XVI Pregón de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno…

XVI Pregón de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno y María Santísima de la Victoria en su Pena y Dolor.

1945-2020, 75 Aniversario Fundacional

A mis hijos. Sean por siempre nazarenos.
A Gloria: aquella samaritana que vino a quitarme la sed, esa
joven costalera que me trajo de su mano hasta tus pies.
Mi Señor Nazareno.

Por Pedro J. Carrión Encinas

 

AVE MARIA, CACCINI. Instrumental

Ave María:

¡No se la lleva!

Eso es lo que grita Baza

porque Baza así te reza.

Señora de la Piedad

nombre que Ella nos pidiera,

y madre de Dios coronada

y patrona y alcaldesa.

No tiene nombre “La Dama”

porque “La Piedad” es la reina.

Tus hijos te protegieron

hueco santo bajo tierra

y la herida de tu cara

es de tu sol otra estrella

que aumenta tu dignidad

oh tesoro prodigioso.

Y eres el sol más hermoso

entre tanta oscuridad.

Pues a vuestra majestad

dirigimos el clamor,

debamos todo favor

Señora, a vuestra Piedad.

¡ No se la lleva!

¡ No se la lleva!

Madrina de la Victoria

no te escribo una saeta

que prefiero un villancico

de aleluya y de fiesta:

Madre de Dios Nazareno

que es su hijo que nos muestra,

mientras le canta la nana

y en vez de morir se duerma.

Hoy, mi auxilio y mi Socorro,

Victoria sin dolor ni pena:

Con Dios hijo entre sus brazos:

Nazareno que despierta

regalando a esta ciudad

una eterna Nochebuena.

¡ No se la lleva!

¡ No se la lleva!

Eso es lo que grita Baza

porque Baza así te reza.

Dame refugio en tu manto,

acúname y dame fuerzas

para pregonar contigo

a tu Hijo y sus grandezas.

Humildemente a tus plantas,

Piedad también nazarena,

quiero hincarme de rodillas

inclinando mi cabeza

y aunque no sea Cascamorras

vuelvo a jurar tu bandera.

Que a orar vengo hoy contigo

como Baza a su manera:

¡Que te grita Ave María,

al rezar ¡no se la lleva!

Reverendos señores D. Emilio, Párroco de San Juan y nuestro consiliario y D. Manuel Millán, consiliario de la Federación de Cofradías y párroco de La Mayor. Sr Alcalde de la muy noble, muy leal y excelentísima Ciudad de Baza. Hermana Mayor.

Señor presidente de la Federación de hermandades y cofradías. Señora concejal de Cultura y otros concejales que nos acompañan. Señor cronista oficial de la ciudad y presidente de la Asociación Multicultural Cascamorras.

Miembros de todas las juntas de gobierno de nuestra querida hermandad nazarena.

Hermanos mayores y juntas de gobierno de Baza, del Cristo del Amor y Amargura y de la Virgen del Socorro, y patrona de Tíjola.

Exaltadores y pregoneros que habéis sido y que lo sois.

Cofrades, familiares y nazarenos: amigos todos.

Suplicando el abrazo y la caricia de las sagradas manos del bendito Nazareno y acogiéndome además a la protección y refugio del manto de nuestra madre, la Santísima Virgen de la Victoria. Imploro su guía en este grato y a la vez comprometido trance de ensalzar la grandeza de Dios y de su Madre, que quiso hacerla nuestra. Llena de gracia desde el comienzo de los tiempos, en el éxtasis doloroso tras la sufrida pasión nazarena y con la Victoria de la resurrección.

Te imploro Nazareno que abras mi corazón y mis labios, que vengo a alabar al amor de los amores. A Tí mi Señor. Hosanna en el cielo.

Y esperando cumplir la tarea que tan generosamente me encomendasteis: la de pregonar el 75 aniversario de nuestra bendita hermandad, vengo decido y pongo mi corazón en el empeño de haceros llegar mi sentir.

Para vosotros, para Baza y para Dios. A clamar que estamos en cuaresma, el camino hacia la pascua. Que el Dios que nunca se aleja, es el Dios vivo que no queda clavado en la cruz, si no que la recoge para cargarla de nuevo sobre sus hombros, ya glorioso tras su resurrección. La cruz nazarena que es la cruz a cuestas. Es siempre la cruz. Es la misma vida.

Que el padre nuestro de cada día, es también nuestra fe y no solo la de nuestros mayores. Que vivir con esa cruz a nuestra manera, es hacerlo siempre con el corazón morado.

Que con la cuaresma que apenas comienza, nuestro corazón late con otro pulso y recuperamos tu luz también morada.

Como tu túnica sagrada que acaba de recobrar su brillo.

Morado como el cordón de nuestra medalla. Morado como el fajín de nuestra Madre Victoria. Como nuestra alfombra particular, pues es también morado nuestro cojín de lirios para tus pies descalzos Señor. ¿Hay acaso para los nazarenos una flor más hermosa que un lirio morado? ¿Hay algo más grande que Tú mi Cristo?

Tu grandeza no cabe ni en el mismo cielo y por eso te hiciste bastetano.

Gracias Jose por tu bondadosa presentación y sobre todo por tu nazarena amistad.

Siendo hermano mayor, fuiste quien sugirió hace ya algunos años, que para el 75 aniversario fuera yo el pregonero.

Recuerdo aún con sincera gratitud y emoción, como todos apoyaron tu propuesta. Sin desmerecer a nadie y dirigiéndome a ti Jose, quiero que sepas que para mí en lo cofrade y tras lo acontecido, sigues siendo y serás siempre mi “hermano mayor”.

Dime Nazareno Tú: ¿qué quieres del pregonero?

¿Qué quieres que les anuncie? ¡Si todos te llevan dentro¡

Unos por recién llegados con las ganas de lo nuevo

y otros por contar más años que hace que te conocieron.

Dímelo tú Nazareno: ¡Díctame lo que les cuento¡

¿Cómo puedo recordarles lo que me enseñaron ellos?

Mis vivencias son las suyas y bebo de sus recuerdos.

Han compartido conmigo sus experiencias, sus rezos.

He compartido el trabajo con andares costaleros

y capirote entre filas de los nazarenos buenos.

Dímelo tú Nazareno: ¡Díctame lo que les cuento¡

¡Trabajaron codo a codo con lo mejor de lo nuestro

tantas mujeres y hombres de las juntas de gobierno¡

Tú les llamaste a seguirte y todos prestos acudieron

a las puertas de tu casa que contigo construyeron.

Tú les llenaste la vida y ellos cedieron su tiempo;

Tu tiempo que les regalas cada día amaneciendo.

Tú les colmaste de amor que quisieron devolverlo;

Tú les alegras la vida y ellos aún buscan tu cielo.

Dímelo tú Nazareno. ¡Díctame lo que les cuento¡

Sintiendo lo que me hablas, ahora lo estoy entendiendo:

¡Nos das este aniversario de setenta y cinco sueños¡

y yo creo que lo que buscas es reunirnos en tu encuentro,

a todos los buenos cofrades y a todos los nazarenos;

A los que tanto trabajan sin reconocer su esfuerzo.

Que he querido entender, que deseas podamos verlo:

Quieres acercarnos a Ti y todos también disfrutemos.

Me dictas lo que me dices y sé que me has dicho esto.

Dime que no me equivoco, dime que estoy en lo cierto:

¡Nos das este aniversario de setenta y cinco sueños

y venciendo la pandemia, ¡a la calle el Nazareno¡

 

Mi gratitud por los consejos y el apoyo de todos los que me habéis hecho sentirme un cofrade bastetano más y sobre todo un nazareno entre vosotros. A la suma de vivencias y momentos que me habéis regalado y que me traen hoy aquí, en este año que deseo profundamente sea apoteósico aun desde la sencillez, pues la ocasión bien lo merece. Aunque dos años más tarde de lo previsto inicialmente, será el año en el que Dios mediante, esperamos ya por fin de nuevo, catequizar y rezar por las calles tras la pandemia.

Gracias por acogerme como un hermano, porque aunque la de mis hijos lo sea, mi sangre no es bastetana. Eso sí, que ya mi sangre es morada para siempre. Sangre enamorada y agradecida a mi Baza cofrade, que quizá hasta si saberlo me ha regalado tantas cosas. Muchas gracias a todos y por tanto.

