Pregonero: Pedro José Carrión Encinas.
Teatro Dengra, domingo 22 de marzo de 2026.
ROMANCE A BAZA Y SU SEMANA SANTA
Demos gracias a Dios que nos dio todo
y a ti Baza, todo lo mejor que pudo darte.
El mismo cielo lo hizo Dios en el principio
y la tierra separada de los mares
y la luz de las tinieblas, día y noche
y además hizo nacer los vegetales
y la luna, el sol y las estrellas
y este mundo fue dotado de animales.
Mujer y hombre hizo Dios a semejanza
con su barro de alfarero incomparable.
Y vio Dios que era todo bueno:
había hecho la creación inigualable.
Dios te dio la encrucijada de caminos
y una sierra con valiosos minerales;
te dio una comarca bien extensa
y te dio el privilegio de tu enclave
y te dio una historia que se pierde
en lo más hondo y profundo en los anales.
Habitaron este sitio desde antaño
otros pueblos que tus tierras cultivasen:
los íberos con la Dama y visigodos
y romanos, judíos y musulmanes.
Y María dijo sí, siempre María
al anuncio que de Dios le llevó el ángel
y mandó Dios a Su Hijo a nuestro mundo
y puso a cero el calendario que estrenase
y dejando que en la cruz muriera el Verbo
al tercer día, quiso Dios resucitarle.
Y te dio San Tesifón primer obispo,
discípulo de Santiago que llegase
con su silla episcopal, anillo y templo
contado en las primeras catedrales.
Fue después concatedral y colegiata
y abadía con cabildo y sus abades;
su anillo y tu nombre mantuvieron
incluso Basti, en la ocupación almohade.
Y te dio frondosas piezas junto al río
y llanuras con sus fértiles trigales;
floreciendo entre espigas, amapolas
que se funden como el vino de su sangre.
Y te dio pan cada día que alimenta
cuerpo y alma de nuestros cuerpos mortales.
Te dio el agua que desborda su costado
y que remansa en tus grandiosos manantiales:
San Juan, Alcrebite y Siete Fuentes
son la vida que discurre en los caudales
de la nieve que se funde silenciosa
en la cima de la sierra y sus calares.
y Caz Mayor, para el agua que hasta el centro
lleva el agua de la vida a tus hogares
y va regando tus huertas y jardines
bordeados por almendros y olivares.
Y te dio las acequias y molinos
y dos baños que pudieron conservarse.
Y te dio crudos inviernos con sus fríos
y las cuevas con su hogar para abrigarte.
Dios te dio por castillo la Alcazaba
y la Atalaya en el ocaso de la tarde,
luz dorada coloreando tus fachadas
y adornando tu horizonte con celajes.
Y pensando lo que pudo haberte dado,
rebuscando lo mejor que poder darte,
Dios te dio tus iglesias con sus torres
y te dio a tus gentes tan cabales.
Decidió que hasta aquí los mismos reyes,
católicas e ínclitas majestades
en tu “sitio” concentraran sus esfuerzos;
aquí llegaron para al fin poder ganarte
y a tus plantas acamparon con sus hombres
y cuatro bombardas quedan en los soportales.
La reina puso su mayor empeño
y sus joyas por la causa empeñase
e Isabel sin más violencia consiguiera,
Cid Hiaya y el Zagal dieran tus llaves
terminando al fin tu cerco de ocho meses
y la plaza de Granada se acercase
y la cruz llegara a los palacios
de la Alhambra decorados con encajes.
Isabel y Fernando tanto monta,
monta tanto y sus sequitos reales
entraron por la puerta del Jesús
a la Plaza Mayor con su estandarte.
Allí reunida la ciudad por Santa Bárbara,
todo el pueblo, desde ancianos a zagales
jalearon la presencia de los reyes
acatando la ciudad su vasallaje
y antes que sonaran las fanfarrias
a ti Baza, dispusieron preguntarte:
y ¡Baza que¡ tres veces te gritaron
y ¡qué!, tres veces Baza contestaste.
Y el pendón que se conserva en tus tesoros
ondeó ya para siempre en estos lares.
Y Dios te dio una novena de conventos
y recompuso tus murallas con adarves
con sus puertas que guardaban tus vecinos,
con almenas y sus torres vigilantes.
Dios te dio nobles casas y palacios
y le dio a la ciudad sus arrabales;
-las mezquitas pasaron a ser iglesias-
y a los Enríquez y los Luna y su linaje.
Construyendo aquella ermita, en los cimientos
quiso Dios que apareciera una imagen
de la Virgen que con un golpe en la cara
¡Piedad, Tened Piedad! exclamase.
Y ya limpiando cuidadosos con las manos
de la tierra nace un Sol tan deslumbrante
que el obrero accitano que la encuentra
a su casa desde aquí quería llevarse.
Y desde entonces lo intentara cada año
Cascamorras con su fe inquebrantable,
mas al llegar a Las Arrodeas por septiembre
Baza entera está esperando por mancharle.
Demos gracias a Dios porque a ti Baza
te dio todo lo mejor que pudo darte:
Entre todos los que habitan estas tierras
ha escogido el mismo Dios a sus cofrades
y quiso Dios que Baza en nuestros días
tenga siete dolorosas maternales,
siete llantos y coronas de una frente
que son siete corazones con puñales:
Santa Cruz, Soledad y Esperanza,
siete nombres dolorosos de su madre
y Dolores y Silencio y Rocío
y Victoria de la muerte al despertarse.
Y la Paz repartirá con los hosannas
y las palmas del domingo por la tarde.
Y aun sabiendo que sería traicionado
aceptó el cáliz mismo de su sangre
y el Maestro y Los Dolores más pequeños
y en Santiago se nos muestra en su Rescate.
Misericordia, Amor y de los Méndez
son tres nombres y una cruz para clavarle
con tres clavos en la cruz donde se duerme
y al tercer día, resucita despertándose.
Descendimiento el Viernes Santo en la mañana
y está Yacente en la Merced la misma tarde.
Y Dios se hace Nazareno bastetano
y camina sobre el agua por tus calles.
Quiso Dios para Baza en su grandeza
y no encontrando algo mejor que poder darte,
recayó en lo que por suerte ya tenías:
¡te había dado en la Piedad a su misma madre!

