699. Un puñado de amapolas

Foto: Lola Fernández

Por Lola Fernández.

Como muestra de que el tiempo pasa imperturbable y ajeno a los asuntos mundanos, ya tenemos aquí la última semana de mayo, y lo hacemos pudiendo sentirnos privilegiados por vivir este mes dos lunas llenas, la que lo iniciaba, la Luna de las Flores, y con la que lo acabaremos y daremos paso a junio, la Luna Azul. Si los plenilunios están cargados de belleza, tener nombres así de bonitos es un plus para los corazones románticos, que seguro que los hay y están pletóricos en un mes tan primaveral y florido. Bueno, no nos quejaremos a estas alturas de año, porque estamos teniendo un poco de todo en esta estación: viento, lluvia, frío, tormentas, calor, días más largos con el añadido de luz diurna… Bastante equilibrados estamos los humanos, habitantes de una Tierra sometida a la rotación y a la traslación, que ya no solamente gira sobre su eje y orbita a la vez alrededor del sol, sino que lo hace a velocidades de vértigo. Si a ello le añadimos que la música que nuestro planeta lanza al espacio sideral la marcan más los tambores de guerra que los trinos de los pájaros, demasiada armonía cobijamos y nos resguarda de los desajustes externos. Que a nadie se le ocurra pensar que somos seres débiles, porque poseemos una fuerza que en nada ha de envidiar al mundo que habitamos; otra cosa es que lleguemos a olvidar que él puede hacernos desaparecer en un instante con un simple estornudo, válgame el recurso retórico.

Foto: Lola Fernández

Y en un ámbito tan cambiante, nada tiene de extraño que todo se transforme, aunque, curiosamente, junto a tanto cambio, hay siempre un juego de resurgimientos y de recuperar cosas, asuntos, eventos y modas que podríamos pensar en un momento dado que ya no volverían nunca más. Qué equivocados estamos si así lo creemos, pues la verdad es que el pasado siempre vuelve, y no sólo porque regrese a nuestro presente todo lo que anteriormente dejamos sin resolver, sino también porque hay mucho resuelto que de repente reaparece, sin ni siquiera saber por qué, o porque las nuevas situaciones tienden a resucitar cuestiones ya más que finiquitadas. A ver, ahora que el loco pitres de Trump amenaza con retirar militares estadounidenses de las bases españolas, también de Italia y Alemania, que él ya se sabe que es algo histriónico y grandilocuente, ha vuelto a adquirir toda la vigencia y validez el Yankee go home de antaño, cuando ese grito de ¡Yanquis fuera! se había quedado desfasado y fuera de lugar. Se supone que los militares de USA que viven en nuestras bases, de soberanía española, están ahí con funciones de colaboración y defensa en caso de peligro para nuestro país…; pero de qué nos pueden servir cuando el mayor riesgo y las peores amenazas nos llegan precisamente de los EE.UU., qué seguridad nos puede proporcionar un ejército adversario: mantenerlos aquí es tanto como tener el enemigo en casa. Y es que la vida da casi tantas vueltas como la Tierra, espero que más pausadamente, aunque lo cierto es que a veces es todo un torbellino que nos exige la máxima fortaleza. No es nada excepcional, pues, agarrarse a las cosas sencillas y casi imperceptibles, como es observar el paso de las fases lunares y aprovechar cuando menos luz hay allí arriba para disfrutar mirando los cielos cuajados de estrellas; o pasear cuando sobre los campos de cultivo hay alfombras amarillas, rojas, azules y de los diversos colores de las flores silvestres que crecen entre los sembrados: un sencillo puñado de amapolas al borde del camino ya es en sí mismo un poderoso antídoto contra el estrés de los tiempos que vivimos.

698. Protagonismos

Foto: Lola Fernández

Por Lola Fernández:

Subjetividad, objetividad, protagonismo, usurpación, influencia, denuncia, propuesta, problemas, solución, conceptos todos ellos ligados de una u otra manera al acto de escribir. Por supuesto que lo principal y delimitador es qué se escribe, pues no es lo mismo una noticia, un texto científico, un ensayo, literatura, o un artículo de opinión como este, pongamos por caso. Es obvio que hay textos en los que primará la información de hechos que pueden verificarse, con el uso de la tercera persona y una neutralidad exenta de emociones; vamos, lo que se conoce como objetividad y lenguaje denotativo. Por otra parte, tenemos la subjetividad, el filtro personalísimo de quien escribe expresando la santísima trinidad de la visión individual: sentimientos, sensaciones y emociones; aderezado todo ello con juicios de valor, opiniones y un lenguaje connotativo propio de quien se torna protagonista al escribir. También está meridianamente claro que estamos ante las dos caras de una moneda, que no pueden darse, seguramente, de un modo puro aisladamente, sino que juegan a combinarse en las dosis adecuadas, según el momento y la finalidad. Me parece indiscutible que, incluso en un marco de objetividad pura y dura, la misma elección de un tema ya impregna de subjetividad lo expresado; es como utilizar una cámara fotográfica: habrá elementos técnicos y mecánicos, pero por encima de todo tendremos el poder de la mirada y de la visión personal de quien realiza la fotografía, y eso, no creo que haya muchas dudas, es pura subjetividad.