Tampoco puedo hablaros de que me levantara muy temprano para no llegar el último a los churros en la mañana del Jueves Santo, ni en aquellos años he ido a robar los lirios que después adornarían el paso recién pintado de purpurina. No he tocado en la banda nazarena, ni he ayudado a preparar el trono en San Jerónimo. Ni siquiera he visto salir al Nazareno sin cruz hasta la Carrera de Palacio, para que después ya con su cruz a cuestas, siempre Nazareno, inaugurara otra primavera que brotara exultante a cada lado de su paso por la Alameda.

Nunca podré compensaros el gran honor de pregonar el setenta y cinco aniversario de la refundación, ni a que estéis acompañándome esta mañana. Especialmente a los que sé que se alegran por mí y por lo que no hace falta que les nombre.

Y no sería mi gratitud auténtica si con este pregón, no sellara mi compromiso nazareno y cofrade.

Os pediré que recemos juntos, ya que rezar es tener la fantástica oportunidad de hablar con Dios cara a cara. Seguiré rezando. Pero para acercarse a Dios conviene antes confesarse.

Aunque ni mi verso sea cantar, ni mi poema saeta, públicamente quiero confesarme ante vosotros y pedir y pediros perdón:

A los cofrades, a los nazarenos, a mis amigos por cuando es fallo. A mi familia, a mi hermana, a mis padres, a mis hijos. A mis sobrinos. A Gloria: aquella samaritana que vino a quitarme la sed: Esa joven costalera que me trajo de su mano hasta tus pies. ¡Perdón¡

Perdóname Dios mío, por traicionarte cuando no te siento o cuando en la humildad no te veo. Por delatarte cuando de Ti no hablo. Por huir para no escucharte. Por alejarme cuando me acercas tu barca y nado a contracorriente. Apostato cuando dudo y deserto cuando de Ti prescindo.

Por eso, por lo dicho y por lo que me callo: perdón, yo pido perdón.

A todos pido perdón.

Perdón por a veces sentir que me faltas. Que nada me turbe, que nada me espante. Solo Tú, bastas. No soy Nazareno digno de que entres en mi casa, más una palabra tuya bastará para sanarme. Que no me falte mi Cristo tu fe, ni en el cuello esta medalla, ni este nudo en la garganta. Ni mi oración Nazareno.

 

ORACION

Yo quiero ser nazareno.

Por la sangre salvadora y por el trigo de tu cuerpo.

Ese pan de cada día, ese pan del Padrenuestro.

Por santificar tu nombre, por acercarme a tu reino.

Por hacer tu voluntad en la tierra y en el cielo.

Por perdonar mis ofensas, aunque yo perdono menos

de lo que Tú nos mandaras en tu nuevo mandamiento.

Por evitar tentaciones. Por dejar los males lejos.

Porque iluminas mis noches, porque alimentas mis sueños;

Porque calmas mis angustias, porque eliminas mis miedos.

Por acercarme a tu barca: yo quiero ser nazareno.

Porque creo en Dios padre, creador de tierra y de cielo

y en Ti su único Hijo nuestro Señor Nazareno.

Dios de Dios y luz de luz; Por ser el Dios verdadero.

Obró el Espíritu Santo y por Ti todo fue hecho.

Engendrado, no creado. Porque bajaste del Cielo.

Por la pasión que aceptaste, por el juicio que te hicieron.

Porque te crucificaron, porque enterraron tu cuerpo

sepultándote tres días y bajaste a los infiernos.

Porque Tú resucitaste al despertar de tu sueño.

Yo quiero ser nazareno.

Porque vendrás a juzgar a los vivos y a los muertos.

Por el Espíritu Santo, por la Iglesia que prefiero.

La comunión de los santos, por no tener fin tu reino.

Por perdonar mis pecados, estoy rezando mi credo.

Por la mujer de mi vida, porque soy tu costalero.

Por mis hijos, tu regalo, ya por siempre nazarenos.

Mi familia, mis amigos, por mis padres, por mis suegros;

Por mi hermana, mis sobrinos, y también por mis abuelos.

Por todos mis compañeros de las juntas de gobierno

y por todos los cofrades que te miman de este pueblo.

Por el trabajo que hacen, porque tienen mi respeto.

Por buscarme con tu barca que navega cuando el viento

sopla encendiendo las velas, brisa que peina tu pelo.

Por acercarme a la orilla de tu mar en los momentos

en que tiemblan mis rodillas, yo quiero ser nazareno.

Por poder estar tan cerca que parece un sacrilegio.

Por poder rozar tus manos mientras lloro cuando rezo.

Por verte andar sobre el agua. Porque se me eriza el vello.

Por ser mi padre, mi amigo; Por ese tiempo que tengo:

Cada día que regalas, cada año un nudo nuevo.

Con la noche más oscura vienes Tú amaneciendo.

Por abrazar como abrazas los pecados del madero

que es la cruz que yo debiera llevar como el cirineo.

Por dejarme ver de cerca aunque sé que no merezco

esa cara que me habla: tu rostro dulce y sereno.

Por escuchar lo que dices hablándome en tu silencio.

Por dejarme que te sienta al escribir cada verso:

Por la emoción en mi alma, yo quiero ser nazareno.

Por quitar una por una las espinas que pusieron

por corona en tu cabeza, aunque no esté aquí tu reino.

Por ser Tú mi cirineo.

Por ser agua de la fuente cuando estamos tan sedientos.

Por alumbrar mi camino. Por la fe de los enfermos

y de los que tienen cerca. Porque Tú eres su consuelo.

Por llevar sobre tu espalda el dolor de todo el pueblo.

Por tu casa que es la casa del jardín de mi recreo.

Por ser el Sol de Justicia, por liberar los tres presos.

Por los que creen que vives. Por los que creen que estás

muerto.

Por cuando yo también dudo, tempestad de sentimientos.

Cuando dices que no vives ¿no será que estás durmiendo?

Porque al buscar tu sagrario, allí te encuentro latiendo:

Yo quiero ser nazareno.

Por fundir la nieve blanca de la cumbre de los cerros.

Por el agua limpia clara, oasis de mi desierto.

Por compartir con nosotros a tu madre de lo eterno,

Victoria que me enamora: su hijo manso cordero.

Por ser mi puerta del cielo.

Por acercarme al paso de tu paso Nazareno.

Porque marcas el camino señalando tus senderos.

Porque cada Jueves Santo, quiero gozar con tu pueblo

por las calles bastetanas, tu calvario Nazareno.

Por el paso en este mundo que es un soplo de tu aliento.

Por besar por donde pisas, por fijar mis pies al suelo.

Por mirarnos cara a cara en tu casa de los sueños.

Porque tú mueres por mí y yo contigo si me muero:

¡Yo quiero ser nazareno¡

 

Y es que al plantarme ante Ti, mi oración es el silencio que llega hasta tus ojos sin palabras y obtengo por respuesta esa luz, que viene desde el cielo a tu mirada.

Diré, que para ser honesto conmigo mismo y con todos, de nada servirían para este pregón que rindo y que es vuestro, escoger bonitas palabras, si lo que escribo no recogiese realmente los sentimientos que sin forzarlos, hayan brotado de lo más profundo del corazón.

La primavera se acerca venciendo los temporales y oscuros nubarrones de los últimos inviernos. Los más crudos, que nunca se hayan vivido antes por nosotros. Vuelve a llamar a la puerta de nuestros corazones. Abrámoslos de par en par, como se abrirán en la mañana las flores, con los primeros rayos valientes de cada día, que se estrena alumbrando la Atalaya.

Y la cuaresma se irá gastando como se había gastado el pie del Nazareno estos 75 años. Pasa, primavera y acomódate, que los nazarenos y los cofrades te esperamos como el niño ansía el abrazo de su madre.

Y ojalá llegue la Paz a lomos de un borriquillo. Vendrá a buscarte a tu puerta, entre los niños del domingo, las palmas y los olivos. Porque también tu puerta viene a ser la de nuestra semana de pasión.

Una rama de olivo ya marchita en la reja, se retuerce al saberte rescatado por tu antiguo arrabal de Santiago. La cruz que siempre llevas cargada será donde te crucifiquen por tu Misericordia y por tu Amor y te harás leyenda en el Cristo del madero. Madero del que te irán descendiendo mientras cruzas otra vez la Alameda, El Viernes Santo en la mañana.