SALUTACIÓN
Excmo. y Rvdmo. Sr. D. Francisco Jesús Orozco, nuestro obispo.
Sr. Alcalde de la muy noble, muy leal y excelentísima Ciudad de Baza. Miembros de la corporación municipal.
M. Il. Sr. D. Manuel Millán, párroco de La Mayor, Canciller-Secretario General del obispado y Consiliario de la Federación de Cofradías.
Señora presidenta y miembros de la Junta Permanente de la Federación de Hermandades y Cofradías de Baza.
Ilma. Sra. delegada territorial en Granada, de Desarrollo Educativo.
Ilmo. Sr. Diputado Provincial de Centros Sociales, Mayores y Juventud
Ilmo. Sr. D. José Francisco Serrano, Vicario General y Moderador de Curia.
Rvdos. Sres D. Pablo Rodríguez y D. Sergio Villaba, párrocos de San Juan y de Santiago de Baza.
Rvdos Sres. Vicarios parroquiales bastetanos
Rvdos. Sres D. Cristo Acién y D. José Antonio Rodríguez, párrocos de Tíjola y de Serón.
Estimado seminarista D. Antonio Manuel
Sres Alcaldes de Serón y Lúcar. Señoras y señores concejales.
Pregoneras y pregoneros que habéis sido y que lo sois.
Hermanos mayores y juntas de gobierno de hermandades de penitencia y de gloria de Baza.
Hermanos mayores y juntas de gobierno de la Virgen del Socorro Patrona de Tíjola, Cristo del Amor y Nazareno y Dolores de Tïjola.
Mayordomía y juntas de gobierno de la Virgen de los Dolores, San Juan, Dulce Nombre de Jesús y Santa Cruz de Serón
Hermana Mayor y compañeros de la junta de gobierno del Nazareno y la Virgen de la Victoria.
Sra. Presidenta de Cáritas Interparroquial.
Sr. Presidente de la banda de Nuestro Padre Jesús Nazareno.
Sr. Presidente y miembros de COBAF. Fotógrafos y aficionados.
Sr. Presidente de la Asociación Multicultural Cascamorras.
Familiares, cofrades y nazarenos: amigos todos.
LA CUARESMA
Cada Cuaresma, Baza busca los labios de un heraldo que anuncie su Semana Santa. ¡Qué inmenso desafío el mío! Narrar una pasión eterna, un relato cuyo desenlace habita en nuestros corazones y pronunciarlo precisamente ante quienes son sus verdaderos guardianes y testigos.
Desde este atril, consciente de que la generosidad de esta ciudad no conoce límites para conmigo, este humilde pregonero intentará abrazar a la Baza cofrade con lo sagrado, para acercarlo hasta el suelo bastetano donde habitan las lágrimas, los anhelos y las verdades de la vida.
Gracias Carmen. Es tu afecto el que me ha traído hoy hasta este atril y, por eso, no podía ser otra persona sino tú. Esa amistad nazarena es la que ha hecho que tus palabras desborden la pequeña arca de mis bondades, llenándola de un cariño que me ayuda para afrontar esta bendita responsabilidad; una tarea que, seguramente, excede mis merecimientos.
Y ese cariño que es mutuo, lo hago hoy extensivo a todos vosotros: hermanos y cofrades. Gracias por vuestra acogida, por abrirme de par en par las puertas de vuestras devociones y por permitirme compartir este rincón de mi alma. También a los compañeros fotógrafos, que buscan en Semana Santa ese instante preciso en el que se para el tiempo y cada captura se convierte en un pregón sin palabras.
Bien sabéis que mi sangre no es bastetana, aunque lo sea la de mis hijos, pero vuestro calor sincero, vuestra mano tendida, han logrado que jamás me haya sentido un extraño entre vosotros.
Muchas gracias por el apoyo recibido estos últimos meses y sobre todo, por el regalo que —quizás sin saberlo— me habéis hecho durante estos veintisiete años. Por eso deseo que este pregón que ya es vuestro, sirva para transmitiros mi gratitud y además el reconocimiento a ese trabajo desinteresado y tan poco valorado, que constantemente regaláis a esta bendita ciudad.
Espero que mis palabras sean capaces de proyectar mi cariño a cada uno de los titulares y a todas las hermandades y cofradías de nuestra Semana Santa y de Baza. Desde lo más profundo del corazón, mi más sincero agradecimiento a todos y por tanto.
Y suplicando la caricia de las sagradas manos del bendito Nazareno, el calor de su abrazo a la cruz y el cobijo del manto de María, invoco su luz para este cometido.
Pido su guía en el trance de ensalzar la gloria del Altísimo y la pureza de su Madre en la Victoria, mi Auxilio y mi Socorro. Ella nos regala su claridad incluso cuando no somos capaces de verla; porque María es la luna que refleja la luz de Dios, que es nuestro único Sol.
Que no sean mis palabras las que resuenen esta tarde sino el eco de una oración que me desborda.
Y lo hago rendido a las plantas de la Santísima Virgen de la Piedad, donde deposito mis miedos y mis anhelos, suplicando que desate mi corazón y abra mis torpes labios.
Cerca de Ella, como lo están de antaño los angelillos que custodian y sostienen su peana en el camarín -esa bendita puerta del cielo– están también hoy los ángeles que siempre, y de manera especial, nos acompañan.
Ellos se acercan a la cruz y también la abrazan; se aferran a ella como la hiedra, en una entrega de amor profundo hacia Dios. Son los mismos ángeles que vio la Magdalena antes de reconocer al Resucitado a las puertas del sepulcro.
Ojalá que podamos algún día repetir sus palabras: “he visto al Señor”.
PATRIMONIO BASTETANO. LO PERDIDO Y OLVIDADO
Quisiera comenzar con una breve reflexión sobre el escaso mimo que durante siglos, ha recibido el patrimonio y el celo de la rica historia de Baza. Todo aquello que decía recibimos de manos de Dios, el hombre en su descuido, lo ha ido dejando perder hasta el olvido.
Cabe preguntarnos qué fue de aquellos nueve faros de fe y arte que en Baza superaban en número incluso a ciudades vecinas como Almería. De esa Baza conventual —baluarte de potencia espiritual, artística y cofrade— solo nos restan las sombras. No lamentamos únicamente la pérdida de sillares, joyas, imágenes o lienzos; lo que verdaderamente hemos perdido es la esencia de un pasado esplendoroso que no se pudo, o no se supo proteger.
Pero la historia no habita solo en los libros; vive en nuestros cimientos y se hace visible en la piel castigada de nuestras calles, marcadas por el zarpazo de la invasión francesa, la puntilla de las desamortizaciones y el silencio cómplice ante el deterioro. Lloro por el expolio de los yacimientos prehistóricos, por nuestra Alcazaba herida y por la muralla mutilada con sus puertas y arcos desaparecidos. También por los privilegios de la iglesia bastetana y de la Iglesia Mayor con sus dignidades. Entre todo, tesoros que nos pertenecían y que se desvanecieron entre el humo de las guerras, los intereses y el olvido de los hombres.
Sin embargo, aún destellan fragmentos de una gloria que se resiste a desvanecerse. Datos que conforman el pasado de nuestras hermandades, como aquel Calvario de mármol de la Alameda que un particular robaba para su casa y que guarda secretos aún por descifrar.
Debemos recordar que nuestra historia cofrade es tan rica como desconocida: si bien la mayoría de las hermandades buscaban el cobijo de los claustros, ya a finales del siglo XVI, la hermandad de San Ginés y Santiago —el Apóstol—rezaba en su parroquia, y a mediados del XVIII, la hermandad de la Santa Cruz se unía a los cultos cuaresmales de la Colegial junto a la congregación de los Dolores.
¡Qué estampa debía verse en aquellas funciones del Viernes de Dolores en el templo del Silencio de Nuestra Señora!, donde los antiguos estatutos mandaban encender no menos de cincuenta luces, mientras en el inventario de la joya oculta de su camarín, aparece entre otras, una talla mediana del Señor del Rescate.
La historia de Baza es también una historia de generosidad y mudanzas. Recordamos cómo en el siglo XVIII, la Hermandad del Cristo de la Paciencia donó su capilla y costeó el retablo mayor para que las Madres Dominicas convirtieran el antiguo Hospital de la Trinidad en su convento, reubicándose el camarín de la Virgen de los Dolores con su ventano a la calle del Agua. O como en el XIX, la hermandad de Cabrilla se trasladó desde Santo Domingo – justo al lado de donde nos encontramos- hasta la capilla del convento que sería más tarde el colegio de la Presentación, manteniendo la valiente salida en la madrugada con el Nazareno. Claro origen de nuestra actual hermandad.
Incluso en la Merced, la Soledad ya aparece en la capilla en el siglo XVII, conviviendo con el Santo Sepulcro. Y es hermoso imaginar aquel San Juan que, a mediados del XVIII, procesionaba en el Entierro del Viernes Santo, luciendo una diadema prestada del Cristo de los Méndez; la misma joya que después coronaría al Señor Resucitado en la antigua procesión para celebrar el triunfo de la vida.
Todas estas evidencias no son más que el prólogo de lo que aún queda por investigar. Nuestra realidad completa permanece oculta bajo las capas del tiempo, aguardando una crónica que se escriba con el rigor y el amor que nuestra tierra merece. Pero eso… esa es otra historia.

