509. ¡Felices Fiestas!

Foto: Lola Fernández

Por Lola Fernández.

 

“El camino también desaparece mientras lo pienso, mientras lo digo. La sabiduría no está ni en la fijeza, ni en el cambio, sino en la dialéctica entre ellos. Constante ir y venir: la sabiduría está en lo instantáneo. Es el tránsito. El tránsito no es sabiduría sino un simple ir hacia… El tránsito se desvanece: sólo así es tránsito.”

                                                      Octavio Paz, poeta

 

Mañana empieza el invierno en el hemisferio norte; y, lógicamente, el verano en el hemisferio sur. Diciembre es mucho más que las fiestas navideñas. Este año, fiestas porque haremos un esfuerzo, porque no hay mucho que festejar tal y como está el mundo.

Se han ido muchos, demasiados; las perspectivas económicas son terribles, y no es política, que se quedó allá lejos, es la certeza de una pandemia y lo que conlleva.

Diciembre es un mes de tránsito: se nos va una estación para entrar en otra; cambiamos de año, cada vez con más nostalgias y más ausencias. Pero todo tránsito es renovador, y la oportunidad de cambio.

Podemos mudar la piel, metafóricamente hablando; dejar a un lado lo que no funciona, desechar lo que es innecesario y no nos compensa. Podemos abrir ventanas y puertas. O cerrarlas y cambiar de aires. Incluso sin posibilidad real, nuestros potenciales son tan inmensos, que nada ni nadie nos puede robar la libertad de volar donde nuestra imaginación desee.

Foto: Lola Fernández

 

La vida es una lucha constante, y aunque nos veamos obligados a detenernos, aunque nos creamos vencidos o perdidos, somos tan fuertes, que somos invencibles. Nosotros, nosotras, somos el poder. Nadie ha de decidir, sino nuestra voluntad y nuestro deseo. De acuerdo, a veces no coinciden ambos, pero con ellos somos poderosos.

La vida es muy perra, pero también maravillosa, más allá de tópicos y prejuicios. Estamos viviendo malos tiempos, y ya no sólo para la lírica, como decía la canción; porque son malos tiempos para la vida misma. Pero por ello, hoy más que nunca hay que levantar el ánimo, pensar en quienes nos faltan, disfrutar de quienes tenemos, y aun haciendo un poco de tripas corazón, dejar lo feo a un lado y quedarnos sólo con lo bueno. Será la mejor forma de decir, de corazón:

¡Felices Fiestas!

508. Cádiz

Foto: Lola Fernández

Por Lola Fernández. 

De entre todas las provincias andaluzas, Cádiz me parece la más alegre y jaranera. Entre fiestas, ferias, romerías, carnavales; celebraciones con motivos mil: sea el vino, los toros, los caballos, la democracia, la primavera, el invierno, la independencia, las cruces, el olivo, las hogueras, la sal, el mar, el flamenco, el verano, los moros y cristianos, la almadraba, el otoño, la vendimia, el aceite, las tapas, las zambombas, los belenes vivientes, la Semana Santa, la hípica, más los patrones y vírgenes más señalados, no es difícil colegir que Cádiz es una amante de festejar. Lo que sea, pero en clave de diversión y bullicio. Creo que incluso en la tristeza, los gaditanos te hacen una fiesta y acabas tocando las palmas y bailando sin recordar pena ninguna. Cádiz, la más antigua ciudad de la Europa occidental, la que enamoró con su privilegiado enclave, abrazada por el Atlántico y el Mediterráneo, a fenicios, romanos, visigodos, árabes y cristianos; y de todas las culturas se quedó con algo. Cádiz, que lo mismo te evoca la magia de Venecia que el son de Cuba; la tacita de plata, con su red subterránea de túneles construidos por los romanos; y sus murallas, garitas, cañones y fosos, que nos hablan de la necesidad de defenderse de los ataques sufridos a lo largo de su historia, como por ejemplo, los de las tropas napoleónicas… Piedra y coplas contra el enemigo: Con las bombas que tiran los fanfarrones, se hacen las gaditanas tirabuzones… Imposible describir la gracia gaditana, si no tuviste la suerte de disfrutarla, quillo, quilla!