Foto: Lola Fernández

Avanzando un paso más llegamos al tema del protagonismo: se puede escribir subjetivamente y no por ello robarle el papel principal a quien lo ostenta por relevancia y oportunidad; porque de hacerlo, entramos de lleno en otra noción, relacionada pero distinta: el afán de protagonismo. Es querer ser el centro de atención de un modo exagerado y excesivo, desviando el enfoque lejos de lo realmente interesante, lo cual denota cierto histrionismo y algo de narcisismo. Se puede decir yo, a pesar de que el uso de los pronombres personales no es, al contrario que en inglés, obligatorio; lo que excede ya de la normalidad es usar un yo, mí, mío, y anunciarse a bombo y platillo. Cuando se tiene algo que decir, o que escribir, lo esencial es hacerlo con argumentos y el apoyo de la realidad más objetiva posible, sin que sean precisos la grandilocuencia y el estruendo, porque a veces ocurre que el ruido no te permite ver lo realmente relevante. Al mirar la fotografía elegida para este artículo, me pregunto cuál es el protagonista principal, si el cielo, la tierra o la montaña, y estoy segura de que será diferente según quien la mire; porque esa es otra: junto al valor de la mirada propia y personal de quien hace una foto, la importancia de la mirada ajena de quien la ve; y esto es tan válido en el arte de la fotografía como en el de la palabra, dejando aparte connotaciones añadidas de cualquier clase. Al final, los auténticos protagonistas en cualquier autor que crea algo de la nada son su estilo y su personalidad, rasgos particulares que se fusionan con el mismo proceso de la comunicación en general, y que consiguen que dicho autor sea reconocible por tener una voz y una creatividad propias.

697. Otra propuesta (a ignorar)

Foto: Lola Fernández

Por Lola Fernández.

Supongo que los responsables del tema cultural en nuestra ciudad están sobrados de buenas ideas e imaginación, lo que siempre será positivo para Baza, por ello entiendo que ignoraran supinamente mi propuesta sobre mini bibliotecas urbanas para intercambiar libros gratuitamente. Aunque ello no me quita las ganas de seguir haciendo propuestas personales sobre elementos que echo de menos y que fácilmente encuentro en otras ciudades, sabiendo de antemano que seguramente tendrán la misma nula acogida, pero eso ya no es problema mío, sino de la capacidad de empatía y la receptividad ajena, y en eso cada cual posee lo que le ha sido concedido al nacer y al educarse en sociedad, que ya se sabe que no se le pueden pedir peras al olmo. No soy muy dada a nostalgias del ayer, pero tengo memoria y tuve la suerte de disfrutar del buen hacer de don Enrique Pareja, dirigiendo la Banda Municipal de Música de Baza; me recuerdo corriendo Alamillos abajo siguiendo a los músicos en días de fiesta, mientras la música llenaba el aire de alegría. Como me acuerdo de cuando la Feria era en la Alameda, y disfruté de no pocos conciertos en su escenario permanente: Mocedades, Mari Trini, Juan Pardo, entre otros, y siempre en momentos de plena actualidad de los diferentes artistas. Pero aquel escenario fue desmontado al reformar la Alameda, y nunca más se supo, al igual que fue cerrado un bar que era muy frecuentado y cuya terraza era estupenda cuando llegaba el buen tiempo. Está muy bien haber recuperado como espacio escénico el Teatro Dengra, donde tantas y tan buenas películas vi en otros tiempos, y al menos en él hay una programación cultural al uso, si no para todos los gustos, seguramente que para los mayoritarios, con lo cual ya cumple. Aunque, qué quieren que les diga, un solo paseo por el Puente Carlos de Praga muestra más arte y cultura que toda una programación semestral por estos lares, y no es una boutade, créanme.