UNA NUEVA PRIMAVERA
La Semana Santa susurra de nuevo a nuestra puerta. Es momento de abrir el alma por completo, imitando a las flores que despiertan con los primeros y decididos rayos de luz que iluminan cada mañana nuestro horizonte desde la Atalaya.
Salgamos a la calle, cofrades y cofradías y dejemos que la nueva primavera tome asiento en nuestro particular cabildo, pues la esperamos con la inocencia del hijo que ansía el abrazo de la madre. El tiempo se pone en pausa para que el milagro florezca: Con la celebración sagrada de la salvación del mundo, Dios se hace carne de nuevo ante nuestra mirada. El reloj se detiene para que renovemos nuestra fe porque el antiguo rito de redención, se despliega ante nuestros ojos como un milagro que es siempre nuevo.
JESÚS DE LA PAZ Y EL MAESTRO
Y de pronto, Baza se despierta con olor a palma nueva y a estrenos. El calendario se para y el aire se renueva entre el revuelo de infantes túnicas blancas, que anuncian que el tiempo de espera ha terminado.
La gloria se acerca, llega el próximo domingo. Ya queda solamente una semana. O mejor dicho, cinco días porque el Viernes de Dolores, los niños de la Presentación harán su particular viacrucis hasta la Plaza Mayor.
Mirad esos ojos infantiles que descubren por primera vez que la fe también puede ser una fiesta. Dios sigue dejando que los niños se acerquen y con ellos recorre también nuestras calles, recordándonos que, para entrar en el reino de los cielos, debemos volver a ser como ellos: sencillos, puros y sin dobleces.
Y así en Baza, la Semana Santa es tan especial que realmente tiene diez días. Más con los niños hebreos del Domingo de Ramos, se abrirá formalmente la puerta.
Con los niños del domingo
llega el Señor de la Paz
montado en un borriquillo
y una palmera detráscon el amado discípulo que es su fiel amigo Juan que andando le sigue el ritmo.
Y toda Baza te aclama:
hosannas, palmas y olivos.
Que toda Baza Señor
es Jerusalén contigo.
Que ya está en la calle el paso
y delante van los niños.
Todos vestidos de hebreos
todos los niños que fuimos,
que este día los cofrades volveremos a ser niños.
Que hoy es ya Semana Santa
y es de Ramos el Domingo.
Todo estrenos y alegría
y juegos de zagalillos
en el día que amanece
con un cielo azul distinto.
Al verse ya la palmera
cuando se acercan las cinco,
la puerta del Nazareno
será de nuevo mi sitio.
Con la plaza abarrotada
vuelve a repetirse el rito
y aunque todo sea fiesta
se vislumbra aquel martirio.
En el viernes de Dolores
cofrades e infantes niños,
van de la Presentación
a la Mayor con su Cristo
al que llaman El Maestro
con su cortejo tan digno
y los Dolores a su escala
bajo palio tras el Hijo.
Vaya lección nos enseñan
los niños en su periplo.
Que toda Baza Señor
es Jerusalén contigo
y todas sus calles y plazas
en Calvarios se han convertido.
Mas volvamos a la plaza
donde se paró el borrico
mientras lo sujeta Juan
y está ya la Paz de Cristo
frente a frente al Nazareno:
Mira esa cruz, Juan le dijo. C
uando pasen cuatro días
la irás cargando Tú mismo,
y la corona de espinas
en tu frente ya la he visto.
Que los que gritan hosannas
pronto te habrán escupido.
Y es que todos traicionamos,
los cofrades incluidos,
ue hacemos tantos altares,
ensayos, cenas y bingos,
charlas, carteles, pregones,
cetros, medallas y sitios,
mas nos llamas a tu mesa
y vamos si acaso un domingo.
Ni nos comemos tu pan
ni bebemos de tu vino,
ni vamos a confesarnos
ni un mandamiento cumplimos.
Que aunque sea Semana Santa
y digamos vivas a gritos
y toda Baza Señor
sea Jerusalén contigo
y todas sus calles y plazas
en Calvarios sean convertidos,
dejaremos que te prendan
al huerto de los olvidos
y llegará tu “Rescate”
que pagar nunca quisimos.
Antes de que cante el gallo
llora Pedro arrepentido
tras negarte otras mil veces
de tres que le habías advertido.
Y mientras que te flagelen
seremos nosotros mismos:
trenzaremos la corona
punzante con los espinos,
corona que llevan puesta
los otros dos crucifijos:
Misericordia y Los Méndez
que son dos de los tres Cristos.
La del Cristo del Amor, retiró Dios Padre al Hijo
cuando al mirar esos ojos
se quedará estremecido
y se la guarda la Virgen
entre sus manos con mimo.
Más volvamos a la plaza,
con la Paz del hijo Ungido
y antes que calles y plazas
en Calvarios sean convertidos
donde seguirte los pasos
de tu sagrado martirio.
Y allí todos los cofrades
al paso de tu camino,
toda la luz resplandor
de faroles encendidos,
cada casa, una tulipa
que te alumbra con su cirio,
cada balcón una jarra
plateada en metal fundido
y las macetas las flores
para cuajarte los frisos.
Y no pierdas la Esperanza
de Amor y de Paz unidos
que tanto necesitamos,
que todos aquellos niños
que jugando se te acercan
con su corazón tan limpio,
al niño que La Piedad
tiene en sus brazos dormido
lo vuelven a despertar.
¡Que resucita el domingo!
¡Que toda Baza Señor
es Jerusalén contigo¡

ESPERANZA
Baza es Jerusalén y María recorre igualmente nuestras calles. La Paz y el Amor unidos a la Esperanza. Porque no podemos perder la Esperanza en la Paz y en el Amor.
Atrás quedó el jubileo de la iglesia universal de 2.025 “Peregrinos de la Esperanza”, pero este año, Baza celebra también con júbilo, el 75 aniversario de la llegada de la Virgen y de su hermandad.
Porque un alma fuerte, es un alma anclada en esperanza a la palabra de Dios.
La esperanza, una de las virtudes teologales junto con la fe y la caridad, es también el ancla que Dios pone en nuestro corazón para que miremos al cielo.
Porque si miramos a la tierra, está podrido el cerebro y en el corazón de los gobernantes que nos siguen llevando a la guerra, que no deja de ser el fracaso de la razón humana, dos mil años después de que pusiera Dios a su Hijo en el mundo, sin más armas que sus manos, su amor y su palabra.
Tú que quitas los pecados del mundo, ten piedad de nosotros y danos la paz.
Porque la Esperanza es traer Amor y Paz a nuestras vidas.
¡Que pare el horror!
Hoy quiero decirte las cosas
que antes no pude Esperanza.
Quisiera decirte madre;
yo quiero decirte guapa.
Quiero decir Jueves Santo
y quiero decirte ancla.
Quisiera decirte Virgen
y asunta y pura y casta
y reina y puerta del cielo
y estrella de la mañana
y todas las letanías
de todas mis alabanzas.
Quiero decir verde palio
con bambalinas bordadas
que es tu trono por el barrio
y es el fanal de tu gracia.
Madre vestida de novia
en un jardín entre llamas.
Techo bordado por cielo
de tu “gloria Inmaculada”
como va en el estandarte
la bella imagen de plata
y en el frontal de tu paso
como capilla labrada.
Quisiera decirte toca,
quisiera decirte nácar,
quiero decirte varal
fajín, puñal y medalla.
Querría decirte faro
del rumbo de nuestras almas,
quisiera decirte llanto
de pena dulcificada.
Quisiera decirte rosa,
quisiera decirte cala
y te diría azucena,
gladiolo y orquídea blanca.
Quisiera decirte luna,
yo quiero decirte alba,
yo quiero decirte noche y belleza cuando pasas;
y te diría aurora,
y quiero decirte magia
y salud de los enfermos
y el clavo donde se agarran.
Yo te diría primor en
los bordados de tu saya.
Yo quiero decir vecina:
Victoria y Carmen en casa.
Quisiera decirte ramo
de las flores de tus jarras
y encuentro del Nazareno
donde Baza se encontraba:
Aquella noche otro encuentro
y el cielo bajó a la plaza
cuando bajó el Nazareno
entre hogueras por la rampa
justo antes del encierro
tras subir a la Alcazaba.
Que estoy rezando las cosas
que antes no pude Esperanza.
A la calle el Jueves Santo,
a la calle con tu ancla,
a la calle con la luna
que pone foco a tu cara.
Yo quisiera poder verte
pero no puedo Esperanza.
Cuando salgas en septiembre
espero estar a tus plantas
por las calles con tu gente,
agarrándome a tu ancla.
Yo quisiera poder verte
el Jueves Santo por Baza
meciendo ese palio verde
para extasiarme a tus plantas
rendido ante tu belleza
Virgen, Madre y capitana
como se rinde en la calle
la gente al ver que regalas
ese mensaje divino
de Paz, Amor y Esperanza.

LA CRUZ: CRISTOS DEL AMOR, DE LOS MÉNDEZ y DE LA MISERICORDIA
Y los ángeles que sostienen nuestra esperanza, permanecen fieles al pie de la cruz.
El viento, que conoce el nombre del Hijo desde antes del tiempo, acaricia su rostro y revela tres destellos de un mismo misterio. La brisa atraviesa la cruz sin rumbo, llevando en sus brazos el olor de la sangre y el temblor de un mundo que estaba a punto de nacer de nuevo.
Y entonces, cuando el cielo ya no puede aguantar más el llanto y la tierra comienza a estremecerse, Jesús rompe el silencio del madero. Antes de entregar el espíritu, nos dejará su testamento de amor en siete palabras.
Y en Baza, el cielo de nuestro particular Gólgota con tres crucificados, se abrirá de nuevo como una herida encendida y el sol, tembloroso, se inclinará sobre el madero donde Jesús respirará su último aliento.
Que Dios se deja moldear
y en la cruz sale a pasear
sobre los hombros del nombre
y cada uno le pone un nombre:
Misericordia y Amor
y el Cristo de los Méndez Pardo.
El mismo Cristo en el madero,
el Cristo al que yo venero
porque el nombre me da igual.
Lo que importa es que el caudal
del agua de su costado
nos limpia todo pecado
y la cruz no es el final.
Su trono es el madero, su cetro el amor que no muere, su gracia la misericordia para todo ser que respira. Es un Rey que no exige ni ordena, sino que reina con los brazos clavados: «Mi reino nace aquí, donde me duelen los hombres que amo».
En su muerte cabe la risa de los niños y el aroma del pan. Clavado, parece caminar con los ojos cerrados hacia quien lo busca.
Enciende en mí ese fuego que te sostiene aun clavado, ese amor que no duda, la calma en tu majestad, el silencio que no teme al madero y la misericordia eterna que no mira ni retrocede.
Y nosotros, como el mundo entero, no paramos de volver a crucificarlo.
El Cristo del Amor. Amor de los amores
El Cristo del Amor aparece despojado de la corona de espinas y como contrasta su expresión con la dulzura del Señor de la Paz, el mismo Hijo bajo el cuidado de la Esperanza de su madre.
Ahí está crucificado el Amor de todos los amores. Honor y gloría a Ti.
En lo alto del madero, su amor es un incendio. Un fuego que arde incluso cuando deja que la vida se le escape entre los dedos.
El amor que se entrega hasta vaciarse, que no pide nada, que sangra por quedarse junto a los suyos. Porque sus ojos nublados por el dolor, siguen buscando: a su madre, a sus amigos, a los que tiemblan a sus pies, incluso a los que le han dado la espalda.

