Por Lola Fernández.
Nunca va a dejar de sorprenderme la capacidad de inventiva de ciertos políticos, que, lejos de una vertiente positiva, como la que podemos encontrar, por ejemplo, en el escritor del momento, David Uclés, con el realismo mágico de sus libros, especialmente recomendables La península de las casas vacías y La ciudad de las luces muertas, se circunscribe al aspecto más negativo de la imaginación, ese que se mueve entre la mentira y el puro invento. Y no me quiero ir por los cerros de Úbeda, precisamente la ciudad natal del autor en cuestión, sino que me refiero muy en concreto al consejero de Sanidad, Presidencia y Emergencias, Antonio Sanz, y su informe en comisión parlamentaria sobre el Hospital de Baza. Ocurre con él exactamente lo mismo que con el presidente de la Junta de Andalucía, Moreno Bonilla, que no se cansa de afirmar que el sistema sanitario andaluz funciona mejor que nunca, mientras oposición y sindicatos denuncian que, pese a contar con muchos más recursos que anteriormente, está destrozando la sanidad pública, atacando algo tan esencial como es la igualdad de acceso a la atención médica en Andalucía. Da el consejero unos datos que, de ser ciertos, ya denotarían un abandono de nuestro Hospital, porque las cifras de incrementos y de ampliación hay que relativizarlas por los años que lleva en funcionamiento, quedándose en nada, la tónica destinada a nuestra tierra, una nada curiosamente siempre amplificada desde la capital de nuestra comunidad; lo que deja, una vez más, en evidencia, la aparentemente insalvable distancia entre Sevilla y Granada, no digamos ya Baza.

A ver, mucho más allá de los datos reales, los que no se cansan de dar los sindicatos del ramo, ampliamente reflejados igualmente en el Noticiario de esta web, está nuestra propia experiencia como usuarios. Lo primero y primordial son esas listas de espera, que cantan, y contra las que se estrella la desfachatez de los responsables políticos. A veces no es posible esperar tanto como nos obligan a hacerlo, convertida en práctica habitual la reclamación, tras meses de desesperar, a la que sigue una carta con acuse de recibo que avisa de otro periodo de espera. La sanidad pública no es exactamente gratuita, la financiamos entre todos, y por ello hay que exigir una impecable y rápida atención médica; porque lo contrario es robarnos, a lo que hay que añadir el atraco que supone verse en la obligación de tener que pagar operaciones o pruebas privadas cuando la gravedad o la urgencia lo hacen absolutamente imprescindible. Nadie quiere nada que no le corresponda, y lo que menos necesitamos son patrañas, que lo que no es verdad no lo va a ser, por mucho que se tenga la caradura y la desvergüenza de repetir e inventar milongas tratando de encubrir una mala gestión, cuando no una corrupción, actualmente investigada, en lo relativo a contratos de emergencia y a la adjudicación directa de servicios a la sanidad privada. Faltan camas, personal, unidades, especialistas, investigadores, medios…, y sobra vender como nuevas cosas que siempre ha habido, por lo que no suponen mejora alguna. No se puede afirmar que ya no hay que ir a la capital, y doy fe, como usuaria, de que no sólo he tenido que trasladarme a Granada, sino también a Guadix, para unas simples pruebas respiratorias. A veces, en la misma consulta, el especialista se ha quejado de ser sólo uno, cuando antes eran cuatro; como médicos y médicas que han llegado a trabajar al Hospital, han salido huyendo en cuanto han podido, por las difíciles condiciones de trabajo que se han encontrado. Así que no es verdad que el Hospital de Baza esté siendo reforzado, porque es más que evidente todo lo contrario, y ocurre a la vista de todos los bastetanos y del resto de la ciudadanía que, procedente de la comarca, lo visitan: a nuestro Hospital lo están desmantelando paulatinamente, lentos, pero sin pausa, con un descaro y un cinismo que se unen al coro de las listas de espera a la hora de dar el cante. Eso sin olvidar que la situación de la Atención Primaria no es, por desgracia, mucho mejor, y ahí están los sindicatos denunciando la falta de recursos y la preocupante desprotección.