Y antes de que la Piedad pueda abrazarte, podrá ver tan cerca tu cuerpo yacente en la tumba, que otra vez quedará vacía: Cuando el ansiado domingo, una legión de zagalillos, incluidos tantos niños nuestros nazarenos, con su tierna inocencia y a la par que van también naciendo en lo cofrade, harán removerse la piedra de tu sepulcro, que viene a ser la misma puerta abierta de tu gloria, Nazareno.

Habrás resucitado y estarás ansioso por volver con tu Madre y tu cruz a cuestas, a que las Dominicas, en la íntima santidad de su convento donde habitan sus puras tocas blancas, canten el Aleluya. Y los lirios que pusimos en tus pies, volverán bendecidos a las lápidas del cementerio por tu consuelo.

Y una vez más se repite nuestra dicha, con el rito de la redención el mundo.

 

TODO DIOS MEDIANTE: PANDEMIA COVID 19 GUERRA DE RUSIA

Han pasado cuatro años, pero aun resuenan en el alma nazarena, los ecos del pregón de María José Martínez. Y parece que fue ayer mismo cuando en la cuaresma de 2.019 estuviera sintiendo y escuchando emocionado a mi hermana mientras era ella la que pregonaba la hermandad.

Por octubre de aquel 2.019, nuestro hermano Baldomero presentó el fantástico cartel del 75 aniversario. Íbamos a celebrarlo en 2.020, cuando estaba previsto que se pronunciara este pregón y para cuando ya se nos había autorizado la salida extraordinaria.

Se hizo más patente que nunca lo de que, el hombre propone y Dios dispone. Se nos ha olvidado programar las cosas Dios mediante. Y llegó la COVID 19 para cambiarnos.

También este pregón, que ha tenido tres fechas previstas.

Aquel 22 de marzo y mientras hubiéramos estado celebrándolo, al inicio del primer confinamiento; En shock, con incertidumbre y con miedo, escribí unas palabras:

Aunque venga tan oscura esta nueva primera,

sigamos soñando, sueña

que la Cruz del Nazareno cruza otra vez la Alameda.

Ayúdanos Nazareno, como siempre a tu manera,

que te estamos esperando en tu sol cuando amanezca.

San Jerónimo y su torre, se harán retablo en su puerta,

mas las ruinas del convento cayéndose nos recuerdan

que la hermandad sin hermanos, es colmena sin abejas.

Ya lo sueñan las fachadas ver pasar tu silueta,

los árboles y las fuentes, las flores y las acequias:

¡Que la cruz del Nazareno cruce otra vez la Alameda¡

Y es que mi pensamiento seguía enfocado en una soñada salida extraordinaria, para celebrarla como nos gusta a los cofrades, en la calle. Aunque realmente sepamos que hay tantas cosas mucho más importantes. Estar en la calle implicaría a su vez el final de aquel tormento.

Finalmente el Nazareno saldrá dos veces a la calle, pues el próximo 20 de marzo volverá a la Iglesia Mayor, presidiendo el Vía Crucis oficial, también por segunda vez y que la Federación de Cofradías ha querido retomar.

La salida extraordinaria: cuando Dios quiera.

Pero algunas partes de este pregón final estaban escritas. Digo algunas, porque el pregón, como todos, se ha ido adaptando a las circunstancias, en estos fríos y extraños meses, en los que nos hemos visto obligados a estar mucho más lejos los unos de los otros. Sin poder disfrutar nuestras sonrisas. Y que importante la salud.

Desde aquí y especialmente a los de nuestras familias nazarenas: el mayor de los ánimos para los enfermos y para los que les rodean. Y el abrazo en el recuerdo emocionado de los que han marchado para el Padre en estos tiempos. Por la salud de los enfermos y de los que han curado y por todos nuestros difuntos. Por la misericordia de Dios, descansen en paz.

Como dice el Evangelio, “Velad y orad porque no sabéis el día ni la hora” San Mateo 25,13. La vida en este mundo es ahora, así que no podemos perder más tiempo, más vivencias, besos y abrazos y celebremos que estamos aquí y que se acerca el ansiado momento que tanto anhelamos: A la calle, cofrades y cofradías. Nazarenos: A la gloria, a la calle.

Estos 75 años, serían de la refundación. Pues ahora ya sabemos que el origen de nuestra hermandad estaba en la del Cristo de Cabrilla, que se había fundado en el Convento de Santo Domingo por el siglo XVII. A principios del XIX, se trasladó al de Santa Isabel de los Ángeles, hoy colegio de la Presentación de la Parroquia de Santiago y desde donde está documentado que salía la “Procesión del Paso” que era del Nazareno, en la madrugada del Viernes Santo, a las cuatro de la mañana. Destruida la imagen primitiva, de la Presentación siguió saliendo incluso ya en los años cuarenta del pasado siglo XX, otra imagen, a la que se unía la Virgen de los Dolores de Santiago para la misma procesión del Viernes Santo en la temprana mañana.

Ya con la actual imagen, se trasladó la salida de la procesión a San Juan, de donde lo seguía haciendo el viernes Santo por la mañana y acompañado por la Virgen de los Dolores de Santiago, hasta que llegó la imagen del Cristo del Rescate. Pasó entonces el Nazareno a salir el Jueves Santo por la tarde, acompañado de San Juan Evangelista.

Muchos de vosotros, pues no hace tantos años, habéis presenciado cómo salía el Nazareno al encuentro del paso de palio de la madre del barrio de Santiago, en la mañana del Viernes Santo y en el entorno de la Carrera de Palacio.

De hecho, al pie de la dolorosa de Santiago, permanece la capilla en madera tallada que iba en el frontal de su antiguo paso dorado y en la que no será por casualidad, se representa a Jesús cargando la cruz.

Años después que nuestro Nazareno, llegaría la Virgen de la Esperanza, que como sabéis iba detrás, enterrando el surco del Amor que con la cruz a cuestas, va sembrando mi Señor. Finalmente, el 28 de febrero de 2008, hace 14 años, vivíamos la solemne bendición de la imagen de nuestra Madre la Santísima Virgen de la Victoria en su Pena y Dolor.

Tres nombres, dos barrios y una madre;

Tres estrellas de la misma mañana;

Tres espejos de tu sol de justicia;

Tres causas de nuestra alegría;

Tres vasos de insigne devoción;

Tres vírgenes, dignas de veneración;

Tres arcas de una misma alianza;

Tres refugios de los mismos pecadores;

Tres nombres para tres trozos del cielo.

Las tres, salud de los enfermos.

Las tres, rosales de una sola rosa.

Tres mantos de la misma dolorosa.

Tres coronas para una sola frente.

Tres misterios y Tú el fruto de su vientre.

Tres pañuelos para el mismo llanto;

Tres pasiones de tu cuerpo santo;

Tres flores de una vara de azucenas.

Tres te quieros, tres consuelos y tres penas.

Un alma Virgen, que atraviesan tres puñales.

Con tu devoción, tres madres celestiales.

Tres dagas en el mismo corazón.

Tres sies de tu misma salvación.

Tres obras del señor, tres maravillas;

Tres puertas de tu nazarena gloria.

Tres rosarios y una sola letanía.

Tres salves para el mismo Ave María:

Dolores, Esperanza y Victoria.

Victoria, porque la cruz no es la muerte, sino la salvación.

Victoria Tú reinaras. Y la cruz ¡oh cruz¡ ¡tú nos salvaras¡.

Vas Señor, sujeto al yugo de tu cruz. En tu camino caerás tres veces, pero no porque te falten las fuerzas, sino para enseñarnos también a levantarnos. Y no tres, sino setenta veces siete. A no tirar la toalla. A no rendirse.

El Nazareno carga el tronco en el que le crucificarán para salvarnos y en lo alto pondrán un rótulo con su nombre para que no lo olvidemos:

Jesús el Nazareno, el Rey de los judíos.

El Nazareno es el rey y la cruz es su trono. La realeza de Jesús, escrita en varias lenguas para el que quiera pueda entenderla. La imagen del Hijo crucificado, puede parecer triste, pero no así con la cruz a cuestas. No llevándola al calvario para morir en ella, como lo veía el pregonero en su infancia, sino como te ve ahora, de vuelta tras tu resurrección: con la cruz al hombro, bandera de la Victoria. La cruz que ninguna sentencia humana podrá remover nunca de las paredes de nuestro corazón.

El Nazareno es y será para siempre la palabra de la Verdad, porque crucificada solo queda la madera. Él vuelve glorioso caminando sobre el agua y con la cruz a cuestas. «Luz que ilumina a los ciegos», «tesoro cubierto que sólo la oración puede abrir». Jesús no reina dominando con un poder humano, porque su reino no es de este mundo. Él «no tiene legiones ni ejércitos». Su diplomacia es el amor.

