689. No a la guerra

Por Lola Fernández.

De repente, como si de una pesadilla se tratara, los noticiarios vuelven a convertirse, principalmente, en partes de guerra y en un insufrible conteo de víctimas: por el interesado capricho del genocida Netanyahu y su cómplice de correrías bélicas, Trump el tarado, se vuelve a jugar con la estabilidad económica y la paz mundiales, sin el más mínimo apoyo en la legalidad internacional, y saltándose a la torera cualquier tipo de control de los establecidos para que no impere en nuestro mundo la ley de la selva. Curiosamente, una vez más, estos dos dirigentes, que pasarán a la Historia por sus fechorías más que por cualquier otra cosa, se vuelven a encontrar con el petróleo en los campos de batalla, cuidadosamente elegidos con premeditación y alevosía. Si contra Irak se habló de falsas armas de destrucción masiva, contra Irán no se han tomado ni la molestia de cambiar de excusa, siendo lo único coincidente la mentira. Si nos asqueaba Sadam Husein al frente de Irak, igualmente nos repugnan los ayatolás de turno en Irán, pero eso no es motivo para ninguna guerra ilegal que viole la Carta de las Naciones Unidas; toda guerra me parece inmoral e injusta, pero las hay que en un momento dado pueden proceder, por contar con la autorización del Consejo de Seguridad o por ser en legítima defensa. No es el caso, porque aquí Israel Y EE.UU. han atacado Irán sin más, y ésta ha devuelto sin titubear los ataques a los Estados árabes en el golfo Pérsico, que intentaron en vano que los iraníes no fuera el blanco de israelíes y estadounidenses, y ahora ven sus propios territorios bajo el fuego. A todo ello, Putin avisa que este caos en Irán y Oriente Medio es la antesala para una tercera guerra mundial; ante esto, por supuesto que hay que estar por el no a la guerra, y es falsear la realidad culpar de las nefastas consecuencias económicas, que pagarán nuestros bolsillos, a cualquier otro que no sea Trump y Netanyahu. No se puede estar con los matones, por muy malos que puedan ser los impunemente acosados, y hay muchos más medios antes que abrir fuego y matar cientos y miles de víctimas civiles inocentes, que padecen también el horror de regímenes totalitarios; para eso están el derecho internacional y las instancias y organizaciones intergubernamentales de ámbito universal por la paz y los derechos humanos, así como las mesas de diálogo y la diplomacia mundial contra los conflictos interestatales.

Foto Lola Fernández

Subirán la gasolina, el gas, la luz, y todo subirá, que ya se sabe cómo las lógicas subidas sirven en España para las injustificadas, y después, cuando se trata de poner tope a estos incrementos asociados (me basta recordar cómo subieron todos los medios de transporte tras el accidente ferroviario de Adamuz, por poner un ejemplo), la oposición política vota en contra, porque las medidas y ayudas del llamado escudo social van unidas en batería, como si eso les hiciera perder eficacia a la hora de su aplicación. Son así de irresponsables las derechas y la ultraderecha de nuestro país, que después justifican todo con los insultos acostumbrados al Gobierno, y pare usted de contar. Pero, precisamente por contar con este Gobierno progresista que en términos económicos es un referente en toda la Europa comunitaria, yo me siento aliviada en los momentos difíciles que nos toca vivir; pienso en la pandemia, en la posterior crisis, en los problemas y carestías asociados a hechos internacionales a los que somos ajenos, pero hemos de costear, como la guerra de Ucrania, y sólo puedo sentirme agradecida porque no nos gobiernen  partidos ineptos sin programa alguno y nulos en la gestión de todo tipo, que sólo hablan de destruir lo creado y acabar con los derechos que tanto costó conseguir históricamente. Tengo muy claro en qué lado de la Historia estar, y, desde luego, no quiero que España ayude a matar, ni que financie el sonido de los tambores de guerra; prefiero, con mucho, disfrutar de la paz y de las flores, antes que ser cómplice del terror de las bombas.