2/26. El debate

Por Diego Hurtado Gallardo.

Unos diez minutos antes de iniciarse el debate ofrecido por TVE, con la participación de los cinco candidatos a la presidencia de la Junta de Andalucía, me senté ante el televisor, con ropa cómoda, mi paquete de Ducados (no debería), con mucha expectación, algo de nervios y, evidentemente, con interés partidario.

Al termino de él, tenía sensaciones contradictorias. De una parte sentía satisfacción porque, en comparación con otros debates autonómicos recientes, este había sido un debate más vivo y con más contenido político. Pero, por otra parte, sentía que el presidente de todos los andaluces era un político sin sustancia. Tenso, con el ceño fruncido y sonrisa forzada. En ningún momento se le vio la sonrisa profidén, a la que nos tiene acostumbrados en sus actos institucionales amables.

No obstante, el calificativo de sin sustancia no es debido a su imagen, es debido a sus respuestas.

Ante una catarata de denuncias, por parte de todos, de la degradación de las políticas públicas básicas, como sanidad, educación, dependencia, vivienda, etc. y su apuesta alternativa por la privatización de estos derechos ciudadanos, su respuesta fue con  comparativas improcedentes, pues él ya ha recibido una herencia de instalaciones de todo tipo, que en su momento eran la prioridad a realizar, pero que una vez realizadas liberan el presupuesto autonómico para la mejor cobertura de las necesidades ciudadanas actuales.

El ejemplo más apropiado para entender mi calificativo de sin sustancia fue el tema sanitario. Ante el aluvión de críticas demostrables del deterioro de la sanidad pública y el aumento exponencial de los seguros privados durante sus mandato, criticas expuestas por todos, en Atención Primaria, listas de espera con el triste honor de ser las más altas de España, desastre y obscurantismo del cribado del cáncer de mama, el mismo obscurantismo corregido y aumentado de esconder intencionadamente las ya citadas listas de espera, el desmantelamiento de los hospitales comarcales y de la atención médica en las zonas rurales, etc., su respuesta, en ningún momento, fue negar esa realidad. Su única respuesta fue afirmar que era el gobierno que más había invertido en sanidad. Pues vaya respuesta. Si es el que más ha invertido y a la vez es el que más ha deteriorado la sanidad pública, ¿de qué está contento? De ello, se pueden sacar dos conclusiones: o que es un pésimo gestor o que sus inversiones y mayor gasto no han ido a potenciar la sanidad pública: todo lo contrario. De sus palabras se deduce que su mayor gasto ha ido a potenciar la sanidad privada en perjuicio de la pública.

Y ¡ojo!, que también se le acusó de preparar el copago sanitario en la próxima legislatura y ante ello no hubo ninguna respuesta rotunda de que esto no iba a ser así.

Y al día siguiente ya rizó el rizo de manifestarse como un sin sustancia.

Del debate dijo que había sido atropellado, un lío y que todos iban contra él. Cojonudo.

Su programa electoral es él, de las necesidades de los andaluces nada de nada. Traducido al lenguaje de andar por casa, ¿qué quiere decir cuando habla del lío? Pues que quiere una mayoría absoluta. ¡Vaya un invento! ¡Vaya un sin sustancia! Todos los que nos hemos enfrentado a unas elecciones hemos deseado eso, pero es eso: un deseo, no una propuesta electoral. Y después añade «Todos contra mí». Pobrecico. Pues claro, exactamente igual que todos los que nos hemos enfrentado a una reelección.

Señor candidato deje de hablar de sus deseos, de la nada, de su lío y a los andaluces dígales claramente cuales van a ser sus políticas en sanidad, educación, vivienda, medio ambiente, juventud, igualdad, empleo, migración, servicios sociales, zonas rurales, infraestructuras, agricultura, energía, pesca, cultura, impuestos autonómicos, etc.