Jesús reina atrayendo y «nada se libra de su calor». De su pasión. La Pasión.

LA PASIÓN. Instrumental.

Baza: ya es primavera

y Cristo viene a buscarte:

a la “Gloria” el Nazareno:

Dios caminando en tus calles:

llegando a los corazones

de bastetanos cofrades.

Cuando te vas acercando,

se va agotando la tarde

y te veo de madrugada

con semblante adormecido.

La dulzura en tu mirada

y que equilibrio en tus manos

y el amor con el que arrastras

esa cruz que es nuestra vida

con los pecados cargada.

Y que lección aprendida

cuando te rezo en la calma,

Nazareno que consuelas

aún con la boca cerrada.

Con un muestrario de luces

que ilumina y llena el alma,

escuchando lo que dices

sin que pronuncies palabra.

Y vienes siempre de frente,

sin una flor que se caiga,

sin una gota de cera

que salpique mientras andas.

Sin una esquina que roce,

sin un cirio que temblara,

sin que el paso pierda el paso

sobre tu dulce pisada.

Costaleras y costaleros

también te cantan su nana.

Y sigues poquito a poco

y por las calles avanzas

tan poderoso y valiente

con tu valiente zancada,

que nos libra del pecado

por la cruz que dulce abrazas.

Mientras, te peina la brisa

sin que te caiga una lágrima,

sin que tus manos se cansen,

sin que se doble tu espalda.

Y cuando vienes, se ponen

de pie las rosas moradas.

Se pone de pie la noche

el día y la madrugada.

Pasando desapercibidas,

se ponen de pie las almas

de aquellos seres queridos,

desde nubes asomadas

que no se pierden detalle

y del mismo cielo bajan.

Marcharon para tu gloria

y lloran emocionadas.

Se pone de pie si cae

porque Baza lo levanta

el Nazareno que quiere

coger aquella toalla

que se anuda en la cintura:

desde tan alto se agacha

para lavar nuestros pies,

mas con agua bastetana.

Se pone de pie en la cena

con el pan y nos regala

su cuerpo que entregaremos

para que a Él lo entregaran.

Pan de vida que alimenta

eternamente las almas.

Y se pone de pie el cáliz,

sangre de nueva de alianza

que nosotros derramamos

para que nos perdonaran.

Se ponen de pie faroles,

la puerta que los separa

y todos se ponen de pie,

destilando su fragancia:

los lirios del azulejo

floreciendo tu fachada.

Las velas en los candelabros,

los músicos de la banda,

los que van en el cortejo y

los balcones de la plaza:

por ti cada Jueves Santo

todos se visten de malva.

Rosales de la Alameda

y almendros en la Atalaya

y de pie está el Cascamorras

y de pie los chorros de agua

de la fuente de la plaza

de Las Eras cuando pasas.

El que lleva la cruz guía,

ciriales que escoltan lanzas,

cera morada que alumbra

la eternidad de tu cara.

Los que llevan el incienso

y el niño que lleva el agua.

Revuelan alborotados

vencejos con sus pasadas

que van tejiendo un pañuelo

para tu madre que aguarda

sola, llorando en silencio

y soñando que te abraza.

Se pone de pie la luna

que anuncia Victoria al alba.

Se ponen de pie los sueños

los recuerdos, las miradas.

Aquel niño del Calvario,

mantillas que te alumbraran,

costaleros, capirotes

y túnicas recién planchadas.

¡Se pone de pié lo escrito

de mi Cristo, que escrito estaba.

Victoria en su dolor y pena

y el Nazareno bendito,

Baza entera cuando pasas

se pone de pie contigo¡

 

Baza entera estaba de pie la tarde del pasado Jueves Santo. La espera de tantos devotos que quisieron acercarse a Ti, sentir tu calor. Y allí estabas con tu cruz, tan Nazareno, arropado por tu bendita Madre. Tú nunca defraudas y por eso los pacientes fieles tuvieron su recompensa: Pudieron acercarse seguramente más que nunca.

Eso no es comparable con verte en la calle, navegando con tu trono majestuoso… pero mucho mejor que el año anterior…. A través de Facebook y gracias otra vez a D. Emilio, pudimos participar desde nuestras casas en los Sagrados Oficios. Pero la tarde era tan triste, que hasta el cielo echó unas lagrimillas aquel Jueves Santo de 2.020 de calles desiertas. Incluso así, aparecieron lirios y velas en la puerta de la iglesia.

Mucho más llovió el Jueves Santo del 19, cuando apenas te asomaste a la plaza. Ese año tampoco podemos contarlo en lo cofrade.

Así que esta Semana Santa, aun sabiendo que no es lo importante, no guardes rencor a mi atrevimiento Nazareno: Déjame pedir, podamos ver un cielo lleno de estrellas, la luna llena primera de esta pronta primavera. Este año tiene que ser en la calle.

Porque para nosotros, que vamos cumpliendo años cada Jueves Santo contigo Señor, es como si el reloj se hubiera detenido este tiempo. En lo cofrade no hay Semana Santa completa, si no suenan los tambores, si no lloran las cornetas. Si no hay una revirá, muy despacio, de las buenas. Si no sales por la puerta.

Si no nos emocionamos mientras suena “La Saeta”, para quietarte los clavos antes que te los pusieran.

¿Quién me presta una escalera?

LA SAETA –Bulería- Cante.

Quien me presta una escalera

para subir al madero,

para quitarle los clavos

a Jesús el Nazareno.

Oh la saeta al cantar

al Cristo de los gitanos,

siempre con sangre en las manos

siempre por desenclavar.

Cantar del pueblo andaluz

que todas las primaveras,

anda pidiendo escaleras

para subir a la cruz.

Cantar de la tierra mía

que echa flores,

a Jesús de la agonía

que es la fe de mis mayores.

Oh no eres tu mi cantar.

No quiero cantar ni puedo

a ese Jesús del madero,

si no al que anduvo en la mar.

Yo no sé cantar, ni quiero, a aquel Jesús del madero, si no al que anduvo en la mar.

Porque también con tu andar, nos hablas en tu dialecto. Nos hablas de manera que todos te entendemos. Nos hablas en Nazareno:

La cruz al hombro, tu pie descalzo, tu túnica de lirios, tu pelo al viento, la saeta, tu particular corona de espinas dorada, tu cara de ensueño…

NO ERES MADERA

Mientras duermo, un querubín me susurra en tu dialecto Nazareno y me va indicando las trazas del pregón. Una noche me llevó a la madera. Madera la del árbol que cortaron para hacer tu cruz. Madera, la cruz de mi confirmación. La carga de tu hombro. La cruz de mis pecados, el peso de mi quebranto. Madera la de tu barquita en la arena. La cruz de guía. Los viejos pinos retorcidos, resistiendo los crudos inviernos en los altos calares de la sierra. Y madera los chopos en la ribera del río que apuntan todos al cielo. De madera tu retablo o el sagrario del monumento de cada Jueves Santo.

Madera los artesonados de las antiguas iglesias, que simulan tu barca de pescador de hombres. En la armadura mudéjar que también hacía de cielo en San Juan, similar a la de Santiago. De madera y que bien huele, el cedro de tu paso Nazareno, que cruje como el pan sagrado al partirse en la eucaristía. Madera el trono de ruedas que salía de San Juan, de donde lo rescataron tres valientes hermanos. De madera todas tus puertas: Santo Domingo, La Presentación, San Juan, San Antón, San Jerónimo y ahora la puerta ya rectangular de la casa de hermandad. Madera en las cuentas del rosario de nuestras madres dominicas.

Madera la cruz de Lampedusa que llegara hasta Baza, hecha con tablas de los naufragios del Mediterráneo y por los que el papa grito vergüenza.

También el Papa Francisco, ha dicho estos días que “de nuevo la paz de todos es amenazada por los intereses de pocos”. Pide “que se haga un examen de conciencia ante Dios, que es el Dios de la paz y no de la guerra”. «Que la Reina de los cielos preserve el mundo de la locura de la guerra» «ante la insensatez diabólica de la violencia» .

Nota: Guerra de Rusia invadiendo Ucrania iniciada el 24 de febrero de 2.022.