Foto: Lola Fernández

Cádiz, la de los pueblos encalados que reflejan toda la luz, absolutamente recomendable la ruta de los pueblos blancos; la de las sierras enamoradas de la lluvia, donde sobrevive, majestuoso y milenario, el pinsapo, un abeto prehistórico que lucha contra su extinción. La marinera, pues con sus 250 km. de costa, el mar es una constante que ofrece su azul, su verde, todos sus matices y olores, amén de sus sabores, a sus gentes. Imposible no caer enamorada de estas tierras y todo lo suyo. Ese marisco, ese pescaíto frito en cartuchos, la manzanilla de Sanlúcar de Barrameda, los vinos de Jerez, el río Guadalete descendiendo desde la Sierra de Grazalema, donde más llueve al año en España, para morir en el Puerto de Santa María, en la bellísima Bahía de Cádiz. Siempre digo que el triángulo más mágico no es el de las Bermudas, sino el que conforman Sanlúcar, Jerez y el Puerto, la ciudad de los 100 palacios: entre sus parámetros físicos y sociales, se puede comprender perfecta y profundamente la esencia del alma andaluza, que por supuesto existe, y late en cada uno de los casi ocho millones y medio de andaluces.

Cádiz, la de los vientos y los deportes asociados a ellos y el mar; la de los atunes y la almadraba; la de las vistas de África, a sólo un puñado de Km., con el Estrecho de Gibraltar fundiendo océano y mar; la de carreras de caballos a la orilla del mar, frente al Coto de Doñana, casi ná; la del patrimonio histórico rico y variado como pocos; la de playas maravillosas que atraen a un turismo fiel y enamorado; con esa gastronomía, que si es para resaltar en toda Andalucía, aquí ya es para hablar de delicadezas y manjares dignos de los dioses más exigentes. No cabe en un artículo la fascinante realidad de una provincia, pero sí la invitación a visitarla, admirarla, saborearla y disfrutarla despacito; y hacerlo, además, desde la certeza de que quien a ella se acerque por primera vez, jamás se habrá de sentir defraudado; y de que, si ya la conoce, no dejará pasar la oportunidad de volver a verla. Hay cosas tan bonitas que nunca cansan, y Cádiz y toda su provincia es una de ellas.

507. Huelva

Por Lola Fernández.

Foto: Lola Fernández

La provincia onubense tiene tanto que ofrecer, que no apabulla, sino que espera a ser descubierta poquito a poco y sin prisas. Situada en el extremo más occidental de Andalucía, es la que más horas de sol disfruta cada día en España, y tal vez por eso a su costa se la llama de la luz, compartiendo parte de ella con Cádiz, en su Golfo. Posee Huelva una geografía rica y diversa, de una belleza sin igual, y tiene una ubicación privilegiada. Separada, o unida, que una no sabe nunca muy bien si un río separa o acerca, de Portugal por el Guadiana, que viene a desembocar entre Ayamonte y Villa Real de San Antonio. Ambas localidades, en una y otra orilla, han estado tradicionalmente hermanadas por un ferry, que, tras construir un puente justo al lado, casi ha pasado a ser testimonial, con un deterioro casi paralelo al de las economías de ambas localidades. Son de esas decisiones políticas incomprensibles y alejadas del sentido común y del deseo de la ciudadanía, nada raro ni infrecuente, por desgracia. Pero al margen de la política, Huelva disfruta de sus ríos, con el Tinto y el Odiel abrazando su capital, y formando una ría al juntarse; y con el Guadalquivir como frontera natural con Cádiz, al menos durante kilómetros. Precisamente desde el puerto fluvial de Palos, en una ensenada del Tinto, partió Colón rumbo a América en 1492, por tratarse de uno de los más importantes puertos del litoral andaluz. Muy cerca, el Monasterio de la Rábida, a donde el mismo Colón fue a solicitar ayuda económica para emprender su primer viaje. De todo ello nos habla la colosal estatua del navegante, a orillas de la Ría de Huelva, en la confluencia del Tinto y el Odiel, regalo a España de EE.UU.

