse el ombligo y creer que lo nuestro es lo mejor.

No me digas las dos cosas, que te veo venir: ¿Música o viajar?

Te diga lo que te diga, serán las dos, porque al escuchar música, viajas; y cuando viajas, vas a escuchar música igualmente, ¿no? Pero te diré una: viajar, sin dudarlo ni un segundo.

¿Qué lugar no te cansarías de visitar nunca?

San Sebastián, Donostia… la llamen como la llamen, es una ciudad que me parece sencillamente preciosa. Viví con mis padres en Andoain, a muy pocos kilómetros, y tengo bonitos recuerdos de Donosti, con mis hermanas, con mi madre… He vuelto después varias veces, y sé que regresaré siempre que pueda.

¿Y mantienes en tu mente un viaje soñado?

Claro, por soñar que no quede: me encantaría algún día alquilar una villa en la Toscana, con un camino de acceso de cipreses, y esos campos verdes llenos de viñedos y olivos. Alquilar un Fiat 500, amarillo a ser posible, y recorrer la región conociendo las maravillosas ciudades de sus diez provincias, durante toda la primavera. El mar, las montañas, el arte… Si se quedara en un sueño, que no me despierten, por favor.

¿Te ves en una nave espacial/especial?  

   Si ya me cuesta viajar en avión, y suele rondar los 10 km. de altitud, no me veo, de ninguna manera, en una nave a miles de kilómetros de altura. Sólo pensarlo me da pavor.

Yo te veo también como una mujer “soñadora”, pero siempre con los pies sobre el suelo más firme ¿tienes algún sueño inalcanzable que seguro conseguirás, antes o después?

   Tú lo has dicho, siempre con los pies en el suelo. Puedo ser soñadora, pero nunca se me olvida la frase de Calderón de la Barca: y los sueños, sueños son…

Y puestos a soñar y a imaginar, ¿quiénes y qué son tus lectores? ¿qué “ves” cuando sabes que abren tu pantalla y les permites leer lo que dices?

Yo diferencio entre quienes creo que me quieren bien y me leen, quienes me quieren mal y aun así me leen, y quienes no me quieren, que supongo que no me leen. Más allá de esto, no me los imagino de ninguna manera, pero los siento presentes cuando escribo, de ahí que desde el primer artículo y en muchos de ellos use expresiones como: si ustedes gustan, convendrán conmigo; no sé ustedes, pero yo… No es exactamente que les permita leer, puesto que, a pesar de que escribir es un acto muy individual (no sé escribir si no estoy sola), escribo para ser leída y que se entienda lo que escribo; para que comprendan mi punto de vista, aunque no sea siempre compartido.

Y tú, ¿a quién lees?

Una pregunta que necesitaría mucho espacio: especialmente leo poesía, mucha poesía, de todos los tiempos, de muchos hombres y mujeres poetas. Me gusta la novela negra, Patricia Highsmith, por ejemplo, de la que estoy ahora con sus Diarios. Me encantan las biografías y los libros de arte: fotografía, pintura especialmente… No sé, siempre estoy leyendo, y, sin embargo, tengo un buen montón de libros nuevos esperando ser leídos, lo cual ocurre al final, invariablemente y sin falta; aunque no dudo en abandonar una obra, sea de quien sea, si no me atrapa en las cinco primeras páginas. Por citar a un escritor, siento debilidad por Juan José Millás; y, si alguien me ha preguntado que qué libro me llevaría a una isla desierta, he elegido un diccionario enciclopédico, porque con él no sólo no me aburriría, sino que, además, aprendería un montón de cosas nuevas.

Has vivido en muchos sitios, has conocido muchos lugares en tu vida cotidiana y de turisteo, pero ¿con cuál te quedarías?

Si pudiera elegir volver a vivir en alguna de las ciudades en las que ya viví, elegiría dos: Platja d’Aro, en Girona, en plena Costa Brava; y la gaditana Sanlúcar de Barrameda, en la Costa de la Luz. No tienen nada que ver entre sí, pero las dos me enamoran.

¿Mar o montaña?

   El mar, pero con la montaña o el bosque muy cerca de sus orillas.

¿Y Baza? ¿Qué es Baza para ti?

Un referente emocional que siempre me gustó, un antídoto contra el desarraigo; una ciudad a la que recuerdo llegar y sentir alegría en el corazón, esa excitación que muestran los críos cuando tienen sed y les ofreces un vaso de agua. Es curioso, porque, cuando comencé con la sección, expresaba más mi amor por Baza que pueda hacerlo ahora: es como si entonces, en los artículos de los primeros años, estuviera en la fase del enamoramiento, cuando no te cansas nunca de decir Te quiero; y, sin embargo, ahora estuviera en un momento más asentado, en el que tal vez quieres más, pero necesitas decirlo bastante menos. Me gusta mucho Baza, pero no puedo decir lo mismo de cómo la tratan, en muchos aspectos.

Y pasa la vida, Lola. Llevamos mucho, y bueno, en nuestra vida de internautas, pero ¿hasta cuándo aguantaremos?

Lo has vuelto a decir tú: aguantaremos. Por la Alameda es una sección de tu web, webdebaza.com, así que yo estaré aquí mientras tú lo estés. Como dicen los italianos, chi lo sa…

Lola, una vez más, te pones ante tus lectores, transparente y entregada, como siempre, así que mi última pregunta es pedirte que digas a todas esas personas tu mensaje final.

Muchas gracias por leerme, espero y deseo que lo sigan haciendo y que les guste lo que escribo. Ah, si alguna vez me ven y me conocen, o reconocen, y desean decirme algo sobre los artículos de mi sección, no duden en hacerlo, porque, como escritora, echo mucho de menos el feedback con mis lectores. Y muchas gracias a ti también, Ricardo, que sé que te encuentras entre quienes me quieren bien y me leen. Para mí es un placer escribir Por la Alameda, y he disfrutado, y espero seguir haciéndolo, con cada uno de sus artículos de opinión.