Pues será que hay solo madera. Que solo pude haber serrín, en el cerebro y en el corazón de los gobernantes que nos siguen llevando a la guerra, dos mil años después de que pusiera Dios a su Hijo en la tierra. Sin más armas que sus manos, su amor y su palabra.

Nazareno, Tú que quitas los pecados del mundo, ten piedad de nosotros y danos la paz.

¡Que pare el horror¡

¡Que nos dejen por Dios en paz¡.

 

Y de madera es también este atril, donde la luz refleja la alegría de mi alma agradecida, que por todos pregona mi cofradía.

Porque Tú Señor, Tú no eres madera.

Aunque mis manos solo puedan

tocar aquí tu madera

y las tuyas solo fueran

de una escultura tallada.

Y tu bendita mirada

un flechazo que me hiriera.

Si tus pies solo pudieran

pisar sobre la peana.

Si como creo no creyera

que caminas sobre el agua.

Aunque ya no viera nada

ni de la tierra o del cielo

cuando te miro a la cara.

Si tu calor no sintiera,

yo no sé ni lo que hiciera

si huérfanos nos dejaras.

Pero Tú no eres madera.

Y por eso yo quisiera

estar por siempre a tu lado,

Nazareno, tan humano

y tan Dios a tu manera.

En la tierra y en tu cielo.

Por Ti mi mundo fue hecho.

Por tu calor en mi pecho

en tu honor, arde una hoguera.

Una hoguera que arde, de honor y gloria a ti Señor. El Nazareno enciende con su calor el fuego apagado. Calienta la noche fría con la mirada de su abrazo. El Nazareno es la luz eterna que nos abre el camino. El faro de nuestro rumbo. Nos pone la mano en el hombro cuando nos vemos solos, sin nadie en quien apoyarnos. Nos levanta del pasillo desangelado de un hospital. Es el árbol del la cruz que salva el mundo. Nos llama para que le contemos lo que sentimos.

En ocasiones quiere que seamos sus manos, aunque quizás no lo entendamos. El Nazareno calla y atiende. No solo te oye, sino que te escucha. Él carga nuestros dolores y tristezas. Herido por nuestras rebeliones. Angustiado y afligido, no abrió su boca. Fue llevado como un cordero al matadero. Con sus llagas, nosotros nos curamos y volvemos a nacer.

El Nazareno es simplemente el Nazareno.

Tuvo que ser el mismo Espíritu Santo, quien inspirara a Sánchez Mesa, para tallar la grandeza de Dios hecho hombre, con rasgos de los Mora, que también eran bastetanos.

 

75 ANIVERSARIO: 75 VERSOS

¿Quién te hizo diferente?

Quién te hizo tan distinto que se ve desde que vienes

siempre con el mismo andar con tu zancada valiente.

¿Quien te puso esa corona de espinas sobre tu frente?

¿Quién te cargó sobre el hombro la cruz que fue nuestra

suerte?

¿Quién te hizo tan distinto?

¡Ahí está ya el Nazareno¡ gritan los niños al verte

venir andando al compas que va marcando tu gente:

costaleras y costaleros que van a ensayar los viernes

de cuaresma, por tu barrio tantas noches de relente.

¿Quién te hizo diferente?

Jueves Santo por delante, nazarenos penitentes

que te alumbran el camino sufriendo no poder verte

y también fieles mantillas que de negro, como siempre

van rezando su rosario y velas moradas encienden.

¿Quién te hizo tan distinto?

Más adelante, mas niños, a centenares que quieren

escoltar nuestro estandarte y jugando se te acerquen.

Los que llevan las estampas. No les pidas que no tienen:

Las han repartido todas en la esquina de Vicente.

¿Quién te hizo diferente?

Va tan lejos la cruz guía que está esperando a que llegues

a la casa de hermandad para verte andar de frente.

Y tu cuerpo de ciriales elegante te precede

con los incensarios niños revestidos de roquete.

Justo delante del paso y ese incienso en que te envuelven,

con una nube de aromas que el mismo cielo parece.

¿Quién te hizo tan distinto?

¿Quién tan grandioso? ¿Quien fuere?

Yo sé que llevas contigo a los que ya nunca mueren,

en los lirios que ponemos en tus plantas y florecen.

Y así cada Jueves Santo, ninguno quiere perderse

tu paso por estas calles: desde el cielo van y vuelven.

¿Quién te hizo tan distinto?

Sé que cuando te crearon, pusieron en Ti por siempre

el alma de los que vida, dedicaron a quererte.

¿Quién te hizo a ti bendito Nazareno?

El hijo mismo de Dios y tan humano pareces¡.

¿Quién te hizo mi señor?

Tan igual y tan distinto, tu cara dulce y tan fuerte

y tus manos abrazando la cruz que no se merece

este mundo revoltoso que te ignora mientras muere.

Quien te hizo tan distinto, tan Señor cuando apareces

andando sobre las aguas y me atrapas en tus redes.

Quien pudiera estar contigo para siempre eternamente.

Poder ver siempre tu cara al compás de tus vaivenes.

Ser siempre tu costalero, seguirte en la calle siempre.

Setenta y cinco versos que son setenta y cinco veces.

Que no son setenta y cinco, que son casi dos mil veinte.

Eternidad Nazareno, que vienes resucitando

al despertar cuando duermes.

Vivan los buenos cofrades de esta Baza penitente.

Viva siempre mi hermandad. Viva por siempre su gente;

Viva tu Madre Victoria, que te duerme y nunca mueres.

Que viva el mejor retrato del Señor que Baza tiene

y que viva el Nazareno, en la vida y en la muerte.

VERDADERA PENITENCIA

Nuestra estación de penitencia del Jueves Santo, es el día más grande para nosotros. El día en el que ni el sol brilla más. Me maravilla que al final, llamados solo por Ti Nazareno, tanta gente acuda para alumbrar tu vía dolora. Cuantas mantillas, nazarenos y penitentes que salen desde San Juan y solo pueden verle prácticamente al pasar por la puerta de la casa de hermandad, donde un solo instante podemos cruzarnos con su mirada.

Es como si fuera saludándonos uno a uno, porque Él mejor que nadie nos conoce. No lo veremos hasta que la luna llena, haya arrastrado la madrugada, para volver a dejarle con su Madre, la más paciente y los dos a solas, con una velita encendida, repasen lo que les hemos ido pidiendo cada uno de nosotros sus hijos.

Tampoco te verán la cara los que te siguen con sus promesas. Cuantas cruces van siguiéndote señor en esas velas. Alíviales Nazareno de su carga.

Pero fieles contigo Señor, ahí está tu cortejo, el que Tú eliges. La gente a la que llamas con tu amor, con tu calor. Y realmente, tan humanos que somos, no vamos a revivir lo que te ocurrió hace dos mil años: La historia de tu vida.

Realmente vamos por la nuestra, a suplicarte, a pedirte, a rogarte, como si acaso te hiciera falta que recordemos nuestras necesidades. Porque Tú Nazareno, llevas escritos nuestros nombres en la palma de tu mano.

No podremos ver tu cara con los ojos señor, pero sabemos que podemos sentirte y realmente verte con sólo cerrarlos.

Si al final, a todos nos acaba atrayendo lo mismo:

Tus pies descalzos, tu corona de espinas, tus manos señor, tu pelo. Tú Nazareno.

Y si pesamos en Jesucristo y cerramos los ojos, incluso ahora si lo hacemos, tu cara Nazareno aparecerá como una estampa gravada en lo más profundo de nuestras entrañas.

Será porque está gravada en nuestras retinas. O será más bien, porque está gravado en nuestro corazón morado.

Eres el Señor de Baza, Dios caminando en sus calles.

El que se busca y se encuentra, el que nunca falla a nadie;

El que carga nuestras culpas alejando nuestros males.

Eres el Señor de Baza y tiñes morada mi sangre;

Eres el Dios de mis hijos y eres la fe de mis padres.

El Nazareno de Baza, luz que alumbra oscuridades;

Luz que alumbra a nuestros hijos,

luz que alumbra a nuestras madres

mientras que esperan sus hijos

suplicando que los guardes.

Madres que alumbran sus hijos, los nazarenos infantes.

Eres el señor de Baza, hombre hijo de Dios Padre.

Para sentirte tan cerca, no me hace falta acercarme;

Cerrar los ojos, es verte sin nada más que pensarte.

Para decir Nazareno no me hace falta nombrarte.

Eres mi Cristo Señor, mi vida y mi estandarte.

 

Y es que….

