708. Desamparados

Por Lola Fernández.

Quien más, quien menos, seguramente todos sabemos de esos avisos importantes remitidos por la Guardia Civil para prevenirnos sobre prácticas fraudulentas, a cuál más imaginativa. Una se para a pensar que estos delincuentes son bastante inteligentes, con un dominio del software que les permitiría acceder a importantes puestos laborales muy bien remunerados, para acabar concluyendo que ese es precisamente su trabajo: delinquir y robarnos sin contemplaciones, a nosotros, pobres desamparados en un mundo de sofisticados medios de los que no siempre podemos escapar, por mucho que nos prevengan. Vishing, spoofing, phishing, malvertising, scareware, ransomware y más palabros por el estilo, que no son más que engaños y manipulaciones que nos llegan por tierra, mar y aire: SMS, suplantaciones, alertas falsas, alteraciones, falsificaciones, chantajes, exigencia de pagos de rescate…; hasta la misma entidad o el propio organismo que tratan de avisarnos pueden ser una mentira más con un perfecto camuflaje. No tiene nada de raro, pues, que nos sintamos desvalidos e indefensos ante tanto intento de atraco para el que no tienes ni que salir de casa: estando en ella eres víctima de llamadas telefónicas, correos electrónicos y demás modos de llegar a ti maliciosamente, incluyendo que llamen a tu puerta pertrechados de falsas identificaciones y con creíbles excusas para engañarte y robarte.

Foto: Lola Fernández

Nos movemos en un mundo muy difícil, que a veces se asemeja a un mar revuelto en el que nos esforzamos por mantenernos a flote, más que nadar y avanzar. Entre fraudes, hackeos, virus informáticos que te manipulan psicológicamente para que tú mismo infectes tus dispositivos y facilites los datos que precisan, etcétera, acabamos impregnados de desconfianza. De hecho, entre las medidas recomendadas para protegernos, a nosotros y a nuestros dispositivos, atajando brechas de seguridad, está la de adoptar una postura de cero confianza, que nos haga ignorar o colgar cualquier llamada sospechosa. Y ahí entra algo tan negativo en las relaciones sociales como es dudar de la honestidad, de la verdad y de las intenciones ajenas, sean de personas, instituciones o grupos; porque al final, igual terminamos todos recelando de todo, en un ambiente de temor y sospechas generalizadas, lo cual se me antoja bastante desalentador, qué quieren que les diga. Como añadido, junto a este extenso conjunto de mentiras reales, las falsas verdades, muy propias de estos tiempos de precampaña electoral, en los que uno dice una cosa un día, y la contraria el siguiente. Y lo peor es que cuando se les escapa una verdad, negativa para muchos de los que hemos de votar, los hay que no se la creen, y la transforman para hacerla positiva, con lo cual se acaba el problema. Sería muy buena solución, si no fuera porque al engaño ajeno le estamos sumando el autoengaño; y hay que ser tontísimo para regalarnos a nosotros mismos un plus de falsedad. A ver si vamos a tener que echar mano de talismanes, amuletos y otros símbolos que nos transmitan seguridad y nos hagan sentir que funcionan como repelentes de todo lo malo y de las energías negativas que nos rodean y amenazan, como puede ser el ojo turco o nazar que se suele colocar sobre los dinteles de las puertas, considerado tradicionalmente una eficaz protección contra el mal de ojo. No son raras la superchería y las creencias irracionales buscando verdades en entornos de hostilidad, de ahí que florezcan y triunfen los populismos en épocas de crisis; así que mucho cuidado y estén atentos a discursos políticos que prometen el oro y el moro, porque son tan válidos como los fetiches, y después de todo sólo quedará comprobar que son un fraude más, de los muchos que nos rodean.