46. Dando vida al corazón de Las Cuevas: Silvestre Gallardo García

Por Juanra Gil van Gils.

Hay barrios donde el número de negocios, más aún si son negocios que pueden dinamizar a la comunidad, es muy escaso por diversas razones. El Barrio de Las Cuevas, sobre todo del inicio de calle Orégano hacia Francisco de Velasco, es uno de esos barrios con muy pocos establecimientos en uso. Tenemos los Congelados Pérez Marín, que dan a la calle “buena”, El taller de las Grúas, la carnicería Pérez Santillana, que regentan María Manuela y Manuel, de los que tendremos que hablar un día, y el Bar de la Plaza de Toros, el Carrero de siempre … Y precisamente en este espacio nos vamos a parar hoy, porque es sin lugar a dudas uno de los corazones y pulmones del barrio.

Silvestre Gallardo García regenta en la actualidad (desde hace unos añicos) este bar de nuestra ciudad, y en el concentra a la diversidad de personas que habitamos en el Barrio de Las Cuevas, desde los más pudientes a los más humildes, de los más pálidos a los más oscurillos, de los más católicos a los más morillos… Incluso de los más fachillas a los más rojillos, como Ramón Quirante, Lucía y yo mismo. Allí nos encontramos, compartimos, charlamos y nos ponemos al día de las cosas que nos afectan a todos y todas, porque el barrio es de todos y todas.

Hay que decir que Silvestre no hace todo esto solo. Sin Vicenta, su mujer, y sin Montse y Bea, sus hermanas, no podría tener abierto el bar todas las horas que lo hace día tras día. Ale, que es su hijo y “mi cuñao” también arrima el hombro cada vez que hace falta. Ahí aguantan las cosillas de cada uno de nosotros, y nos van reconduciendo como pueden. Desde ese lugar privilegiado que es para saber qué pasa en un sitio que es la parte interior de la barra de un bar, se preocupan de todo lo que pasa y que deja de pasar en el barrio, que por unas cosas o por otras, no son pocas.

Además de eso, toda la familia comparte vivienda con la Abuela y con sus tres hermanos que son seres de luz pero que necesitan su ayuda, atención y cuidados. Tuve la suerte de trabajar con los tres en la Asociación Prodiscapacitados Psíquicos Jabalcón y son unas personas estupendas, pero a las que hay que querer y atender de manera constante. Conforman, por lo tanto, una unidad familiar potente, en la que cuando no estamos ayudando en el bar lo hacemos en la casa, como una piña, sosteniéndose unos a otros para que todo vaya fluyendo de una manera que a veces resulta difícil de creer para los que los conocemos.

Personalmente no puedo olvidar y dejar de agradecer el apoyo que encontramos en ellos, y en todo el barrio, cuando la Karo (mi cuñá) se mudó a la calle Buenos Aires. Siempre atentos a lo que pudiera necesitar, buscando como darle lo que pedía cuando nos juntábamos en el bar, aguantando sus días malos, cuando venían, y disfrutando de los buenos, que también los había. Por no hablar del cariño con el que nos tratan a nosotros, o a los padres de Lucia y Karo, hemos encontrado ahí una familia extensa (esa gente que no es familia, pero es como si lo fueran) que no esperábamos, pero que enriquecen nuestra vida día a día.

Yo, que soy de visita diaria, a las 07.30 estoy todos los días allí para tomarme el café como un clavo. He encontrado allí un punto de referencia para esa hora a la que todavía no eres persona que no sé cómo agradecer. Cuando llego, Silver lleva allí ya una hora, hora y media según el día. Todo el barrio pasa por allí a tomarse el café antes de engancharse en el trabajo, a muchos no los veo porque se han ido antes de que llegue, pero si hay novedades Silvestre te pone al día rápido. Porque detecta con mucha facilidad cuándo alguien tiene problemas o lo está pasando mal… E intenta ayudar como puede siempre.

Además, en el bar, tiene un quiosco donde surte de golosinas a los más pequeños del barrio, y el ambiente que produce ese ir y venir de chiquillos y chiquillas por allí es uno de los puntos fuertes del barrio, si no dieran ellos ese servicio dónde comprarían sus chuches los críos y crías del barrio. Tenemos que dar las gracias por el día en el que Silvestre decidió bajarse del camión y montar el negocio en su barrio, por todo lo que nos da.

Cómo veis, haciendo algo teóricamente muy normal como es intentar buscarte la vida con trabajo y honradez, se pueden conseguir grandes beneficios para la comunidad en la que se reside, porque si nadie apuesta por intentar buscarse la vida en sus barrios, en muchas ocasiones esos barrios se mueren al carecer de servicios. No solo los vecinos y vecinas tienen que estar agradecidas por tener este negocio, porque esta familia apueste por buscarse la vida allí, todo el pueblo debe reconocer a las personas que hacen que sus barrios mejoren, sea el barrio que sea. Y el barrio es inmensamente mejor con Silvestre, y toda su familia, allí cuidando de nosotros.

Vaya mi agradecimiento sincero y profundo, Silver y compañía. No solo por lo mencionado anteriormente respecto al barrio, sino por todo lo que nos habéis dado tanto a mí como a la familia. Sé que puedo daros este agradecimiento también en nombre de Lucía, Pepe, Ana… y Karo, que también sabía cuánto nos dabais. Por muchos años más, y ganándose la vida, claro, en el Carrero. Se os quiere.

¡Buena semana!