Cristo de la Misericordia: El Resplandor del Perdón.
Y en su imagen recién restaurada, siguen también prácticamente cerrados, los ojos del Cristo en cuyo semblante brota la infinita Misericordia.
Junto a sus manos clavadas, han resurgido los moratones de las cuerdas que las amarraban a la madera. Su sangre cae como gotas que lavan la noche, encendiendo un perdón sin fronteras.
Es un perdón que desborda los límites humanos, ofreciéndose incluso a quienes no quieren recibirlo.
Aun con los ojos entornados, vislumbramos una mirada que nos guía mientras la cuaresma se va gastando, consumiéndose lentamente como se habían ido gastando, beso a beso y súplica a súplica, los pies del Cristo de la Misericordia en estos setenta y cinco años.

Cristo de Los Méndez. La majestad en la cruz.
En el Cristo de los Méndez, el Cristo del madero, la muerte se vuelve majestad y es Real su cofradía. Su reino es de espinas que destilan gloria.
Su pecho arde con un fuego antiguo, tan grande que ni la muerte puede apagarlo.
Sus ojos están cerrados, pero la ternura de su rostro sereno nos traslada al niño que aprendió a amar midiendo y oliendo la madera en la carpintería de José.
Baltasar de Arce creó aquel antiguo Cristo que seguro asombró a otro niño: el infante José de Mora, mientras correteaba por la misma Iglesia Mayor donde fue bautizado y quien al final de su vida, tallaría la joya del barroco del Cristo de la Misericordia en la ciudad de la Alhambra. Cristo que inspirara siglos después la actual talla de Los Méndez. ¿Hay acaso un Cristo más bastetano?.
Tres resplandores de la misma llama. Llama que no conoce ceniza, llama eterna que no se apaga ni en la noche más oscura.
Una leyenda se cuenta
del Cristo de los Méndez Pardo:
¡Venimos por el madero,
el madero os dejamos!
Antigua imagen de Cristo
que estaba en aquel retablo
entre San Juan y María:
en la Mayor, un calvario.
Destruida aquella imagen,
para intentar remediarlo
se encarga la nueva talla
que es para Baza un regalo;
en Misericordia se inspira
que hiciera aquel bastetano
y escultor, José de Mora
con sus bastetanos manos.
¡Vinieron por el madero
y un crucifijo dejaron¡
Con el Cristo del Amor
está el amor crucificado.
Amor de todos sus hijos.
Por amor vino a salvarnos.
Amor para bendecirnos,
Amor para consolarnos
Amor: por amor se muere;
Amor para perdonarnos.
“Amaos los unos a otros
como Yo os he amado”
Y con ese mandamiento
nos resume su legado:
da la vida por sus hijos,
pelícano de Amor glorificado.
Justo al entrar a la iglesia
en la puerta está esperando:
Misericordia de Cristo,
desnudos tus pies gastados.
Aunque colgado en la cruz
tengas clavadas las manos,
estas con los que se acercan
deseando de abrazarlos.
Perdónanoslo Señor,
perdóname los pecados,
que pecando yo clavé
con los golpes que te he dado
ese clavo de tus pies
que ahora mismo estoy besando.
MARÍA AL PIE DE LA CRUZ
Al pie de la cruz no están solo los ángeles. Está siempre María. María al pie de la Cruz. Como no embelesarse con esa cara tallada por las mismas gubias y las mismas manos de Domingo Sánchez Mesa, quien talló también al Nazareno.
María permanecía firme al pie de la Cruz, y su Hijo, desde la altura de su entrega, la miraba con una ternura que vence a la muerte. Es un encuentro de pupilas que lo dice todo sin pronunciar palabra.
Con la espada atravesando su corazón, María no deja de alentar a los discípulos y de alentarnos a nosotros: Confiad – aunque parezca que solo hay muerte.
A Jesús, despojado de todo en el madero, le queda todavía el mayor de sus tesoros para ofrecernos. Él decide entregarnos a su Madre como herencia sagrada.
Fue como una segunda Anunciación. Pero no es un ángel, sino su propio Hijo quien le encomienda una tarea, si cabe, más ardua: acoger en el latido de su corazón a todos los hombres, incluso a aquellos que levantan la mano contra su propia sangre.
Y Ella, en el silencio más absoluto, vuelve a pronunciar aquel ‘hágase’ que ahora sabe a renuncia y a entrega total. Por eso, la noche del Martes Santo, en Baza se respira el aire cargado del Calvario que comienza, inexplicablemente, a oler a vida nueva.
Se desdibuja la frontera entre lo que muere y lo que nace.
No vemos al Hijo, pero está su luz en Ella.
La noche del Martes Santo
Baza entera va en el manto
de donde brota la Cruz
Iluminada por la luz
que a su pie irradia María.
No nos dejes madre mía
y nunca nos abandones
jamás, ni por tus dolores
ni por todos los pecados
que cometemos, humanos.
Madre de Dios que hizo nuestra,
ayúdanos en la gesta
de lágrimas de este valle.
Tú, vas llorando por la calle
para ser nuestro consuelo
y es justo consolarte lo que quiero.
Mira ya la cruz vacía:
no llores más por Dios María
que aunque roto el corazón
Dios muere por la salvación
nuestra, que somos tus hijos
que por su bondad nos hizo
con Juan y a Tí nuestra Madre
antes de subir al Padre
para sentarse a su diestra
donde permanece y muestra
a Dios todopoderoso
y al paraíso glorioso
del cielo que nos fuera prometido,
que es Dios mismo el que ha querido
que al pie de la cruz, María
esté en Baza cada día
como cada amanecer luce la aurora.
Y un murmullo que resuena a caracola
de túnicas color blanco con su lazo,
capirotes y capas azul de raso
y la noche con la luna por farola.
La Virgen, al pie de la Cruz y sola
es la dueña de la noche el Martes Santo.
A su paso nos bautiza con su llanto
y callada al pie del árbol de la vida
deja a Baza al abrigo de su manto.
Rota el alma, cansada y dolorida
junto al pie de la cruz está plantada
mi madre que es la tuya, azul Inmaculada.
Que Dios nos da a su madre tan querida
y en la cruz se da la muerte por vencida
con la Virgen en su paño de agonía.
Mírala en su dolorosa valentía.
En la cruz la madre espera, abre y pasa
y verás cómo te abraza. Ella es María.
Porque María, estará siempre al pie de la Cruz contigo.

Canción: Al pie de la Cruz Contigo
Cierro los ojos e imagino tu madero,
y la sangre que derramas sobre el polvo del camino.
Me pregunto qué ha ocurrido y por qué me he merecido,
que tu corazón de niño se desgarre por el mío.
Me pregunto por qué a mí, por qué a mí me ha escogido,
Por qué has querido entregarle a esta pobre tu cariño.
Deja que tu sangre se derrame por las piedras,
Que con tus rodillas pisas, desgarrándote la piel por mí.
Y déjame empapar la piedra de mi corazón,
para que lata junto al tuyo y así empieza a ser de carne.
Deja que tu Gloria me levante con la Cruz,
que al elevarse me ha extasiado y me ha cegado con su luz.
Y déjame quedarme contigo al pie de la Cruz,
para que mi último suspiro sea contigo mi Jesús.
Y déjame, déjame quedarme aquí,
déjame contigo aquí quedarme.
Déjame quedarme contigo al pie de la Cruz,
para que mi último suspiro sea contigo mi Jesús.
Déjame quedarme contigo al pie de la Cruz,
para que mi último suspiro sea contigo mi Jesús.
-Letra: Gema Martín Bernaldo de Quirós-
-Canto y guitarra: Aurora Martínez Sola—
NUESTRA SEÑORA DE LOS DOLORES DE SANTIAGO Y NUESTRO PADRE JESÚS DEL RESCATE
Uno de los siete dolores, llegó al pie de la cruz y en Santiago la Virgen de los Dolores lleva doscientos setenta y cinco años consolando a los santiagueros. El pasado septiembre, el barrio se engalanó y sus vecinas y costaleras lucieron la mantilla para acompañar a su bendita Madre, cuyo rostro pudimos ver al fin iluminado por la candelería de su palio.
Y los ángeles están también presentes en cada uno de esos dolores, que como las cosas de la vida misma, tienen su espejo en los siete gozos. Fue también un ángel el que le llevó el anuncio. Y están los ángeles presentes también en otros gozos como junto al pesebre, en la resurrección o en la asunción de María al cielo.
Y otro ángel consoló a Jesús en el Huerto de los Olivos.
Porque el Rescate de toda la humanidad, recayó en el varón de dolores.
Ciertamente Él cargó con nuestras enfermedades y soportó nuestras culpas, pero nosotros lo consideramos herido, golpeado por Dios y humillado. Él fue traspasado por nuestras rebeliones y gracias a sus heridas fuimos sanados.
Todos andábamos perdidos, como ovejas, pero el Señor hizo recaer sobre Él la carga de maldad humana.
Y nosotros volveremos a elegir que suelten a Barrabas.
Que nada me turbe, que nada me espante. Solo Tú bastas.