Ríos, litoral, y sierras. Huelva limita al norte con Extremadura, y en su Sierra de Aracena y Picos de Aroche podemos disfrutar de bellos pueblos y lugares de belleza sin par, como la preciosa Gruta de las Maravillas en Aracena. Sus gentes viven de una economía basada en el turismo, los productos del cerdo ibérico, famoso es su jamón de Jabugo, y la industria relacionada con el corcho. Atravesar las dehesas de la Sierra es tener la oportunidad de ver los alcornoques, de cuyas bellotas se alimentan piaras de cerdos desde hace siglos, desnudos hasta que les nace de nuevo su cubierta vegetal. A lo largo de un ciclo de nueve años, estos árboles se protegen con el corcho, que es la materia de un desarrollo sostenible para el norte de la provincia. Y al sur, el Atlántico, con kilómetros de playas de finas arenas, abrazadas por pinares, cuidadas franjas de dunas y humedales. La provincia de Huelva es la que más humedales cuenta en Andalucía, con hasta 45 de ellos catalogados, los cuales ofrecen su privilegiado albergue a 700.000 aves durante el invierno, que se dice pronto. Por sólo citar un ejemplo, la cigüeña negra, que no es urbana como la blanca, y que es una especie en peligro de extinción, elige Huelva para la invernada; siendo fundamental para su preservación la conservación y óptimas condiciones ambientales de los humedales atlánticos andaluces, los onubenses a la cabeza.

Por si no bastara con todo lo anterior, encabezado por unos productos ligados a la pesca de categoría superior, imposible olvidar la economía de la fresa y los cítricos en Huelva, de proyección internacional, y con una calidad que nada ha de envidiar a la agricultura que en otras zonas se han volcado tradicionalmente en este sector. Fresas, gambas y jamón son la maravillosa trinidad de la gastronomía onubense, para mi gusto muy difícil de igualar, junto a buenos vinos con denominación de origen, Condado de Huelva. Si a todo ello le unimos el humor, ese invento que nos hace ser la especie animal superior de verdad, y vemos cómo Lepe ha sabido sacar partido de ser el blanco nacional de bromas y chistes basados en la mera exageración, con sus certámenes y concursos de humor, no nos queda otro remedio que exclamar Huelva… y vuelva!

506. Málaga

Por Lola Fernández.

Decir Málaga es decir historia y mar, puerto y jardines, montañas y valles, agua, piedra y arte. Es recorrer el rastro de fascinantes culturas milenarias con sólo dar un paseo, porque se trata de una de las ciudades más antiguas de Europa, y así, sólo en su Cueva de Nerja alberga las pinturas rupestres más antiguas de la humanidad. Málaga son los montes cuajados de almendros, y la Costa del Sol, donde ya había turismo del mejor cuando era algo de unos pocos privilegiados o de extranjeros: Benalmádena, Fuengirola, Marbella, Torremolinos, por nombrar unas pocas localidades costeras. Es la comarca de la Axarquía, y la Serranía de Ronda, con esa maravillosa ciudad abrazada al Tajo, un desfiladero que es un monumento natural a la belleza. Y es El Valle de Antequera, con su Peña de los Enamorados, sus dólmenes y el mágico Torcal. Son los acantilados de Maro, y el Balcón de Europa en Nerja, y la Laguna de Fuente Piedra, con sus flamencos. Málaga son las playas, las calas, los espetos de sardinas en las brasas de una barca en cualquier orilla. Son sus parques y jardines, con una riqueza botánica que te enamora y fascina; las biznagas, con los jazmines sobre cardos secos; y el monumento al cenachero frente a su puerto de bulliciosos muelles, como homenaje a quienes vendían pescado fresco en un cenacho de esparto a los hombros.  Es la Manquita, esa catedral inacabada con una sola torre, y sus mil maneras de pedir un café; amén de un clima tan amable y cálido como sus gentes. Aunque también hay que padecer el terral, especialmente en verano, con lo que se añade un plus de calor, llegado directamente desde África. Siendo una de las ciudades más importantes del país, es conocida mundialmente por haber nacido en ella Pablo Picasso. Su casa natal y el Museo Picasso, junto al Museo Carmen Thyssen, conforman una atractiva oferta para los enamorados de la pintura, en un enclave sin igual. Pero estos son sólo 2 de los 30 museos malagueños, pues no en vano se habla del centro histórico con mayor densidad museística.

