707. Estercoleros

Por Lola Fernández.

Una paga sus impuestos municipales, como la tasa por recogida de basuras y residuos sólidos urbanos, y recicla habitualmente, cumpliendo con horarios y utilizando los diferentes contenedores, y la verdad es que nunca vi tanto abandono en el lugar que éstos ocupan. Con frecuencia no queda otra que dejar las bolsas fuera, pues los recipientes rebosan, quedando siempre en compañía de los más variopintos enseres inútiles dejados allí ni se sabe desde ni hasta cuándo. Lo único positivo es que no los tengo cerca y he de dar un paseo hasta llegar al lugar, estercolero le podría llamar; pero supongo que el malestar de quienes los tienen cerca será mayúsculo. Desde aquí apremio al Ayuntamiento a que vele por la limpieza de nuestra muy querida y leal ciudad, que no sólo de festejos y demás divertimentos vivimos sus vecinos, que para abandonar residuos y enseres varios ya tenemos el Punto Limpio. Sin embargo, hoy quiero hablar de otro tipo de suciedad, la democrática, porque apesta ver a los cachorros del fascismo rezumando odio contra otro tipo de juventud muy distinta, afortunadamente. Es curioso que los resultados del último Informe PISA nos hayan permitido saber que los españoles de 15 años han obtenido la peor puntuación histórica en Lectura, Matemáticas y Ciencia, por debajo de la media europea en las tres materias. Vaya, vaya, aparte de curioso es espantoso, desde luego, pero estoy segura de que en TikTok, esos chicos y chicas de tan mediocre educación cultural puntuarían con sobresaliente, como en cualquier área que no sirva para nada y se aleje del fomento de la diversidad y el desarrollo del pensamiento crítico.

Foto: Lola Fernández (Clicar en la imagen para ampliarla)

Diferentes estilos, eso está claro: De una parte, los jovencitos fascistas con pinta de perros rabiosos, espumando aversión y aborrecimiento, como avanzadilla del grupo más preocupante, los fascistas con solera y pedigrí; y de otra, una juventud preparada, que estudia o trabaja, cuando no ambas cosas, y que son capaces de sacrificar su comodidad y vivir el trastorno de una acampada, con tal de luchar por los derechos sociales y laborales de todos, incluidos los que los odian por algo tan poco delictivo y condenable como es la generosidad democrática. He dicho que diferentes estilos, pero tal vez sería mucho más correcto decir que elegancia y distinción frente a vulgaridad y ordinariez. Lo triste es que esta pandilla de impresentables chorizos, que enarbolan banderas preconstitucionales y añoran dictaduras tan cruentas como la franquista, da miedo y preocupa, haciéndonos sentir lo incomprensible que es que no sepa que con Franco ellos no hubieran podido expresar su descontento contra el régimen, mientras que está claro que actualmente tienen la libertad de expresión que les reconoce una constitución demócrata, por más que se emperren, nunca mejor dicho, en denominar a Pedro Sánchez como dictador, e insultarle sin conseguir otra cosa que retratar su falta de educación y su deplorable condición de ignorantes, incultos y groseros al máximo nivel. Esta gentuza preocupa y da miedo, porque detrás hay un poder que la apoya, empezando por sus mismas familias, pero está en nuestras manos, y en nuestros votos, acabar de una vez con avanzadillas y grupos que esperan para sumarse. Es tan sencillo como hacer que sus mensajes de odio acaben en los estercoleros, que es donde ha de morirse del asco cualquier expresión de totalitarismo, autoritarismo y demás caras, siempre feas, de la dictadura y el nazismo. Y mientras, que en vez de a ladrar, empiecen a coger libros y aprendan a leer y las cuatro operaciones básicas, y se dejen de tanto narcisismo inútil como hay por esas redes sociales abandonadas de la mano de la cultura y la educación.