Foto: Lola Fernández

Don Enrique Pareja ya nos dejó, pero seguimos manteniendo la Banda Municipal de Música, y también desapareció el escenario permanente de la Alameda, aunque en ella hay más que espacio suficiente para levantar un quiosco de música, sencillo y bonito, fijo que no demasiado oneroso, desde el que ofrecer conciertos a cargo de la Banda al menos los días festivos, para gozo y disfrute de todas y todos los amantes de la música, que llenaríamos de vida el parque, teniendo un interesante pretexto para acudir, sin que se quedara en un paseo arriba y abajo, como generalmente. Un templete en la Alameda serviría igualmente para esporádicos conciertos de grupos musicales, incluso para algún que otro recital de poesía, que, aunque algunos parecen olvidarlo, siempre ha sido muy del agrado de muchos bastetanos. Y esta es mi nueva propuesta dirigida a quien corresponda, con el sincero deseo de que sea tenida en cuenta, pues no busca satisfacer egoísmos particulares, sino tener en Baza lo que tantas veces hallo fuera cuando viajo, en esos momentos en los que íntimamente me digo que por qué no lo puedo encontrar en mi ciudad, donde siempre tengo la sensación de que hay más demanda que oferta, y eso, al menos respecto a la cultura, es algo que no es difícil de solucionar: basta con algo tan sencillo como saber escuchar y no desechar peticiones de antemano, a veces por algo tan absurdo como por rechazo a quien las haga, olvidando que Baza debería ser lo más importante.

696. Como si no existiéramos

Clicar en la imagen para ampliarla

Por Lola Fernández.

Hablar de fútbol femenino es hacerlo de Alexia Putellas, la Reina, como se la conoce entre los culers, los seguidores blaugranas, barcelonistas, que la admiramos por ser un referente dentro y fuera del campo de juego, y más ahora que ha conseguido desbancar al mismísimo Messi, al conseguir su título número 36, frente a los 35 alcanzados por el argentino vistiendo la camiseta del Fútbol Club Barcelona. A falta de cuatro jornadas, el equipo femenino ha conseguido su liga decimoprimera, séptima consecutiva, de las cuales 10 las ha ganado Alexia, igualando en el dato a Messi nuevamente. Después de eso esperaba poder escuchar en la radio y ver en la televisión el relato de tal proeza, pero no, la noticia del día era una lesión de Lamine Yamal, y ni siquiera en la prensa especializada podías ver noticias relativas, a no ser que buscaras el menú y accedieras a través de Fútbol femenino, que ya les vale, de verdad. En todos estos temas, es como si las mujeres fuéramos invisibles, como si valiéramos menos; incluso hay ocasiones en que alguna deportista extraordinaria, caso de Carolina Marín, la mejor europea en bádminton, y una de las mejores del mundo, sólo se hace mayoritariamente conocida y famosa porque sufrió una grave lesión cuando estaba a punto de alcanzar la final olímpica en París 2024, perdiendo una casi segura medalla de oro para España, ella que cuenta en su palmarés con tantas medallas de oro como para ser un referente mundial en su disciplina deportiva, y que sólo ha visto llegar el reconocimiento general tras una lesión que la ha obligado a retirarse para siempre. Es así este país, tenemos maravillosas deportistas, jugadoras y atletas en múltiples disciplinas, con espectaculares resultados y liderando a nivel mundial, pero los premios y la fama en España se los llevan mucho más los chicos, como si sus hitos y hazañas fueran superiores sólo porque los han logrado ellos.

Clicar en la imagen para ampliarla

Alexia Putellas y Aitana Bonmatí, cinco balones de oro entre ambas; Mireia Belmonte, magistral nadadora; tantas y tantas tenistas excelentes: Arancha Sánchez Vicario, Conchita Martínez, Garbiñe Muguruza; atletas como Ruth Beitia, María Pérez, Ana Peleteiro, Sandra Myers, …tantísimas mujeres que han destacado y brillan por su innegable talento y su afán de superación, invencibles al desaliento que pueda provocar el machismo que supone valorar siempre más los logros masculinos, o relativizar los éxitos femeninos, por un motivo u otro, que todo les vale a gañanes que hasta se permiten el lujo de compararse con, por ejemplo, Alexia y afirmar tan ricamente que ellos siempre son mejores, porque hasta los niños de la escuela juegan mejor que cualquier mujer. También es verdad que esa no es exactamente la tónica general, porque las audiencias y la lealtad de las aficiones seguidoras no entienden de tanta tontería y misoginia; aunque sería de agradecer que los partidos de los equipos de mujeres no tuvieran siempre los peores horarios, o estuvieran casi invariablemente en las cadenas menos principales, y más aún si coinciden con los masculinos; incluso que después de una rotunda y notable consecución no cortaran la emisión sin más, cuando en el caso de los hombres se montan un especial en un periquete y les dedican todo el tiempo del mundo. En fin, son tantas las quejas y también las peticiones de cambio, que es difícil concretarlas, aunque podría resumirlas en el deseo de que finalmente las mujeres consiguiéramos sentir que importamos de una bendita vez por todas, sin condenarnos prácticamente siempre a tener la sensación de que es como si no existiéramos.

695. Furiosa primavera

Foto: Lola Fernández

Por Lola Fernández.