Yo no soy de Santiago
y no tengo culpa de eso,
pero te miro a la cara
y me sale este te quiero.
No sé cuál será el motivo.
No sé si es porque hace tiempo
al llegar la procesión
de tu iglesia hasta el colegio,
desde la Presentación
seguías al Nazareno
hasta la Plaza Mayor
donde oraba todo el pueblo
y se hacían “los papeles”:
Verónica en el recuerdo.
Y más tarde hasta San Juan
subías con tu cortejo
alcanzado la Alameda
para volver a tu templo.
Que yo no soy de Santiago
y te quiero, será por eso.
Es Lunes Santo en la noche;
destaca en el firmamento
la blanca y redonda luna
y deslumbra aquel lucero:
que va el Señor Rescatado
desde que lo hicieran preso
mientras que estuviera
orando en los olivos del huerto.
Poco antes, había dado
aquel nuevo mandamiento:
Amaos los unos a otros
como Yo os amo primero.
Después de lavar los pies
arrodillado en el suelo,
les dijo: tomad el pan,
comedlo, que este es mi cuerpo
y del vino de su sangre
todos unidos bebieron.
Y tras la Última Cena,
mientras pedía al mismo cielo
que le apartara aquel cáliz
que acepta, pues vino a eso,
sus discípulos y apóstoles
estaban todos durmiendo;
no le velaron ni un rato.
Dejó que lo hicieran preso.
Míralo por donde viene
bendiciendo a todo el pueblo
descalzo sobre su paso y
mirando para el suelo,
que el suelo de Baza pisa
que es el suelo que yo beso.
Al sacar Pedro la espada
le hizo guardarla de nuevo.
Porque: quien a hierro mata,
a hierro acaba muriendo.
Lo llevan ante Caifás,
farsa y nocturno proceso
y al preguntarle, le dijo:
Soy Hijo de Dios, confieso.
y rasgó sus vestiduras
declarándolo blasfemo.
Todos los del Sanedrín
ya habían sentenciado al reo.
Lo mandan a los romanos
porque quieren verlo muerto.
Pilatos no encuentra culpa,
mas como es galileo
lo trasladan ante Herodes:
¿Tú resucitas los muertos?
¿Eres Tú el de los milagros?
¿No eres Tú el Nazareno?
Pero no le contestaba
permaneciendo en silencio
y lo devuelve a Pilatos
que lo recibe con miedo.
Este, tras lavar sus manos
ofrece a Barrabás por preso,
mas la multitud gritaba:
¡Crucifícalo¡ dijeron.
Y después que le azotaran
para burlarse, le hicieron
una corona de espinas
que en la frente le ciñeron.
¿No eres rey de los judíos?
Toma una caña por cetro.
Y un manto como a los reyes
por encima le pusieron.
Mira al Señor del Rescate
tan manso como un cordero.
Míralo bien, maniatado
cual si fuera al matadero;
por treinta monedas de plata,
lo entregamos con un beso.
Ahí va atravesando Baza
de frente con el izquierdo
a hombros de sus costaleras
que andando le van meciendo.
Entre sus manos atadas
está el poder del universo
y nos va mostrando el camino
con las levantas al cielo.
Y va la virgen de luto
madre de los santiagueros; y
en el techo de su palio
la Piedad, puerta del cielo.
Van debajo de las jarras
entre los respiraderos,
las celosías recreando
las estrellas de su cielo,
ese cielo de madera
dorada del presbiterio
de la Iglesia de Santiago
envidia del mundo entero.
Que va la virgen llorando
y en las manos su pañuelo
y las cuentas del rosario
y el palio que corta el viento
con bambalinas bordadas
bailando su movimiento,
al compás que van marcando
costales de los costaleros.
Y el corazón traspasado
y el amor del barrio entero:
el Lunes por su Rescate
y el Viernes, Descendimiento.
Dolor entre tus Dolores:
mi llanto por tu lamento.
¡Que va la virgen llorando
madre de los santiagueros,
doscientos setenta y cinco,
tres siglos casi entre el pueblo
y aunque no soy de Santiago
me ha nacido este te quiero!.


DESCENDIMIENTO Y ROCIO EN SUS MISTERIOS DOLOROSOS
También por Santiago, Jesús desciende de la Cruz mientras se besa el cielo con la tierra, la divinidad con la humanidad, la muerte con la vida, la alegría con la tristeza, la fe con la duda y la desilusión con la esperanza. El fin con el principio.
Ella, María del Rocío en sus Misterios Dolorosos, es también en Baza la Piedad que llora. Colmada de bendiciones, con su valiente “SI” es el primer sagrario del mundo; en sus brazos, el Dios que a veces lo creemos invisible, se hace niño para que también nosotros podamos abrazarlo.
Rota en su desconsuelo con su amargura, tiene al Hijo en su regazo, fundiendo Piedad y abrazo antes de la sepultura. Caen a la tierra convirtiéndose en benditas semillas, las cinco gotas de rocío que resbalan por sus mejillas. Y la sangre que alcanza el suelo se mezcla con el polvo del camino.
Una madrugada, un ángel del retablo de la aldea, vino a dictarme estos versos:
Yo quiero gritar tu nombre
y no me sale, Rocío.
Que estoy viendo en ese paso
la estampa del sinsentido.
Parece que todo acaba,
que es el final del camino.
Juntos en el mismo trono
está la madre y el hijo.
Esperas sobre tu saya
a volver a abrazar a tu niño
¡Madre mía, que le han hecho
al divino pastorcillo!
Desde el barrio de Santiago
el Viernes Santo ha salido
el Descendimiento Sagrado
del sagrado sacrificio.
Míralo balanceando
como lo traen sostenido,
sujeto por Nicodemo
en la escalera subido.
Las costaleras valientes
ahí debajo se han metido
para empujar la carreta
que no hay bueyes para el tiro.
Y así va avanzando el paso:
Simpecado dolorido
escoltado por antorchas
de tus dos filas de cirios.
Yo quiero gritar tu nombre:
¡Cómo me duele Rocío!
Que hoy no llevas delante
tamboriles con sus pitos.
Que no suenan sevillanas
ni la salve que es tu himno.
Vienen detrás los tambores y
cornetas con quejidos.
Hoy los vivas son saetas
cantadas con otro ritmo.
San Juan y la Magdalena
al pie de la cruz contigo
con las otras dos Marías
consolando tus suspiros.
Y atrás por aquella esquina
una sábana ha traído
José el de Arimatea
vestido casi de obispo
que recuerda al papa santo,
San Juan Pablo, peregrino
cuando lanzó aquel mensaje
asomado al balconcillo:
“to el mundo sea rociero”
que eso fue lo que nos dijo.
¡Madre mía, que le han hecho
al pastorcillo divino!
De la puerta de la ermita
donde están hechos sus nidos,
volaron las golondrinas
y hasta Baza se han venido.
En la plaza de Santiago
hasta la torre han subido
y beben agua de la fuente
que les recuerda el Pocito.
Con vuelos de crucigramas
le han quitado los espinos.
Estás a punto de tocarle,
recoger su cuerpo herido
y están rozando sus plantas
las flores que siempre han ido
en recuerdo del ebanista:
rosas color amarillo.
Lo pondrás sobre tu saya
que es el sudario de Cristo
y volverás a acunarlo,
a acariciarle sus rizos:
Entre tus brazos el Verbo
sin pecado concebido.
Cántale también la nana
que se ha quedado dormido.
¿Por qué sale esta saeta
si me gusta un villancico?
Si prefiero a la Piedad
que nos muestra al zagalillo
fruto santo de su vientre
que en la Merced ha nacido,
con su hijo entre los brazos
pequeño, recién parido
o en la aldea que lo tienes
vestido de pastorcito,
aunque ya sé que te cantan
que ha nacido en el Rocío.
No llores más y no temas
que no está todo perdido,
que esto no es final,
ni es en vano, es el principio;
dos noches para tu llanto
y se despierta el domingo
y al pasar cincuenta días,
el lunes que aún no he vivido:
llegando Pentecostés
el Espíritu Santo es contigo
y lo tendrás entre tus manos
sonriendo en el Rocío.
¡Madre mía, que le han hecho
al divino pastorcillo!