Como dijera el poeta:

lo de ser ciego en Granada:

Yo te pido mi limosna

mi Nazareno y de Baza.

Que no hay mayor penitencia

ni hay en la vida nada,

como la pena señor

de no poder ver tu cara.

 

COSTALERAS Y COSTALEROS

No pueden ver tu cara las costaleras y costaleros mientras van bajo el paso, pero sienten y saben que vas justo arriba.  Estás tan cerca Señor. Y cuando podemos verla, a veces cuesta tanto aguantarte la mirada…

Están ahí mujeres y hombres que son, serán y también los que han sido tus pies señor. Que no olvidemos que han sido muchos, que lo son.

Todos son tus costaleros. Que te llevan como en un sueño, para que no sufras. Para que no te duermas o quizás como si estuvieras recién despierto. Saben que estás cansado. Te miman, te llevan despacio y suave, muy suave, aunque siempre de frente. Con fuerza y al compás de la ternura con la que se mece una cuna.

La Majestad sabe andar revirando en corazones y no debemos olvidar lo que Él nos pide a cada uno. Lo que hacemos y porqué. Solo Él, el Nazareno, es quien llama.

.

Dice el capataz ahí quedo,

y por la trasera: no es momento,

que me ha dicho a mí el romano

que quiere hacer un relevo;

Que ya no soporta más

señalarle con el dedo;

Mira: ha bajado los brazos

y ya ha soltado el flagelo.

A eso que se oye una voz

que firme entona diciendo,

tras presenciar sin perderse

la conversación atento:

Señores, no me olvidéis

que yo también voy “pa dentro”

Que ya sé que es el romano,

más yo soy el cirineo.

El romano que lo escucha

mientras reza un padre nuestro,

se quita el caso y la capa

y le dice al compañero:

Anda, déjame la cruz

y ve con los costaleros,

que no quiero que aquí arriba

esté solo ni un momento

el señor de los señores,

nuestro Padre Nazareno.

El cirineo le responde

agradeciéndole el gesto:

pero no sueltes la cruz

ni la apoyes en el suelo

cuando suene el llamador

que “la levantá” es al cielo.

Y por Dios, cambia esa cara

y deja de fruncir el ceño.

y no te dejes la capa

que esto Baza: aquí hace fresco.

Sin que se dieran ni cuenta,

quien habla es el Nazareno:

Venga, pues bajad los dos

y estad al martillo atentos,

que en el próximo descanso

os ponéis en un costero.

Pero marcad bien el paso

y no falléis ni un izquierdo.

Que Yo no me siento solo

estando ahí abajo ellos.

Más solo una “chicotá”

y cada uno a su puesto.

Que tú serás el romano

y más viejo el cirineo,

pero antes que vosotros,

por delante, por supuesto,

están por siempre conmigo

mujeres y hombres buenos.

¡Siempre de frente valientes¡

¡Todos a una Yo os quiero¡

Que no pienso dar un paso

si no es con mis costaleros.

 

YO QUISIERA

Por eso, ser tu costalero yo quisiera.

 

Y por querer yo quisiera

ser un lirio de tu paso o cera morada en tus velas.

Remar contigo avanzando, costalero en la bodega

de tu barco que es tu paso y Baza el mar donde navega.

Ser cuerda que amarra la cruz, que es mástil para la vela

de tu cuerpo Nazareno con tu gloria por bandera,

o ceñir en tu cintura el cordón que te rodea.

Ser el viento que te empuja a seguir aunque no puedas,

siempre con tus pies descalzos y siempre con la cruz a cuestas

buscando alcanzar la playa con tu barquita en la arena

y con el rumbo que marca tu zancada nazarena.

O ser brisa que te envuelve y te acaricia y te peina,

o la cruz del llamador, que llama ¡al cielo es a esta¡

Ser cirineo que te ayuda, o ese romano que lleva

como un látigo en la mano pero que nunca te pega.

Aunque pone mala cara, por su bien que no se atreva.

Ser el carbón que se prende o ser el incienso que impregna

el aire con los aromas desde el Río hasta la Sierra.

Ser uno de los incensarios o ser una de las navetas.

Ser el árbol de la plaza cuando este pueblo te espera,

deseando ver tu cara que aparece ya tan cerca

tras esa nube de incienso, que es el cielo el que se abre

cuando se abre tu puerta.

Yo por querer quisiera, aunque nada yo merezca,

ser azulejos de lirios que florecen tu fachada;

O ser tela de un balcón o ser escudo en la vara;

Ser capirote morado con capa de color grana;

Sumar nudo en el cordón otro año que regalas;

Ser uno más que contigo viste túnica morada;

Ser cirio morado encendido, siempre en tus filas moradas;

Moradas como mis venas, moradas son mis entrañas;

Morado como el cordón, morir con esta medalla.

Y si por querer quisiera, yo quisiera ser el agua

de la fuente de la Plaza de las Eras

donde antes la Esperanza te encontraba y la Alameda:

Donde mira el Camorras ondeando la bandera,

como pasa el Nazareno con su andar a su manera.

Ser por los Caños Dorados, antiguo escudo de piedra

que te haya visto pasar tantos años cruz a cuestas.

En calle Alamillos o Agua, ser ventana o una puerta;

Ser el techo de Santiago, maravilla de madera

que es cobijo de Dolores que fue tu madre primera;

O llegando a Calle Ancha, otro caño de agua llena,

y casi en Puerta de Lorca, un balcón o cualquier reja

donde ver que vas dejando de bajar y das la vuelta.

Ser dos casas de hermandad, que cuando pasas recuerdan

que en la esquina de Solares viene una “revirá” buena.

Y si por querer, quisiera ser

adoquín en calle Monjas o en la Presentación, la reja

de la capilla que es tuya porque también fue tu iglesia

donde se mudó Cabrilla, aquella hermandad primera.

O la torre a la que sube la Virgen Niña que enseña

a los niños bastetanos, una lección siempre eterna,

subiendo los escalones y desde allí se presenta.

Ser la luna que se asoma tras la torre y su veleta

para recordar que el paso a esa altura se detenga,

poniendo foco a tu cara, que en tus ojos se refleja.

Ser esquinas, dos palacios, Infantado en la edad media

o Marqueses de Cadimo, justo al lado de otra Iglesia,

Santo Domingo convento, que fue tu primera puerta.

O en la calle Los Dolores, ser las columnas de piedra

del retiro de la Virgen que en Silencio reza y reza.

O ya en la Plaza Mayor, ser de mármol una pieza,

techo de la sacristía o de la rampa la verja.

Ser la torre o su balcón, o las campanas que sueñan

con la aguja del reloj y que el tiempo se detenga.

O ser gotas de la fuente, que ese caudal que no cesa

son lágrimas de la Virgen que al Pie de la Cruz lo sueña,

y otras, son de la Victoria que presiente que te acercas

y en “Soledad” va esperando a que por tu casa vuelvas.

Y si por poder pudiera,

ser cornisa del museo o ser Alcazaba desierta

recordando aquellos años y soñando que volvieras

a subir a la Alcazaba por otra rampa que hicieran

de la Mayor y la plaza del Arco de la Magdalena.

Que ya no se pueden ver, en la rampa las hogueras

que alumbraban al bajarte a hombros tus costaleras.

Ser alero de una esquina o ser alguna promesa

que viviera aquel encuentro: el que Baza siempre anhela:

Nazareno y Esperanza: el mismo cielo en la tierra.

O viajar más al pasado en que aquel arco existiera

que por error demolieron: el arco de la Magdalena

y subías Zapatería a San Juan y hasta tu iglesia,

desde la Plaza Mayor y Santiago te siguiera.

Aunque ahora subes de nuevo, Caños Dorados la cuesta

y otra vez el Cascamorras, con su reloj y su cuenta,

que no ha podido estrenar por la maldita pandemia.

Pasas de largo tu casa buscando junto a tu iglesia,

la Virgen de la Esperanza que detrás llora su pena:

Ella te sigue y persigue pero ya nunca te encuentra.

Todo el año está en su casa y pasas cuando no está Ella;

Y por eso ya no puede parar aunque lo quisiera

de llorar, llora que llora la Esperanza Nazarena.

Más la esperanza no pierde, bien sabe que todo llega

y con este aniversario y que será cuando Dios quiera;

dos veces un mismo año, se programó que saliera:

a la calle el Nazareno y parará donde la viera

y Ella le estará esperando con sus manos bien abiertas,

muy cerca de la Victoria, vecinas puerta con puerta.