Tengo todas las calles para echar a correr, canta Mercedes Ferrer en una de sus canciones, y cuando recorro las de mi ciudad podría cambiar la letra por para echarme a temblar, tal es el estado de demasiadas de ellas. A poco que te fijes, hay asfaltos que parecen la piel arrugada de un elefante viejo, claro que al paquidermo le sirve como mecanismo de refrigeración, esencial para su supervivencia, pero las grietas de las calles sólo sirven para el desgaste de los neumáticos de los vehículos, y para transformarse en baches en cuanto llegan las lluvias. Sé que los políticos se pirran por salir en la foto, ocurriendo en ocasiones que la imagen les preocupa más que el evento, y, si hay constancia gráfica visual, lo primero que mirarán es si salen ellos y al lado de quién, siendo algunos expertos en la ubicación y colocación, convencidos de que si no se les ve es como si no hubieran estado. A todos les diría que se preocupen más por salir a la calle y hacer fotografías, y menos por su protagonismo personal; y si no cogen la cámara, al menos que observen con atención, porque lo que se ve por aquí y por allá no tiene desperdicio. La imagen que acompaña este artículo la hice al comprobar que no podía ir por la acera, puesto que se había convertido en toda una jungla, cuando iba a pasear por la vega; en ésta, curiosamente, en prácticamente todas las fincas están en estos días, de furiosa primavera, fumigando y cortando las malas hierbas que crecen entre el asfalto y las propiedades, con el evidente propósito de evitar que la maleza se apodere de lo que no le pertenece. Ya sabemos que la sabiduría del campo no se puede traducir al casco urbano, puesto que nada tienen que ver entre sí, pero el mantenimiento y el cuidado podrían ser fácilmente comparables, y con idéntico grado de exigencia.

Foto: Lola Fernández

Me pregunto por dónde caminan los responsables políticos del gobierno municipal de Baza, porque es imposible creer que no pisan una avenida como la del Mediterráneo, por citar a la protagonista de la fotografía de hoy. Por supuesto que si fuera un callejón tendría los mismos derechos que una avenida, no vayamos a inventar un clasismo urbanístico en función de la anchura y extensión de sus diferentes elementos, pero es que se supone que una avenida tiene una relevancia especial, y sus amplias aceras, sus farolas, sus bancos, los árboles que están ahí para crear zonas de sombra y cumplir importantes funciones que van mucho más allá de su belleza, requieren de esfuerzos que no pueden descuidarse en cuanto a conservación, limpieza, arreglo de desperfectos, etcétera. Hay que regar, que barrer, que vaciar papeleras, que arrancar de cuajo las malas hierbas que van naciendo donde menos se las espera, que mantener limpias las zonas de contenedores de basura y reciclados varios, porque si no se hace así, llega un momento en que da hasta asco salir a andar por la ciudad. Y no me sirve de nada que donde acaba, o donde empiece, según se mire, tal avenida, me colocaran un largo mástil con gran bandera nacional: sé que soy española sin que una enseña me lo recuerde, como sé también que el dinero municipal hay que gastarlo en cosas mucho más importantes, para que los vecinos podamos andar sin tener que bajarnos de las aceras, y coger los coches sin destrozar las ruedas, que para eso se pagan los impuestos de circulación. No estoy hablando de deseos y buenos propósitos, sino de exigencias ciudadanas y responsabilidad política de quienes han sido elegidos por todos como nuestros representantes, y no precisamente para que muestren su narcisismo posando en la foto de turno.

 

694. Tila para todos

Foto: Lola Fernández

Por Lola Fernández.

Los resultados de las elecciones generales en Hungría, donde, con el mayor porcentaje de participación en toda su historia democrática, los votantes han conseguido apear del poder a la más rancia ultraderecha tras 16 años recortando derechos y boicoteando muchas iniciativas de la UE, como las ayudas a Ucrania, por poner un ejemplo, son tan ilusionantes para quienes creemos en la democracia, como desalentadores para una ultraderecha española financiada directamente por Orbán, y para la derecha más extrema que se haya conocido en España, la misma que es rehén de Vox, por estar sus destinos atados si quieren gobernar en estos tiempos en los que las mayorías absolutas son ya muy difíciles de alcanzar. Será porque soplan malos vientos para el fascismo, será porque por muchas trampas que ideen no pueden acabar con el legítimo Gobierno de coalición actual, será porque no llegan a acuerdos en las distintas autonomías que están pendientes desde hace meses, incluso trimestres, pero la cosa es que la oposición ultraconservadora muestra evidentes signos de nerviosismo, con una agresividad creciente y llamadas indisimuladas al uso de la violencia. Que un diputado ultraderechista se encare violentamente con quien preside el Congreso, ignorando que el Parlamento es la sede de la soberanía popular, algo absolutamente sagrado en un Estado social y democrático de Derecho; o que un diputado murciano llame a combatir incluso con violencia el libre ejercicio de derechos reconocidos legalmente, habla de lo revueltas que están las aguas en el ámbito de la política.