SANTÍSIMO CRISTO YACENTE
Y como para los judíos era el día de la Preparación, y el sepulcro estaba cerca, pusieron allí a Jesús. (Jn 19, 42). José de Arimatea rodó una piedra grande a la entrada del sepulcro y se marchó. (Mt 27, 60).
Hicieron rodar la piedra de la puerta, dejando la entrada completamente cerrada.
Y así Jesús nos vuelve a poner delante la parábola del grano de trigo: En verdad os digo que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto. (Jn 12, 24-26).
Porque los últimos serán los primeros. Paradojas de la vida, pues la Hermandad del Entierro de Cristo de Serón, tomó como suyos los estatutos de los de la Hermandad de Baza allá por el año 1.633 – hace casi cuatro siglos-. Estaba limitada a 40 personas y era conocida popularmente como de las cuarenta hachas, como denominaban entonces a los cirios y cuando se abonaban las cuotas correspondientes con cera.
Y cuatro ángeles adoradores flanquean las esquinas del paso más bastetano de todos, que encargara antaño el Ayuntamiento tan vinculado hace años, incluso siglos, a la procesión oficial. Yo espero como creo que también vosotros, que pronto sea erigida de nuevo la hermandad del Cristo Yacente que su gente y Baza se merece.
Duerme Señor, el sueño de la muerte.
Silencio, que calle el aire
y pare el viento en la noche,
que la luna no respire
que ni la brisa le roce.
No se estremezcan los lirios
ni una fragancia siquiera
que entre cardos florecidos
duerme ya otra primavera.
Ni la voz del capataz rompa la calma
y que suene el llamador su golpe seco
que la espera será menos amarga
si a Cristo se le va meciendo el sueño.

SOLEDAD: NO NECESITAS CORONA
La Hermandad de la Soledad puso en mis manos el honor de ilustrar y el privilegio de poner mi pobre voz, a aquel cartel tras el primer Pésame del Sábado Santo. Frente al atril, el tiempo se detuvo en los compases de una marcha; hoy rescato aquel recuerdo, haciendo de ‘Mi Amargura’ una oración propia de agradecimiento.
Soledad: no necesitas
corona a mi parecer
porque en tu reino ya reinas,
que ya eres madre a tu modo
de todos los bastetanos
y de todos los hermanos
que colman tu cofradía
y aunque no sea la mía
yo también te sigo a Ti
y lo dejo escrito aquí
y conste donde proceda
que esa mirada me lleva
a un día para la historia:
Al día en que la Victoria
a la calle al fin saliera
en el trono que cediera
la gente de tu hermandad
con tanta generosidad.
Y visitando en el tempo
a su madrina Piedad,
acabamos a tus plantas
con un nudo en mi garganta
al rozarte, Soledad.
Y siento que desde entonces
al acercarme, conoces
que me acerco de verdad
y que es verdad lo que escribo,
que desde entonces te sigo
y voy detrás de tus ojos,
cristal para ser mirada;
que no necesitas nada
porque ya lo tienes todo.
No necesitas corona
ni reino que no sea el cielo, –
llanto para ser consuelo
ni llave para ser puerta
ni puertas para abrir el cielo.
Ni cielo para ser estrella
ni estrella para ser lucero,
ni palio para ser señora
ni trono para tu reino.
Soledad, no necesitas
labios para ser un beso
ni luna para ser aurora
ni casa para ser el templo
ni pésame por tu luto
ni asunción para ir al cielo
ni saya bordada en oro
ni manto de terciopelo
ni encajes para estar bella
ni velas en los candeleros
ni plata para tu trono
ni perlas de un rosario viejo.
Manos para ser caricia,
fuerza para ser de hierro,
guerras para ser Victoria,
Victoria para ser recuerdo,
madera para ser su barca
ni anillo para ser sello,
ni lágrimas para ser llanto
ni llanto para ser desvelo
ni hilo para ser seda
ni seda para ser velo,
bordados para ser encaje
ni encaje para ser pañuelo.
Ni cera para ser llama
ni llama para ser fuego
ni flores para tu paso
ni caña para ser anzuelo.
Ni estrellas para ser corona
ni huerta para ser el huerto,
padres para ser franciscana
ni campana para ser convento.
Porque Soledad tu eres
la madre, la casa, el templo
la más bella flor, sagrario,
nieve blanca en el invierno
y franciscana y custodia,
y el palio azul de tu cielo.
La llama que más alumbra,
el Miércoles Santo entero,
la Asunción entre los ángeles,
Misericordia en tu anhelo,
la Soledad en el pésame
y madre del Nazareno
que un año le acompañaste
con San Juan, los tres saliendo.
Toca de malla en tu manto
bordada por los vencejos
con el oro de la sierra
y con pasadas de mil vuelos
y el anillo de tu mano
que ya selló nuestro sello;
Que no necesitas corona
que ya reinas en tu reino,
que es Baza el Miércoles Santo
con trono azul terciopelo,
estrellas en tu diadema
y el cetro de tu pañuelo.
La luna entera a tus plantas
y vestida de sol atardeciendo
y las cuentas del rosario:
mi cariño en estos versos.
Y los balcones de palo
que hace ya siglos hicieron:
fondo para que pasaras
detrás de un largo cortejo.
Entre el Miércoles y el Sábado
manto negro en el entierro,
Soledad el Sábado Santo
con el pésame del pueblo
y cuando llegan las doce
el ángelus de tu rezo.
Madre de Misericordia,
que el sábado está durmiendo
pero llegará el domingo
de infantes cofrades nuevos
desfilando la alegría
y el niño estará despierto.
Madre del Resucitado
que la vida está venciendo.
Lo eres todo Soledad,
que eres la puerta del cielo
y eres reina de los ángeles
reina de tus costaleros,
costaleras y mantillas,
reina de los horquilleros,
reina entre tus hermanos
y reina del pregonero.
Soledad, no necesitas
corona para tu reino,
más si tu hermandad la pide.
yo les apoyo el primero.
Deseando estoy que vengan
los angelillos en vuelo
y pongan sobre tus sienes
la corona que pidieron
aunque no la necesitas
ni en la tierra ni en el cielo:
¡Que ya sabes Soledad
que aquí en Baza está tu reino!

EL SILENCIO DE NUESTRA SEÑORA DE LOS DOLORES
Hace ya casi 22 años de nuestra boda. El Nazareno estaba en la clausura de las Dominicas para la fecha escogida y la novia eligió la Iglesia Mayor. Una tarde de abril en la que justo tras la ceremonia, la Virgen de la Piedad llegaba por la rampa para las tradicionales rogativas con el Cristo de los Méndez, pareciendo querer también bendecir a los esposos.
Como testigos, María al pie de la Cruz en su capilla y aun en su paso, la Virgen del manto negro y las manos entrelazadas, en Silencio, que me recuerda a la Dolorosa de Tíjola en el Calvario, en su soledad.
Como en Cana, María parecía estar pendiente por si faltaba el vino. Estaba diciéndonos: haced lo que Él os diga.
Sale en Silencio la Virgen,
en la plaza, Baza espera
para acompañar su paso:
y todo es Silencio tras ella.
Que está la Virgen llorando
y todo llora con ella.
Recién enterrado el Hijo
viene envuelta en su tristeza.
Llora en silencio la noche
con sus lágrimas de estrellas
que están llorando los ángeles
que a consolarla se acercan.
Llora el agua de la fuente
con sus gotas lastimeras
y está llorando la luna
rayos plateados al verla
.Por el viejo ayuntamiento
lloran escudos de piedra,
lloran calladas fachadas,
los tejados y azoteas
y llora hasta el hierro forjado
de los balcones y rejas
mientras la Virgen avanza
y de la Mayor se aleja.
La Virgen sigue en Silencio
llorando su amarga pena
y toda Baza es su rezo
que está llorando con ella.
Lloran las torres calladas
de todas nuestras iglesias.
Que no suenan las campanas,
que desde ayer mudas quedan
y lloran en lo más alto
en silencio las veletas.
Todo en Silencio se calla,
todo llorando con ella:
Llora la cruz de guía
adornos de taracea
y lloran las oraciones
y llora una rota saeta
que al estar todo en Silencio
no puede cantar su letra.
Llora la partitura
de mil silencios compuesta
y está llorando la música
sin acordes ni cadencias.
En Silencio está llorando
con sus versos el poeta.
La Virgen sigue avanzando,
llora que llora su pena.
Lloran los Caños Dorados,
llanto: el caudal que no cesa
y baja la calle Alamillos
en Silencio mientras reza.
Encara la calle Ancha
donde la calle se estrecha
y sube por la calle Monjas
y a su templo ya se acerca.
Por fin se está restaurado,
cuadro a cuadro, piedra a piedra,
las columnas retorcidas
de su fachada más nueva.
Aún nos queda el camarín
que es joyero de su perla.
Y sigue llorando la Virgen
que suspira si recuerda
el destrozo de la imagen,
antigua talla que hubiera
tallado José de Mora
para su cuna y su tierra:
Está llorando en el cuadro,
estampa sobre la puerta.
Todo en Silencio en la noche
que llora la luna llena
y va llorando en su saya
una rama de azucenas
y las flores de lis del manto
llorando por la trasera.
Sus manos entrelazadas
con su pañuelo de seda
que va recogiendo el llanto
de su dolor y su pena
y van las cuentas llorando
de su rosario de perlas
que remata el crucifijo
con su cruz de plata vieja.
Lloran los dos angelillos
que en el frontal se presentan
y lloran las flores blancas
que van destilando esencias.
Lloran blancos tulipanes
y el costalero que lleva
la cruz cargada en sus hombros
del llamador en su escena
y es que el Silencio se rompe
cuando el capataz golpea.
La Virgen anda en Silencio
y el cielo sigue en tinieblas
Van en silencio mantillas
costaleros y costaleras.
Y llora la candelería
con sus lágrimas de cera
igual que lloran las llamas
de los faroles que llevan
sus hermanos y que apoyan
en el suelo cuando suena l
a campanilla que marca
que han de volverse por verla.
La Virgen sigue en Silencio.
Va llorando hasta su meta.
Llora envolviendo su cara
rostrillo y manto de reina
con los reflejos plateados
que lloran en su diadema.
La Virgen de los Dolores,
en su Silencio nos muestra
los Dolores de la madre
de este mundo y de la Iglesia.
No tienen luz los sagrarios
ni cálices, ni patenas.
Los monumentos cerrados,
a cal y canto sus puertas.
La Virgen sigue en Silencio,
más lágrimas no le quedan.
y llora hasta el mismo Dios
viendo a su madre y la nuestra
y su corazón traspasado,
puñales que lo atraviesan.
Vuelve en Silencio la Virgen
y Baza llora con ella.