Nazareno si me dejas, Nazareno si pudiera

ser esquina que acaricie tu barco mientras se adentra

en la bocana del puerto donde abriga tu grandeza,

con la estrechez de tu paso por la Plaza de las Tetas.

Toda tu gente en tu barrio, toda tu gente tan cerca.

Todos juntos disfrutando, aunque solo si no piensan:

con otras dos “chicotás” la que se abre es tu puerta.

Ser caño en el Humilladero donde tu cara se espeja;

O ser Cruz de los Caídos en cada lirio que crezca,

o muralla en la Alcazaba, de lo poquito que queda,

que asoma por los tejados para ver cómo te encierras.

O ser otra vez cirineo y poner todas mis fuerzas

para abrazar a tu madre Victoria con dolor y pena.

Quisiera seguir soñando, que soñar nada nos cuesta.

Quisiera ser el que hizo la sonrisa tan perfecta

de la cara de la Virgen con ternura nazarena.

Quisiera ser su rosario aunque fuera de madera;

Quisiera ser el pañuelo que todas sus lágrimas seca.

Quisiera ser yo por siempre ya devoto de su esencia.

Ser uno de los custodios que a la hermandad te trajeran.

Ya te has llevado contigo dos que no son rosas secas,

que en tu jardín nazareno son dos rosas frescas, frescas.

Quisiera ser yo Victoria, capataz de tu belleza;

Quisiera ser como Tú, madre de tanta paciencia;

Quisiera ser yo la alfombra roja en medio de la iglesia

que el día de tu besamanos, hasta tus plantas nos lleva;

Quisiera ser tu dosel, o no sé lo que quisiera.

Y si pudiera poder;

Querría vivir otra vez tu bendición tan excelsa.

Quisiera poder volver, al primer día en que salieras

resumiendo dos mil mayos con tus cinco primaveras.

Barca de la Soledad que generosa cediera,

cuajada de bastetanos cofrades tu parihuela;

Yo quisiera agradecer que de novia te vistieras

con saya de la Esperanza y su toca en tu cabeza.

Quisiera poder vivir otra tarde tan intensa

y ver tu cara encendida con la luz de tantas velas;

Y a mi gente emocionada, a mi gente nazarena.

Quisiera oler otra vez, esa esencia de azucenas

que destilaba tu paso con tu gracia y tu pureza.

Quisiera ver otra vez, en tus brazos tantas cuentas

de las bastetanas vírgenes, rosarios que se movieran

con el andar de tu paso, mi Victoria “sanjuanera”.

Si yo supiera cantar con esta voz que no suena;

O si yo fuera capaz de escribir algún poema;

Si supiera componer una salve nazarena:

Quisiera mi partitura completar que resumiera

tantas cosas que me haces sentir y que me sirviera

para que marques mi ritmo y Tú, mi Virgen tuvieras

una marcha con tu nombre: Mi Victoria Nazarena.

Pero yo no sé cantar, ni escribir, ni soy poeta.

Madre, dejarme soñar, que sueño que si pudiera,

quisiera ser un varal que tu palio sostuviera

y que me fueran rozando tus bambalinas de seda.

Yo quisiera ver tu manto morado por la trasera

entre otros dos candelabros de cola llorando cera.

Acompañarte detrás con arrugas y mi vela

o hacer una “chicotá” bajo tu paso y salieras

y escuchar desde allí abajo “ vamos al cielo con ella”.

 

Al cielo con Ella nos llevó aquel 11 de mayo de 2.013. La cuaresma siguiente –hace 8 años- la hermandad de la Soledad me regaló que en este mismo teatro, pudiera exaltar su cartel, por ser una de mis fotos del pésame del Sábado Santo la elegida.

Era tan reciente la salida en su paso de la Victoria, que también en agradecimiento, me nació hablar de aquel día, en el que pude cantar a la Soledad, que los balcones de palo se habían hecho de fondo para que Ella pasara.

Por eso, hoy quiero ser bien nacido y recordar otro proyecto interrumpido por la pandemia. El del inicio del expediente de la coronación canónica de la Soledad, que inició su hermandad.

Mi Soledad generosa,

yo contigo estoy en deuda

y aquí aprovecho el momento

para que todos lo sepan:

¡Sabed que estoy deseando!

¡Cuánto antes quiero verla!

Que del cielo que es tu palio

unos angelillos vengan

y ciñan sobre tus sienes

una corona de estrellas.

¡aunque tú no necesitas

corona para ser reina!

Aquí con nosotros está tu corona Victoria.

Porque: Victoria Tú reinaras.

Victoria Virgen hermosa:

Eres la risa y el llanto

y eres triunfo en la tristeza;

En la pena eres encanto

y en el dolor la belleza.

El más bello de los mantos;

Refugio de mi tormenta.

Eres sueño, eres anhelo

y eres la madre perfecta.

Eres canto en el silencio.

Reina de paz en la tierra.

Eres luz en este atril;

Eres fuente en mi jardín.

Eres rosa y azucena,

albahaca y hierbabuena;

Mil flores de mi jazmín.

Madre, torre de marfil;

Sueño tu cara morena;

Mi luna llena de abril.

Mi Victoria nazarena.

 

Mi Victoria. Quisiste hacerte bastetana y Nazarena. ¡Ay¡ ¿Quien pudiera señora, sentir sobre nuestra espalda, el abrazo de tus andas?.

La Virgen de la Victoria quiso tener toca blanca

y se hizo dominica: una más de las hermanas.

Quiso aprender sus recetas. Quiso esperar en su casa

y rezar siempre con ellas, el rosario, su enseñanza.

La Virgen de la Victoria quiso que no se olvidaran

los ancianos ni los niños, ni a los padres que paran,

ni a los separados padres que de los hijos separan.

¡La Virgen de la Victoria quiso hacerse tan humana¡

Acompañar a sus hijos y consolarles el alma.

Recoger la cruz de Cristo, descargarla de su espalda.

Y quitarle las espinas y curar todas sus llagas.

La Virgen de la Victoria quiso quedarse aquí en Baza

y los ángeles del cielo desconsolados lloraban,

al ver que se había hecho nazarena bastetana.

La Virgen de la Victoria se hizo paloma blanca

y tocó los corazones nazarenos con sus alas.

 

Pero no tendría sentido la Victoria de la madre, sin la pasión de su hijo Nazareno.

La oscuridad de la casa de hermandad le recuerda el Calvario. Una espesa neblina envolverá a quienes permanezcan al pie de la cruz. No es su hijo hombre común y corriente. La tierra temblará y todo se tornará en una noche eclíptica, negada de la luz del cielo.

La rosa de San José se va deshojando en su dolor y su pena. Sus lágrimas centellean en la oscuridad como lo hacen las luces de los sagrarios.

 

NO ES DE ORO TU CORONA

En esas horas tan largas

que la Virgen pasa a solas,

nunca pierde la Esperanza

esperando su Victoria.

Nada más cerrar la puerta

suspira, llegó la hora.

Su hijo va para el Calvario

que es Baza por unas horas

y ella entre la oscuridad

rompe a llorar con las sombras.

¡Si ella pudiera cambiarte

una corona por otra¡

Tiene guardados pañales

desde Belén hasta ahora,

que aunque perfume de ungüentos

en blanca mortaja se tornan.

No falta con el incienso,

esencia de lirios y rosas.

Su saya otra vez almohada

de tu cuerpo que destrozan.

Ya vuelve la procesión

y la Virgen ya solloza.

Otro suspiro en su llanto,

otras lágrimas que brotan.

Otra vez llega el momento

de que estéis los dos a solas.

Te ayuda a dejar la cruz,

y quita del cuello esa soga.

¡Si ella pudiera cambiarte

una corona por otra¡

La de espinas en sus manos

y en tu frente su corona.

Ella quisiera curarte

con sus manos sanadoras

y tronchar una por una

las espinas que perforan

tu frente y demás heridas,

rodillas, costillas rotas;

Tu espalda siempre morada;

Besarte tus llagas todas.

Ella quiere consolarte;

A Ti con mirarla te sobra.

Sabes las siete palabras

Que dirás una tras otra:

¡Que no saben lo que hacen¡

al Padre que nos perdona;

El paraíso aseguras

al ladrón que te lo implora.

Mujer ahí tienes tu hijo,

tu santa madre nos donas.

¡Si ella pudiera cambiarte

una corona por otra¡

La de espinas en sus manos

y en tu frente su corona.