Foto: Lola Fernández

Por si fuera poco, en estos días se ha procedido al séptimo proceso de regularización extraordinaria de inmigrantes en nuestro país desde la década de los 80, impulsados los anteriores por gobiernos de diferente ideología, sin mayores contratiempos. Los realizaron anteriormente González (3), Aznar (2) y Zapatero (1), con la misma pretensión que ahora lo ha hecho Sánchez: dotar de documentos legales a inmigrantes en situación irregular para garantizar los derechos de las personas y proporcionar seguridad jurídica al sistema. Nunca antes hubo el más mínimo problema y España no se resintió en absoluto, lo que pasa actualmente es que la ultraderecha, de la mano de la derecha más ultra, quiere que comulguemos con su criminalización del migrante, soltando su consabida batería de bulos y mentiras para enrarecer el día a día y la convivencia entre los españoles y quienes ya muestran un arraigo entre nosotros y precisan una legalidad que les proteja del abuso en tantos sentidos, especialmente en el laboral. Un inmigrante no es necesariamente un violador, un ladrón o un asesino, como tampoco lo es un nacional, y hacer semejante equivalencia es fascismo puro y duro, amén de racismo y xenofobia. Hay muchos delincuentes nacidos en España, no hay más que ver la cantidad de políticos que copan el protagonismo principal en la agenda judicial; como hay muchos inmigrantes que sólo quieren trabajar y vivir en paz, ocupando muchas veces puestos de trabajo que los españoles no desean, por lo que la competencia con ellos no es real. El otro día fui a Urgencias, y constaté con máximo desagrado ciertos murmullos de rechazo cada vez que era llamado un Mohamed, o una Fátima, por citar dos nombres extranjeros sencillos; lo increíble es lo poco que les molesta, a esos que tanto murmuran, ver a esas personas, que se merecen todo nuestro respeto, como mano de obra barata en el campo, o en la construcción, o en el servicio doméstico, o cuidando de nuestros mayores. Regularizar su situación cuando es irregular y ya forman parte de la vida de nuestro país, no sólo no es malo, sino que es muy bueno, para nosotros como personas, y para España como país; así que menos nervios y, si es necesario, tila para todos los que muestran síntomas de histeria, ya sea en sobre o a granel.

693. In memoriam

Foto: Lola Fernández

Por Lola Fernández.

Hace unas semanas me encontré con la historia, recobrada del olvido, de una familia que vivió en un nido de ametralladoras entre dunas y frente al mar, en uno de los pocos espacios naturales sin urbanizar que hoy quedan en la Costa Dorada. En el búnker del humedal de las Madrigueres, hoy rescatado y convertido en homenaje y memoria de una familia que lo habitó durante cuatro años de la posguerra, un mural del Guernica y unos versos de una de las hijas, que ha escrito algún poemario y un libro relatando su experiencia, y cuyas palabras expresan muy bien lo que les tocó vivir: “Perdedores de una guerra, el 16 de julio del 49 llegamos al búnker de les Madrigueres, construido por los republicanos en 1937. Aquí vivimos mis padres, Eduardo Casas Pastor y María Perín Moreno, y los cinco hermanos (Olga, Manuela, Trinidad, Eduardo y José Matías) durante los años duros de postguerra. José Matías nació en el búnker en 1950. Veníamos desde Marmolejo (Jaén) en busca de un futuro mejor, pero los primeros años no fueron fáciles. Habíamos perdido la guerra y aún quedaban muchas batallas que ganar a la vida. Al llegar, el búnker estaba lleno de arena. Mis padres lo limpiaron, blanquearon por dentro y por fuera y lo dejaron como los chorros del oro. Al lado del búnker no había ninguna casa, era como una isla, como un barco varado en medio de la arena. Recuerdo un espacio vacío, sin nada. Una sala con tres troneras. No recuerdo muebles, aunque sí una mesa en la entrada, la máquina de coser de mi madre, con la que trabajaba, y para iluminarnos teníamos una lámpara de carburo y un candil. Afuera, en el rincón de la entrada, mi padre hizo una cocina con paredes y techo de cañas. El fuego se hacía en el suelo y utilizábamos unas trébedes de hierro para poner la cazuela y hacer la comida. Mientras vivimos en el nido de ametralladoras, sufrimos el incendio de la cocina de cañas y también una riada el día 13 de septiembre de 1952, de la que fuimos rescatados con barcas por los vecinos de Sant Salvador. En 1953 dejamos el búnker para ir a vivir de alquiler a una casa a pie de playa llamada Cal Blau, que a mí me parecía un palacio.”