NAZARENO Y VICTORIA
El Nazareno al fin salió dos veces a la calle dejando atrás la pandemia que frustró la celebración del 75 aniversario hace ya cinco años. Y San Juan no se había visto nunca tan morado y nazareno. El romano y el cirineo pudieron salir de costaleros y el paso sin el misterio, nunca se había visto tan completo, porque el Nazareno lo llena todo.
Nazareno, el de mi sangre morada ¿Dónde voy Señor así, con mi túnica morada, el alma tan desgarrada y puestos los ojos en Ti?
En la calle el Jueves Santo, vamos los dos al Calvario. No soy yo el que te acompaño, que Tú me salvas a mí.
En tu todo está mi nada y me salva tu mirada.
Que el cielo es estar contigo, mi padre y mi fiel amigo. Quiero ser tu costalero. Yo quiero ser nazareno y hacer tu pan con mi trigo.
Y no hace falta más literatura:
Pasa el paso y Dios se queda cuando pasa el Nazareno
Enseguida yo encontré
quel amor que te tengo.
Hace veintisiete años
que llegué de costalero;
cuantas veces te conté
lo que sentía por dentro y por respuesta siempre tuve, bordados en el terciopelo de tu túnica sagrada,
la ternura de tus besos.
Nazareno de mi vida
Nazareno de lo eterno
Nazareno de mis hijos
y de la mujer que quiero.
Siempre escuchando plegarias
consolando a los enfermos,
siempre soñando contigo;
alfombra de lirios tiernos
junto a esos pies descalzos
perfumados con incienso.
Déjame seguirte cerca
aunque sé que no merezco
poder rozarte las manos,
que parece un sacrilegio.
Vengo a poner a tus plantas
mi oración en estos versos;
vuelvo a buscar tu mirada,
tus ojos color caramelo
y la luz entre las tinieblas
de la puerta de tu cielo.
Vengo a desnudar mi alma,
quiero ser tu cirineo;
Tú sigues pescando hombres
y yo dudando como Pedro
mas me insistes cada día
a echar las redes de nuevo.
Redes con mis intenciones
de la barca de mis sueños.
Vengo a anudar mis plegarias
al mástil con velas al viento
del cordón de tu cintura,
al árbol de tu madero
que las hojas de tus ramas
que al pasar se van cayendo,
van tocando corazones
con la punta de tus dedos.
Pasa el paso y Dios se queda
cuando pasa el Nazareno
cómo se queda en nosotros
cada vez que comulguemos
con el santo pan de trigo
que es para el alma y no el cuerpo.
Él se queda en el sagrario
donde lo siento latiendo
y se queda en la memoria
la cara de Dios que veo
y cuando sale a la calle
a Baza va bendiciendo.
y se queda en los recuerdos
de los que ya nos dejaron
y se asoman desde el cielo.
Dios se queda en las promesas
que detrás van ofreciendo
tanta gente con sus velas,
tantas cruces sosteniendo.
Alívianos Señor la carga,
ayúdanos Nazareno,
que llevas la cruz al hombro
siendo nuestro cirineo.
Pasa el paso y Dios avanza
en medio de su cortejo
de llamas que le preceden
penitentes nazarenos,
eso sí que es penitencia
que no me vengan con cuentos,
que no poder ver tu cara
es como quedarse ciego.
Suman otro nudo más,
un año más que cumplieron
entre tus filas moradas
con tu regalo del tiempo.
Nos das otra amanecida,
otra semana, otro invierno
y al llegar la primavera
no fallan tus nazarenos.
No falte un ciento de niños
que se colocan primero,
que jugando se te acercan
y Tú los vas protegiendo.
No te falten las matillas,
costaleras, costaleros
incensarios y navetas
cestas, estampas e incienso
ni quien encienda las velas,
que no falte el pertiguero,
ni ciriales con sus lanzas:
velas que apuntan al cielo.
Que no falte ya tu banda,
que es tu banda, Nazareno;
tus hijos que van marcando
tu paso con el izquierdo.
Tú nos llamas y escuchamos
tu palabra en tu silencio,
nos hablas con la mirada
y a todos nos llevas presos
y en el cuello esta medalla
desde el último al primero
y eso que pasa es por algo:
Tú nos llamas, Nazareno.
Que no falten a tus plantas
los lirios que te ponemos
perfumando su fragancia
y ablandándote ese suelo
por donde pisas descalzo
cargando con el madero:
La carga de nuestras culpas,
y el peso del mundo entero.
No dejes huérfana a Baza
no nos faltes, Nazareno.
Y que tu madre en la Victoria
deje pronto de ser sueño
y te siga por las calles
con su pena y su desvelo
y llorando sus dolores
con su palio nazareno
de bambalinas moradas
y varales para el techo
con la gloria de María
protagonista en el centro:
Un trono para la Virgen
que complete tu cortejo,
que realce su belleza
aunque es más bella que lo bello
y cuando suene el llamador
subamos con ella al cielo.
Pasa el paso y Dios se queda
cuando pasa el Nazareno.
Eres la sal de la vida
dice el nuevo testamento
y Tú eres la luz del mundo
se escribió en el evangelio.
Por eso quiero dejarlo
en mi piel grabado a fuego
y por eso estoy rezando
mi credo y mi padre nuestro,
el del pan de cada día,
espiga sagrada tu cuerpo.
Y repito mi plegaria:
Yo quiero ser nazareno,
Por santificar tu nombre,
por acercarme a tu reino
y por todos los cofrades
que te miman de este pueblo,
por el trabajo que hacen,
porque tienen mi respeto.
Por buscarme con tu barca
que navega cuando el viento
sopla encendiendo las velas,
brisa que peina tu pelo.
Por dejarme que te sienta
al escribir cada verso,
por el paso en este mundo
que es un soplo de tu aliento,
por mirarnos cara a cara
en tu casa de los sueños.
Porque tú mueres por mí
y yo contigo si me muero.
Y acercándose el final,
calle pronto el pregonero:
Si estoy nadando en el agua
y está cansado mi cuerpo,
sea con mis hijos crecidos
si pudieras concedérmelo,
recógeme con tu barca
y llévame hasta tu puerto,
abrigo de aguas tranquilas
de tu gloria, Nazareno.
Porque el Nazareno habla con el grito celestial y callado de su embaucadora mirada.
Tuya es, oh Señor, la grandeza y el poder y la gloria y la victoria y la majestad. En verdad, todo lo que hay en los cielos y en la tierra.
El Cristo cercano, de barrio, de familia, el que camina entre la gente sencilla, el que conoce por su nombre a los que lloran, a los que trabajan sin descanso, a los que buscan su consuelo; el peso de cada silencio, el llanto que se oculta en las madrugadas.
El Nazareno es el árbol de la cruz que salva el mundo.

