686. Qué desilusión

Por Lola Fernández.

Supongo que casi todos estaremos de acuerdo en lo de que se hace camino al andar, y creo que será también mayoritario el sentir de que se avanza y se aprende a base de desilusiones, dejando a un lado por hoy el tema de los errores y las decisiones. Si miro hacia atrás, la primera gran desilusión, gracias a una hermana mayor poco sensible al respecto, fue descubrir, a los seis años, el regalo que me iban a traer los Reyes Magos escondido en un armario; aquello fue mucho más que desilusionarse, podría definirse, sin exagerar, como la pérdida de la inocencia: se esfuma instantáneamente cierta magia que no recuperas, y tropiezas con la mentira, que te regala como añadido la desconfianza. Después es un suma y sigue, dilatado en el transcurso de los años, que se va adentrando en diferentes aspectos de nuestra vida, tales como la amistad, el amor, el trabajo… De desilusiones sentimentales mejor no hablar, porque dejan heridas en el corazón que a veces nunca llegan a cerrarse, aunque suelen tener la compensación de que te ayudan a encontrar la persona más adecuada para compartir contigo tu proyecto vital. Y de las relacionadas con esa gran ilusión, tal vez espejismo, a la que llamamos amistad, cuántas traiciones y decepciones nos regala a lo largo, y ancho, de los años. Respecto al trabajo, unamos expectativas no alcanzadas, con envidias y zancadillas, y tendremos una buena definición del aspecto laboral que desilusiona, dejando aparte muchas cosas buenas, como en todo.

Foto: Lola Fernández

Digamos que lo anterior se circunscribe al mundo más personal e individual, aunque a veces sea un compartir; aparte está lo relativo a la sociedad, a lo comunitario, a lo que nos atañe como seres sociales. Ahí aparece además la impotencia, porque respecto a amigos, amores o compañeros de trabajo, somos generalmente libres para dar carpetazo a las diferentes relaciones, dejando atrás a personas que no nos merecen la pena en ningún sentido; pero con lo social suele ser muy distinto. Tengo algunas capturas de prensa de estos días, que me sirven como ejemplo de la desilusión con respecto a la Justicia: una jueza de Sevilla que da la custodia de una niña de seis años a su padre, investigado por abusar de ella; la Audiencia de Lleida, que absuelve al acusado de agredir sexualmente durante 13 años a su hija discapacitada; la Justicia confirmando la absolución del hombre que amenazó con hacer heterosexual a hostias a un joven durante el Orgullo… O con respecto a la gente en general: los casos de sarampión se duplican en España, con un 80% de contagiados por no vacunarse, mientras se reducen un 78% en Europa; indignantes insultos machistas desde un programa televisivo de gran audiencia contra una tertuliana de otra cadena y diferente ideología…; por no hablar de la Política, que eso es punto y aparte desde que la ultraderecha entró en el Parlamento, y la derecha se radicaliza día a día, desnortada y vergonzosa, compitiendo y casi sin diferenciarse de ella. Hago una pequeña pausa y miro una foto de días pasados de la sierra, bonita y nevada, mientras automáticamente me digo eso de año de nieves, año de bienes, para de inmediato sentir que esta nieve también es pura desilusión, porque el año no ha podido empezar con peores perspectivas para las cosechas; en fin, no me negarán que las cosas están más que propicias para pronunciar un qué desilusión que nazca del alma.