Foto: Lola Fernández

Poco se puede añadir que diga mucho más, pero conmueve conocer la historia, una más de aquel tiempo negro, de esta familia andaluza, no emigrante, sino perseguida por ser perdedores de la guerra, tras pasar el padre cuatro años en prisión por sus ideas republicanas, heridas sus dos piernas en batalla, y cuyo mayor delito fue enseñar a leer y escribir a los trabajadores de su pueblo. Como llega igualmente al alma ver la estructura de hormigón armado, durante años abandonado y maltratado por el incivismo, rehabilitado y dignificado, recuperando la memoria histórica de la Guerra Civil española. No deja de ser contradictorio que una fortificación de la guerra se convirtiera en un espacio de vida, donde unos padres ejemplares y valientes, supervivientes al fin, dieron a sus hijos un futuro con lo poco que tenían, él arreglando jardines para las familias ricas que poseían no demasiado lejos segundas viviendas frente al mar, y ella cosiendo para esas mismas familias. Me emociona también que una de las hijas, Trinidad, lograra cursar la carrera de Psicología y que hoy podamos conocer la historia de los Casas Perín por su libro, aparte de leer versos suyos en una de las fachadas del búnker (Desposeída de todo,/ pasó su infancia en un nido de ametralladoras,/ refugio en otro tiempo/ de estrellas envenenadas/ que caían desde un cielo/ sin piedad.), junto a la pintura de Picasso en otra: una obra pictórica convertida en un alegato universal contra la guerra, y unos versos de una de sus víctimas.  La guerra es mala para todos, puesto que saca lo peor de los seres humanos, precisamente lo más inhumano, pero, cuando acaba, siempre hay dos bandos muy reconocibles: el de los vencedores, los mismos que hostigaron al pobre Eduardo haciéndole la vida imposible hasta que tuvo que escapar de su pueblo; y el de los vencidos, que, como apunta Trinidad, se han de enfrentar a muchas más batallas una vez que la guerra finaliza. No hay equidistancia alguna posible, y quien la vea está muy ciego; nunca hemos de cansarnos de gritar ¡No a la guerra!, porque no podemos olvidar que las contiendas bélicas no se acaban cuando se callan las armas, y se necesitan muchos años para que desaparezcan sus nefastas consecuencias, tal y como ilustra la historia particular de esta familia jiennense refugiada que, huyendo del franquismo, terminó viviendo en un fortín abandonado en un punto perdido de la costa.

692. Abril

Foto: Lola Fernández

Por Lola Fernández.

Cuando llega abril, me siento bien, porque huele a flores y me sabe a ventanas abiertas y aire renovado. Abril, lluvia, inicio, el primer mes auténticamente primaveral del año, como una promesa de que no enraizará el odio, porque es como la mala hierba, que molesta para el desarrollo sano de las plantas. No hay que descuidarse, pues lo malo se suele esconder para coger fuerza y manifestarse cuando no se espera; a veces, por increíble que parezca, no siente rubor de expresarse, y ni siquiera recurre al enmascaramiento, presentándose a cara descubierta frente a todos. Ahí es cuando más me desconcierta que se permita su auge, porque el desprecio nunca ha de encontrar espacio para respirar, y mucho menos se entiende cuando llega haciendo mucho ruido, y no arrastrándose oculto entre un silencio que lo difumina. El fascismo avanza con toques de trompetas, a modo de una proclamación que deberíamos tomar, sin embargo, como una seria advertencia: por mucha indignación que pueda sentirse, con razón o por simple ideología, hay que diferenciar con precisión de cirujano los límites entre la democracia y el totalitarismo. Puede que los jóvenes, que no la vivieron, sientan que una dictadura no es peligrosa, pero somos muchísimos más los que sabemos la pobreza que implica todo autoritarismo: controlar lo público y lo privado, censurar, uso de una violencia que aterroriza, pisotear la cultura y la libertad de expresión, monopolizar el poder con un caudillo castrador, una policía salvaje al servicio de jefes que buscan aplastar toda diversidad que se aparte del credo único, información que miente más que informar, propaganda, adoctrinamiento; y miedo, mucho miedo, tanto como provoca constatar, entre parte de la juventud, la ignorancia sobre lo que realmente pasó en España  tras el golpe de Estado franquista de 1936.