VICTORIA
Y su madre en la Victoria, la más bella, la madre del cielo que tanto se parece a la de la tierra.
El sueño de su palio morado, una oración en su capilla caminante, el balcón al que asomarse por la calle, la ventana de la madre encendida en la madrugada, su joyero y su tocador, el incendio de un jardín de lirios y azucenas ….
Porque en la belleza y la gracia de la Victoria, se juntan todos los mayos.
Victoria, luz del alba que ilumina
la vida, el corazón y hasta mi alma,
el éxtasis de su pena que nos calma
y la belleza en su dolor que nos consuela.
Madre allá en Belén por nochebuena
y el sueño de tu palio mi delirio
Jueves Santo sin la luz de nuestro cirio,
me conmueve tu paciencia tan serena.
Nieve blanca que refleja luna llena
la tristeza que provoca su martirio,
azucena que se va tornando en lirio
Madre nuestra y del cielo, nazarena.
Resumen de la gracia y la ternura,
estrella de la noche más oscura.
Puerta al paraíso de la gloria
de la Madre Inmaculada
en el dolor y la pena, la Victoria.
Ya lleva con nosotros 18 años. Salió a la calle en mayo de 2.013 y del mismo modo que con ella salieron las demás dolorosas simbólicamente, Ella sale también cada año a la calle, cuando lo hacen las titulares marianas de cada una de las hermandades.
Porque son distintas coronas de una sola frente. Por eso, todos los versos dedicados a las demás, son también para ella que espera paciente en la casa de hermandad, mientras sus lágrimas centellean en la oscuridad como lo hacen las luces de los sagrarios.
Pero la Victoria, no puede olvidar al Hijo cargando la cruz, al Nazareno y quiere cambiarle una corona por otra:
Tu corona
En esas horas tan largas
que la Virgen pasa a solas,
nunca pierde la Esperanza
esperando su Victoria.
Nada más cerrar la puerta
suspira, llegó la hora.
Su hijo va para el Calvario
que es Baza por unas horas
y ella entre la oscuridad
rompe a llorar con las sombras.
¡Si ella pudiera cambiarte
una corona por otra!
Tiene guardados pañales
desde Belén hasta ahora,
que aunque perfume de ungüentos
en blanca mortaja se tornan.
No falta con el incienso,
esencia de lirios y rosas.
Su saya otra vez almohada
de tu cuerpo que destrozan.
Ya vuelve la procesión
y la Virgen ya solloza.
Otro suspiro en su llanto,
otras lágrimas que brotan.
Otra vez llega el momento
de que estéis los dos a solas.
Te ayuda a dejar la cruz,
y quita del cuello esa soga.
Ella quisiera curarte
con sus manos sanadoras
y tronchar una por una
las espinas que perforan
tu frente y demás heridas,
rodillas, costillas rotas;
Tu espalda siempre morada;
besarte tus llagas todas.
Ella quiere consolarte;
A Ti con mirarla te sobra.
Sabes las siete palabras
que dirás una tras otra.
¡Que no saben lo que hacen¡
al Padre que nos perdona;
El paraíso aseguras
al ladrón que te lo implora;
mujer ahí tienes a tu hijo
tu santa madre nos donas.
¡Si ella pudiera cambiarte
una corona por otra¡
La de espinas en sus manos
y en tu frente su corona.
Y gritarás ¡ay, Dios mío¡
Padre ¿Por qué me abandonas?
Sin fuerzas dirás: tengo sed
y todo cumplido a esa hora
para encomendar tu espíritu
a Dios Padre que no ignora.
Y nosotros mientras tanto,
como siempre a nuestras cosas.
Nos sortearemos la túnica;
te dejaremos sin ropa.
Preparados ya tenemos
tres clavos, caña y esponja
y al gritar sed de justicia,
vinagre para tu boca
y la lanza en tu costado
del que agua y sangre brota.
Y un ladrón a cada lado
y un cartel haciendo mofa
Nazareno como un rey
mas de espinas tu corona.
Es tu cuerpo malherido
trigo oculto entre amapolas,
convertido en un jardín
cuajado de rosas rojas,
entre los lirios morados
de tu sangre redentora.
Ella vuelve a revivir
lo que ocurre tras la aurora,
y te piensa rescatado
y en la cruz, Misericordia.
Por el barrio de Santiago
va llorando dolorosa.
Y en la Merced, Soledad,
Caridad de Dios tan sola.
Y por la Iglesia Mayor,
ya te guarda la corona
de espinas entre sus manos,
al pie de la cruz llorosa.
Y con un manto ya negro
grita un Silencio que atrona.
La Virgen de la Victoria
con la Esperanza se asoma
hasta la Plaza Mayor
que de Amor ya se desborda.
O descendiendo la cruz,
otro puñal que perfora
entre Magdala y Rocío
su corazón en el Gólgota.
Ella sabe que lo sabes;
Que pese a todo perdonas;
Ni tu pasión es perdida,
ni tu final la derrota.
Entre su manto y tu cruz,
nos regalas la Victoria.
Te recogerá en sus brazos
como la Piedad que llora
y cambiará de tu frente u
na corona por otra:
La de espinas en sus manos
y en tu frente su corona.
Ella te canta la nana:
Duérmete, descansa ahora.

Nana para un Rey. Antonio Martínez Ares para Pasión Vega
Al baile, Maribel Cano
Duérmete tesoro mío,
no tengas miedo de ná,
mi pecho combate el frío,
por tus manitas helas.
Calla, que tras la colina
está la muerte acechando,
viene cargada de espinas,
cruces, fatigas y clavos.
Nana para unos ojos morenos,
nana, para mi estrella y mi cielo.
Nana pa un ángel recién nacido,
nana, que se me ha quedado dormido.
Cuando ríe se ilumina
las ventanas de mi ser.
Que hermoso es dar luz divina
y que delirio querer.
Yo estaré siempre a tu vera,
sueña libre pastorcillo.
¡A la eahh eahh eahhh!
¡qué penita de mi niño!
Nana para unos ojos morenos,
nana, para mi estrella y mi cielo.
Nana pa un ángel recién nacido,
nana, que se me ha quedado dormido.
La Virgen vuelve a regalarnos su lección de eternidad, con la muerte dormida entre sus brazos.
¿Quién supo ponerle nombre? ¿Quién te robó la sonrisa de Victoria sobre la muerte? ¿Quién la Amargura talló retratando tu hermosura? ¿Quién lo bajó de la Cruz y lo puso en tu regazo? ¿Quién le arrancó de los pies y las manos los tres clavos? ¿Quién lo entregó sin brillo en los ojos sobre la saya que en Belén le acunaron? ¿Quién tu pena y tu dolor en el rostro te clavaron?
¿Quién fundió tus cinco lágrimas que los cristales lloraron?
¿Quién le quitó los espinos sobre sus sienes trenzados? ¿Quién se atrevió a hincar la lanza en su bendito costado? ¿Y quién le cerró aquellos ojos entornados, donde se posan los tuyos tan llorosos y cansados? ¿Quién te quitó de las manos el pañuelo que llevabas?. ¿Quién te ha puesto ese sudario?
Si hubiéramos estado allí, si estamos aquí y ahora. ¿No hubiéramos sido nosotros? ¿Acaso no lo hacemos?
Deberíamos meditarlo.
RESUCITÓ: ALELUYA
Pero nos dice el Evangelio:
“Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo. Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre que me ha enviado. Y yo lo resucitaré en el último día” Juan 6, 44-51
Y Él por su amor, nos salvó. Al tercer día nos salvó. La Victoria lo deja dormido en la cuna del Camarín de la Virgen de la Piedad, que nunca se cansa de mostrarnos el fruto bendito de su vientre.
A la calle cofrades y cofradías, aleluya. Vivamos también la alegría.
Porque en Baza Dios resucita cuando el niño se despierta, en los brazos de la Piedad y con Victoria por respuesta.

En Baza por Navidad
se hace la Merced portal;
nosotros somos pastores.
Nace Dios tras los dolores
de su vientre virginal
y es principio y es final
y así es siempre Nochebuena,
que es la que el alma nos llena
y es de Baza su verdad.
Lo resumo en un momento:
protagonista del cuento,
la Virgen de la Piedad.
Tengo la oportunidad,
aquí postrado a sus plantas
con mi plegaria entre tantas,
más siendo hoy el pregonero,
de cantar lo que la quiero y lo que le debo a Baza
y a los cofrades que me abrazan
como a otro bastetano.
Y todos juntos de la mano gritamos
¡Ave María! rezando como ya diría:
que no se la lleva, hermanos.
Ella nos muestra en su abrazo
al hijo de Dios que tiene
mientras lo besa y lo mece,
fruto santo de su vientre
y tiene puesta en la frente
corona de majestad,
que la reina es la Piedad
y la Dama no tiene nombre
por más misterios que esconde
ni fama, ni antigüedad.
Dios le confió la cuna
de esa pequeña criatura
que viene a salvar al hombre
por la Piedad de su nombre.
Y hoy juro otra vez su bandera
aunque sea ya primavera
y no esté aquí Cascamorras
ni por el pasillo corra.
Yo quiero alcanzar su plaza
que es razón de ser de Baza,
que todo en su iglesia ocurre;
que nuestra fe no es costumbre
aunque sea historia también.
Que es Baza, Jerusalén
de nuevo en Semana Santa
y pasa todo a sus plantas
donde hinco mis rodillas:
su camarín, maravilla
donde quiso Dios nacer
y al tiempo vuelve a vencer:
tres días tras el entierro
que ha estado cristo durmiendo
y vive en su eternidad.
La Virgen vuelve a alegrarse y
Dios volverá a despertarse
entre tus brazos, Piedad.
He dicho.