Málaga es una preciosa ciudad a orillas del Mediterráneo, a cuyos habitantes se les llama boquerones, y es fácil adivinar por qué, con un barrio marinero, El Palo, por citar uno, que conserva toda la tradición pesquera y es la oportunidad de disfrutar del mejor pescado, con sus peculiares subastas ya en la mesa; o sus inolvidables moragas, que no son sino reuniones de amigos en las playas al caer la noche. Porque Málaga es modernidad, con una muy numerosa población de extranjeros que copan pueblos y zonas por completo (esos carteles de Se habla español, lo dicen todo), sin olvidarse de las tradiciones. Famosos son los burros taxis de Mijas, y la Farola de Málaga, porque faros ya hay muchos, pero en femenino muy pocos. Como célebres son sus vinos y su Festival de Cine; y esa calle Larios, cara donde las haya, pero centro neurálgico testigo y protagonista de todo lo importante que en la ciudad acontezca, incluida su feria; sin dejar de citar ese Pasaje de Chinitas, con su famoso café del mismo nombre, al que ya Lorca nombraba en sus versos. Quien come y bebe en Málaga sabe que allí todo es de primera, para todos los gustos y para todos los bolsillos, pero con una única calidad, la mejor. Vamos, que allí es difícil que te quedes esmallao: deliciosos los molletes de Antequera, el ajoblanco, el gazpachuelo, los boquerones fritos, la porra antequerana, la fritura malagueña, el plato de los montes (o huevos a lo bestia), y un exquisito etcétera que da sabor a una gastronomía variada y rica; o mejor dicho, riquísima. Y para acompañar tanto plato bueno, nada como brindar con la cerveza Victoria, malagueña y exquisita desde 1928: Por Málaga!!!

505. Jaén

“Andaluces de Jaén, aceituneros altivos…”

Miguel Hernández

El Parque natural de Despeñaperros es un precioso desfiladero por el que se accede a Andalucía por tierras jiennenses, como una reivindicación de la esencia andaluza de Jaén, una provincia tan olvidada que, en ocasiones, se dice de ella que no parece de Andalucía; ay, qué cosas. Imposible ser más andaluza, siendo la tierra en que nace el Guadalquivir; el río que primero se llamó Betis, y que, desde su nacimiento en la Sierras de Cazorla, Segura y las Villas hasta su desembocadura en Sanlúcar de Barrameda, conoce y habla de la historia de Andalucía. Si añadimos Sierra Magina y la de Andújar, sabremos por qué la biodiversidad jiennense es una de la más importantes de España y Europa, siendo la provincia con mayor extensión de espacios protegidos de España. Y junto a estos parques naturales, las campiñas y vegas colmadas de olivos, constituyendo una riqueza natural y paisajística sin igual en estas tierras de la Andalucía oriental. Es Jaén la primera productora mundial de aceite de oliva, con nada menos que 66 millones de olivos, pero, aun así, el llamado oro verde no logra sacarla de la pobreza. No ha impedido que, por ejemplo, ciudades como Linares, con un pasado económico que la situaban a la cabeza en riqueza y desarrollo a nivel nacional, ostente hoy el triste honor de ser la ciudad con más paro de España. Jaén ha sido víctima de no haberse encarado una reforma agrícola absolutamente necesaria, además de ver cómo se acababa con la industria que le daba fuerza económica, sin olvidar que ha sido siempre la gran olvidada, válgame la redundancia.