Foto: Lola Fernández

Gracias a Franco llegó a nuestro país la guerra civil, que tintó en negro décadas de una Historia que vio detenerse el progreso y trajo muerte, hambre, rencor, miedo (siempre el miedo), involución, aislamiento internacional; amén de poderío para los vencedores, y todo lo peor para los derrotados, muchos de los cuales aún pueblan las cunetas que los herederos de los que ganaron quieren seguir manteniendo cerradas para siempre. No, con Franco no se vivió bien, y quien diga eso no tiene ni idea, o es parte interesada que chupó del bote durante el franquismo. Muchas personas, entre quienes sufrieron ese periodo, hoy ya no pueden explicar en qué consistió, y cuánto les arrebató; pero somos multitud los hijos, y los nietos, que escuchamos sus quejas y lamentos, o entendimos que su silencio era motivado por el terror, nunca por cobardía. Los aspirantes a volver a instaurar el fascismo son muy mediocres, pero cuentan con la ventaja de tener adeptos ignorantes y ciegos, que parece que no se dan cuenta de las absurdas incoherencias de sus mensajes: cómo, si no, se entiende que Vox tenga tantos votantes entre los agricultores, cuando no pasan de ser unos señoritos de los de toda la vida, sin dar palo al agua y rodeados de sirvientes, aspirantes a terratenientes a base de robar; y cómo creerse su rechazo a los inmigrantes y las patrañas que cuentan sobre ellos, cuando son los que más apellidos extranjeros tienen, y no titubean al llamarse españoles de siete generaciones; que hablan de libertad, cuando anhelan esclavitud, y tienen la desfachatez de tachar de corruptos a políticos de manos blancas, mientras son capaces de convertir en botín las donaciones hechas por los españoles a Valencia tras el desastre natural de la DANA… No, no puedo creer que en España se vaya a permitir otro oscuro tiempo de dictadura, por eso me gusta imaginar que se abrirán todas las ventanas, para que entre aire puro y entre todos combatir el viciado, hasta extinguirlo y poder respirar, renovados y sin amenazas.

691. Camino de Ítaca

Foto: Lola Fernández

Por Lola Fernández.

Junto a la escultura cuya imagen ilustra este artículo, una placa con sus datos contiene unos versos del poema Ítaca, de Kavafis: Ten siempre a Ítaca en tu mente. /Llegar allí es tu destino. /Mas no apresures nunca el viaje. /Mejor que dure muchos años /y atracar, viejo ya, en la isla, /enriquecido de cuanto ganaste en el camino /sin esperar a que Ítaca te enriquezca. /Ítaca te ha dado ya tan hermoso viaje. Ítaca puede simbolizar aquí el destino final después de toda una vida, y el poeta griego incidía en la importancia de disfrutar el camino sin centrarse en la meta, aunque se tenga presente. Bellos versos para acompañar una escultura que trata de homenajear a la vejez. Creo que es común entre los mortales querer llegar a viejos, en plenas facultades mentales, más allá del lógico deterioro asociado a la edad, disfrutando de los últimos años de la vida, para morir sin sufrir; y ojalá el destino tenga reservado algo así para nosotros. Claro que, frente a lo que nos depare la vida, está lo que obtenemos en esta sociedad nuestra, tan absurda a veces, como cuando no cae en la cuenta de que todos aspiramos a envejecer, y hacerlo no tiene nada de malo, por lo que no se entiende el edadismo, esa actitud negativa hacia las personas en función de su edad, a base de prejuicios y estereotipos, que discrimina a los mayores, con conductas de incomprensión hacia el envejecimiento, sin verlo como una etapa más, que viviremos la inmensa mayoría. En otras culturas, como en las orientales, en las indígenas, o en las africanas, el respeto a los ancianos es esencial, considerándoles guías, líderes, poseedores de la sabiduría que se ha de transmitir a través de las tradiciones; mientras que, desde la óptica occidental, hay una generalizada idealización de la juventud y un rechazo hacia los mayores. Aunque no se reconozca, lo cierto es que socialmente se infravaloran sus capacidades de aprendizaje, por ejemplo, en lo relativo a lo digital; excluyéndoles laboralmente desde edades en las que aún se tienen muchos años por delante para trabajar; no es raro que sean ridiculizados en los medios de comunicación, sólo hay que pensar en lo que se dice de sus ganas de viajar en programas de turismo social, o de encontrar nuevas parejas al quedarse solos; cuando no se cuestiona su derecho a una pensión, ganada con el sacrificio de toda una vida, etcétera.

Foto: Lola Fernández

Y si hablamos de las residencias geriátricas, eso ya es un punto y aparte, el colmo de los colmos; en estas últimas semanas, he visto y leído noticias sobre huelgas y malestar entre los mayores que viven en ellas, por tener que compartir habitación, por ejemplo. Sin embargo, eso es simplemente la punta del iceberg, puesto que estamos ante una muy compleja problemática, como refleja el que salten a los medios de comunicación con tanta frecuencia casos que describen situaciones de pesadilla: de maltrato; de negligencias; de abandono; de la mala calidad de vida, por no cubrir bien los cuidados que requieren muchos por su dependencia física y/o psíquica; de ataques, a veces mortales, entre residentes con problemas cognitivos; de hacinamiento, incendios, mala alimentación… Pero algo que nunca entenderé es que se olvide tan a la ligera que, quien más quien menos, muchos acabaremos nuestros días en una residencia de mayores, y que urge resolver problemas como falta de plazas, con la consiguiente dificultad de acceso; de precios abusivos poco asequibles; de deficientes recursos y asistencia; de poco personal y ratios excesivas; de polimedicación y descuido en la higiene, y tantos otros que nuestra sociedad conoce suficientemente bien como para ponerles remedio. Y hacerlo no con parches, sino con toda una reforma estructural, guiada por la sagrada idea de que los viejos no son trastos que aparcar y que no molesten, sino valiosísimas personas con un trascendental rol para nuestra identidad cultural. No puede ser que, después de haber recorrido todo el camino, nos espere un estercolero, en lugar de la prometedora isla de Ítaca.

