Por Juanra Gil van Gils.
Como os conté ya el primer día, uno de los objetivos que me marqué cuando decidí comenzar esta aventura de la mano de Ricardo Cañabate era el poner el foco y reconocer la labor de aquellas personas que hacen Baza a diario pero que no suelen recibir atención ni reconocimiento público por parte de quienes tienen esa capacidad de amplificar dichas atenciones. Hoy vuelvo a ello, pero no os voy a hablar de nadie concreto, más bien creo que cada uno y cada una de los que leáis estas líneas pondrá nombres y apellidos distintos a lo que está leyendo, y le vendrá solo… sin tener que pensar apenas.
La Navidad es un concepto abstracto, que nos evoca a familia, abrazos, gambas y regalos… Pero que evidentemente no se hace sola… La hacen personas que dedican muchas horas a encargarse de que todo eso, familia, abrazos, gambas y regalos sea posible… Y a esas personas, a esas mujeres (en el 90 y muchísimo por ciento de los casos) quiero dedicar este artículo. Las mujeres de nuestras vidas construyen la Navidad. Se encargan de que todo esté a punto, de que no falte ni nada ni nadie. Todo gira en torno a ellas no en esta semana o las que vienen, es así siempre, pero desde el 1 de diciembre ese papel central toma aún más peso porque ellas están ya preparándolo todo desde entonces.
No debería ser así, debería ser tarea de todos y todas… Pero ellas son las que saben que si encargan la merluza o el cordero a principios de diciembre va a salir bastante más económico, las que conocen las recetas, sus ingredientes, las que se toman el tiempo de escribir las cartas a Papa Noel y a los Reyes Magos, las que saben qué talla gastamos todos, qué nos gusta y que no nos gusta… ¡Faltaba solo el invento del elfo navideño travieso para que no quede ni un segundo libre! … Ellas, sus cuidados, son los que hacen posible la Navidad.
Evidentemente, antes de que algún ofendidito salte, también hay hombres que lo hacen, pero son la excepción, y no es la idea centrarnos en la excepción, sino agradecer a quiénes siempre están al frente del barco lo que hacen por todos nosotros y nosotras. De la excepción ya hablarán otros. Convendremos en que nosotros, por lo general, ocupamos un espacio menor en todas estas tareas… Orgullosamente “ayudamos”, “acompañamos” y este tipo de cosas, pero no encabezamos ni somos los que garantizamos que todo llegue a buen puerto. Presumimos con avaricia de lo buenas que nos salen las gambas, mientras nuestras compañeras han hecho canapés, plato principal, y postre durante horas… Pero qué ricas que nos han salido las gambas…
Y es que no tenemos apaño. Yo el primero, que conste que no ando poniéndome medallas que en absoluto me merezco. Tenemos que hacer un esfuerzo por meternos en la cabeza que no tenemos que ayudar, ni que acompañar, que los cuidados y la organización del hogar y de estas tareas extraordinarias son tan obligación nuestra como de ellas… Y, lo digo en primera persona, eso no es fácil, porque, en el fondo, supone perder un privilegio “autoimpuesto” e impuesto por siglos de patriarcado que es magnífico, encontrarte las cosas hechas y disfrutarlas… Pero no es justo, y si rebuscamos en el fondo de nosotros mismos, lo sabemos.
Vale, no vamos a cambiar de un día para otro… pero y ¿si aprovechamos estos días para empezar? ¿Y si les damos las gracias por tantos años de cuidados a nuestras madres, parejas, hermanas, hijas… remangándonos e intentando ir casi a la par de ellas? Ya a la par es imposible, porque empezaron en enero… Pero en algún momento hay que empezar, y sería una bonita manera de reconocerlas.
Sin cuidados no hay Navidad. Las cosas no se hacen solas… y tenemos que empezar a hacer mucho más de lo que hacemos si no queremos encontrarnos un año de estos (o un día de estos porque la dinámica es la misma todo el año) con una huelga de brazos caídos y se pare todo. Hoy aquí quiero daros las gracias a todas las mujeres que hacéis posible la Navidad. Las mías, y las de todos los demás. Sin vosotras estas fiestas no existirían… Gracias… y… ¡apretarle un poco a los mozos que se pongan las pilas!
Por último también quería dar las gracias a todos y todas esas emisarias de Papá Noel y de los Reyes Magos que voluntariamente se prestan a echar una mano llevando la magia de estas fechas a las guarderías, coles, asociaciones, residencias, unidades de día y casas para que dicha magia llegue a todas las personas. Porque todos y todas necesitamos un poco de magia en estas fechas, y os aseguro que encarnar a estos seres mágicos es muy bonito, pero también engorroso porque no van vestidos en chándal. A mí me tocó el privilegio hace dos años, y algún año de estos repetiré porque siempre estoy disponible para lo que me pidan Pepín Noel y los Reyes Magos… Gracias a todos y todas por echarles una mano y llevar la magia y la ilusión a tantísimas personas.
¡Buena semana!