Y gritarás ¡ay Dios mío¡

Padre ¿Por qué me abandonas?

Sin fuerzas dirás: tengo sed

y todo cumplido a esa hora,

para encomendar tu espíritu

a Dios Padre que no ignora.

Y nosotros mientras tanto,

como siempre a nuestras cosas.

Nos sortearemos la túnica;

Te dejaremos sin ropa.

Preparados ya tenemos

tres clavos, caña y esponja.

Y al gritar sed de justicia,

poner vinagre en tu boca

y la lanza en tu costado

del que agua y sangre brota.

Y un ladrón a cada lado

y un cartel haciendo mofa:

Nazareno como un rey,

mas de espinas tu corona.

Es tu cuerpo malherido

trigo oculto entre amapolas,

convertido en un jardín

cuajado de rosas rojas,

entre los lirios morados

de tu sangre redentora.

¡Si ella pudiera cambiarte

una corona por otra¡

La de espinas en sus manos

y en tu frente su corona.

Ella vuelve a revivir

lo que ocurre tras la aurora,

y te piensa rescatado

y en la cruz, Misericordia.

Por el barrio de Santiago

va llorando dolorosa.

Y en la Merced, Soledad,

Caridad de Dios tan sola.

Y por la Iglesia Mayor,

ya te guarda la corona

de espinas entre sus manos,

al pie de la cruz llorosa.

Y con un manto ya negro

grita un Silencio que atrona.

La Virgen de la Victoria

con la Esperanza se asoma

hasta la Plaza Mayor

que de Amor ya se desborda.

O descendiendo la cruz,

otro puñal que perfora

entre Magdala y Rocío

su corazón en el Gólgota.

¡Si ella pudiera cambiarte

una corona por otra¡

La de espinas en sus manos

y en tu frente su corona

Ella sabe que lo sabes;

Que pese a todo perdonas;

Ni tu pasión es perdida,

ni tu final la derrota.

Entre su manto y tu cruz,

nos regalas la Victoria.

Te recogerá en sus brazos

como la Piedad que llora

y cambiará de tu frente

una corona por otra:

La de espinas en sus manos

y en tu frente su corona.

Ella te canta la nana:

Duérmete, descansa ahora.

Nana para un Rey. Antonio Martínez Ares para Pasión Vega

Duérmete tesoro mío,

no tengas miedo de ná,

mi pecho combate el frío,

por tus manitas helas.

Calla, que tras la colina

está la muerte acechando,

viene cargada de espinas,

cruces, fatigas y clavos.

Nana para unos ojos morenos,

nana, para mi estrella y mi cielo.

Nana pa un ángel recién nacido,

nana, que se me ha quedado dormido.

Cuando ríe se ilumina

las ventanas de mi ser.

Que hermoso es dar luz divina

y que delirio querer.

Yo estaré siempre a tu vera,

sueña libre pastorcillo.

¡a la eahh eahh eahhh ¡

¡que penita de mi niño¡

Nana para unos ojos morenos,

nana, para mi estrella y mi cielo.

Nana pa un ángel recién nacido,

nana, que se me ha quedado dormido.

 

La Virgen nos regala su lección de eternidad, con la muerte dormida entre sus brazos.

Me tendrán que perdonar, si en llanto vuelvo mi canto viendo a quien nos ama tanto con nuestra culpas cargás: la cruz en la que expirará por lavar nuestros pecados y nuestras almas limpiar. Me tendrán que perdonar si a la alegre navidad quiero recordar con cantos, más no puedo yo olvidar que lloraré el Viernes Santo. Me tendrán que perdonar, pero cerrando tu puerta, recordando un villancico, me ha salido esta saeta.

Y nosotros, mientras tanto, nos lavamos las manos como Pilatos. Te traicionaremos como los apóstoles y seguiremos dormidos en el “huerto de los olvidos”.

Y tú que todo lo sabes, a pesar de todo, nos amas y nos perdonas. ¿Hay acaso mayor ejemplo, mayor amor que el tuyo? Nos entregas la Cruz. Tu vida por salvarnos. Tú que entregando la vida nos entregas a tu Madre.

¿Quien supo ponerle nombre? ¿Quién te robó la sonrisa de Victoria sobre la muerte? ¿Quien la Amargura talló retratando tu hermosura? ¿Quién lo bajó de la Cruz y lo puso en tu regazo? ¿Quién le arrancó de los pies y las manos los tres clavos ¿Quién lo entregó sin brillo en los ojos sobre la saya que en Belen le acunaron? ¿Quién tu pena y tu dolor en el rostro te clavaron?

¿Quien fundió tus cinco lágrimas que los cristales lloraron?

¿Quién le quitó los espinos sobre sus sienes trenzados? ¿Quién se atrevió a hincar la lanza en su bendito costado? ¿Y quién le cerró aquellos ojos entornados, donde se posan los tuyos tan llorosos y cansados? ¿Quién te quitó de las manos el pañuelo que llevabas. ¿Quien te ha puesto ese sudario?

Si hubiéramos estado allí, si estamos aquí y ahora. ¿No hubiéramos sido nosotros? ¿Acaso no lo hacemos? Deberíamos meditarlo.

Pero nos dice el Evangelio:

“Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo. Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre que me ha enviado. Y yo lo resucitaré en el último día” Juan 6, 44-51

Y Él por su amor, nos salvó. Al tercer día nos salvó.

Es como si la Victoria fuese a depositarlo en el sepulcro…quizá lo haga simbólicamente en su visita anual con su rosario vespertino.

Que no falte ese rosario,

que no falte quien lo rece.

Que la Victoria lo entregue.

No nos faltes Nazareno

y de tu mano nos lleves,

por el río de la vida

hasta tu mar con tus redes

y tu barco navegando

valiente siempre de frente,

para atracar en tu puerto

Nazareno ya por siempre.

Tu puerto de aguas tranquilas:

Jardín de lirios que tienes,

aunque no lo merezcamos

por no cumplir con tus leyes.

Perdónanos Nazareno;

Perdónanos si Tú quieres.

Perdónanos que Tú sabes

lo que en el alma se siente,

las noches largas y oscuras

hasta que las amaneces.

Y duérmete con tu madre,

que en la Victoria te duermes.

Y al llegar el Viernes Santo

los bastetanos te entierren

muy cerca de la Piedad:

Y que entre sus brazos sueñes,

en medio del camarín,

bucle de principio y fin,

que es tu cruz y tu pesebre;

Y a su vez puerta del cielo,

sepulcro vacío por suerte.

Porque es ligera la losa

y Dios glorioso la vence.

Que glorioso resucite

y al mismo cielo se eleve,

antes que nos demos cuenta

y antes de que se siente

a la derecha del Padre

y allí permanezca y quede,

como dormido se queda;

Como duerme sonriente

en los brazos de su madre:

Fruto santo de su vientre,

abrazo de la Piedad

y Victoria eternamente.

Que así encontré la respuesta,

que yo creo ciertamente

que Dios se hace bastetano

donde el reino manifieste.

Y así cada Jueves Santo,

es la Victoria que quiere

cantar una nana al niño

y nunca muera: se duerme.

Y por eso el niño Dios

sobre su cabeza tiene

su corona: rey del mundo

dorada sobre sus sienes.

Que en Baza Dios resucita

y así lo haga por siempre,

en brazos de la Piedad

cuando el niño se despierte.

Y la Virgen que lo mima

recién despierto lo apriete,

y nos muestra la Victoria:

De Baza no se la lleven

aunque venga el Cascamorras;

Por más veces que lo intente.

Que esté mi gente dispuesta,

que venga el tiempo y se pare.

Que empiece el tiempo, distinto.

Que por Baza y por sus calles

irá navegando mi Cristo.

Que pare el tiempo, que pare,

que el pregonero…se calle.

Que al fin anuncia salir

el Nazareno a la calle.

Todo siempre si Dios quiere

Y si me das a elegir

como mi alma se entregue.

¡Si me dieras a escoger

como y cuando poder verte¡

Si tu quieres Nazareno,

cuando el alma ya trasciende:

Si pudiera, pediría

me rodeara mi gente,

con mis hijos ya crecidos

y si acaso mereciere,

me permitiera San Pedro

que por tu puerta yo entre.

Y encontrarte allí en tu gloria

cara a cara de repente.

Apriétame Tú las manos

y bésame Tú la frente.

Nazareno.

He dicho.