690. Acto de resistencia

Foto: Lola Fernández

Por Lola Fernández.

Podríamos decir que marzo es un mes feminista, porque en él se hace hincapié, más especialmente que durante el resto del año, en la importancia de la lucha por la igualdad de derechos y la dignidad humana, sin distinción de género o de cualquier otra índole. Y en la militancia feminista, imposible no hablar de Malala, la activista afgana que a los 11 años se enfrentó a los talibanes a través de un blog secreto para la BBC, en el que defendía el derecho de las niñas a recibir educación, obteniendo, una vez desvelada su identidad, importantes premios nacionales e internacionales. Ello no impidió que a los 15 años le pegaran un tiro en la cabeza cuando volvía en el bus escolar, sobreviviendo al atentado talibán y convirtiéndose en la persona más joven en recibir el Premio Nobel de la Paz, a los 17 años. Ello ocurrió en el 2014, y hoy continúa con su lucha, por desgracia totalmente vigente, dada la lamentable situación de niñas y mujeres en Afganistán, con respecto a la educación y a los derechos fundamentales en general. Acaba de visitar España y en uno de los actos a los que ha asistido dijo que leer un libro sola en su habitación es un acto de resistencia para una niña afgana, frase que me parece impactante emocionalmente, y que corrobora la importancia que tiene la lectura, en el caso de niñas y mujeres invisibilizadas sistemáticamente por el régimen talibán, y en general.

Foto: Lola Fernández

Incluso yendo más allá, leer es resistir. La resistencia implica fuerza, potencia, aguante, rebeldía, contestación, oposición para contrarrestar otras fuerzas; si se le añade la comprensión, la información, el análisis, la cognición, el aprendizaje, el entretenimiento y la capacidad de interpretar y comunicar, cada vez que cogemos un libro estamos realizando un acto que combina evolución y revolución. No tiene nada de raro que los regímenes totalitarios hayan censurado, prohibido y quemado los libros, puesto que son poderosísimas herramientas para amueblar la cabeza, y fue la gran escritora Virginia Woolf quien dijo: no hay barrera, cerradura ni cerrojo que puedas imponer a la libertad de mi mente, ni siquiera con un disparo en la cabeza, como demuestra el caso de Malala. A veces, cuando viajo me encuentro por aquí y por allá microbibliotecas gratuitas de intercambio de libros, sea en antiguas cabinas de teléfonos reconvertidas, sea en pequeñas bibliotecas libres para fomentar la lectura, pudiendo quedarte libros, o tomarlos prestados, así como dejar tus propios ejemplares, en un intercambio gratuito de cultura en espacios públicos, que por cierto echo mucho de menos en mi ciudad. No hay nada parecido en ella, y la verdad es que no es algo caro o difícil, teniendo plazas y parques suficientes para instalar estos elementos urbanos de intercambio de conocimientos a través de libros libres que pueden seguir cumpliendo su importante función, sin verse abandonados en cualquier estantería, cuando no en los contenedores de reciclado, pues la mayoría de las bibliotecas municipales ya usan más libros digitales, ebooks o libros electrónicos que obras escritas en papel. Creo que es una magnífica idea para fomentar la lectura a través del libre acceso a interesantes obras, como, por ejemplo, las tres que cogí la última vez: El mágico aprendiz, de Luis Landero; Ripley en peligro, de Patricia Highsmith; y Grandes Biografías: Ludwig van Beethoven. A ver si cuando acabe de leerlos cuento con un lugar en Baza para acercarme y dejarlos, posibilitando que otros amantes de la lectura los disfruten; es una propuesta que le hago directamente a la persona responsable del área de Cultura de nuestro Ayuntamiento, que podría hacerla realidad ahora que ya mismo llega el Día del Libro

Utilizamos cookies propias y de terceros. Si continuas navegando, entendemos que aceptas su uso. más información

Los ajustes de cookies de esta web están configurados para "permitir cookies" y así ofrecerte la mejor experiencia de navegación posible. Si sigues utilizando esta web sin cambiar tus ajustes de cookies o haces clic en "Aceptar" estarás dando tu consentimiento a esto.

Cerrar