Pero Jaén no sólo posee patrimonio natural, y, así, es la provincia con más obras renacentistas de España. Esto se debe principalmente a Andrés de Vandelvira, el arquitecto que planificó y construyó muchos edificios que, al incorporar elementos del arte de los musulmanes, son únicos; logrando que Úbeda y Baeza sean, además de dos joyas del mejor Renacimiento, Patrimonio de la Humanidad desde el 2003. Jaén posee también el mayor patrimonio íbero, pues Cástulo, muy cerca de la citada Linares, es uno de los yacimientos arqueológicos más importantes de España. Y en la capital, esa maravillosa catedral renacentista, y el castillo de Santa Catalina, con unas impresionantes vistas de la ciudad; que no en vano, Jaén es el lugar en donde hay más castillos y fortalezas de Europa, y el segundo en el mundo. Además de Los Baños Árabes, de su época musulmana, en los sótanos del Palacio de Villardompardo, los más grande de España y mejor conservados de Europa. Y no quiero dejar de hablar del cielo jiennense: porque si en Almería está el Observatorio de Calar Alto, en la Sierra de los Filabres, y en Granada el de Sierra Nevada, amén del de la Sagra, los cielos de Jaén son de lo mejorcito para mirar las estrellas. Y así lo atestigua la declaración de la UNESCO como Reserva y Destino Turístico Starlight, más concretamente del cielo de Sierra Morena y Sierra Sur. Podría añadir tantas cosas…, pero sólo diré que hay mucho y bueno en esta provincia andaluza, y que si no la conocen, ya están tardando.

504. Granada

Foto: Lola Fernández

Por Lola Fernández.

“Todas las ciudades tienen su encanto, Granada el suyo y el de todas las demás.” Antonio Machado.

Decía Federico García Lorca, el poeta granadino de Fuentevaqueros, que Granada esta indefensa ante la gente, pues nada ni nadie puede defenderse ante lo halagos, y qué razón tenía… Es tan hermosa que sólo cabe ensalzarla, y si lo hacemos con el fondo musical de la Granada de Agustín Lara, mejor… Granada, tierra soñada por mí… Claro que hay un contrapeso, la malafollá de Graná, casi ná; aunque habría que escribir todo un tratado para definir el concepto, así que lo dejaré para otro momento. Granada, tierra de contrastes, con una geografía en la que se dan cita el altiplano, la costa tropical, las montañas más altas de la península, el sol y la nieve, los claros cielos estrellados (con los observatorios de Sierra Nevada y la Sagra), la vega, la Alpujarra, la Alhambra, el Albayzín, y un larguísimo etcétera, amén de una herencia y una oferta culturales de primera. Tierra de flamencos y poetas, que ama la música y lleva el arte en las venas. Digamos que somos pura potencia, y abandono sempiterno; lo que hace que, cuando había pujanza económica en el país, porque hubo un tiempo en que la hubo, mientras aquí llegaban los inmigrantes, nosotros aún éramos emigrantes huyendo de la pobreza. Y junto al arte, que es mucho, Granada es la Ciudad de la Ciencia, y su magnífica y prestigiosa Universidad, fundada en 1530, es la única en Europa con dos campus en África, Ceuta y Melilla. Si fuimos el último reducto hispano-musulmán, hoy contamos con una creciente población musulmana, de la que casi la mitad es española, no inmigrante, lo que hace que su presencia en la capital sea importante y esté plenamente integrada. Tenemos la mayor mezquita de Europa, y se puede afirmar que somos un ejemplo de convivencia y hermandad a nivel religioso, pero también cultural. Sin olvidar que somos la provincia con mayor porcentaje de población gitana, en su amplia mayoría perfectamente integrada socialmente. Esa Granada gitana y mora no es un tópico, ni versos de poeta, sino una realidad que se vive en armonía. Y de la Granada católica, sólo recordar que en la Capilla Real de su catedral descansan los restos de los Reyes Católicos, y de su hija Juana la Loca, y su esposo Felipe el Hermoso.

Foto: Lola Fernández

Así que por su realidad, Granada es una tierra de contrastes que no se oponen entre sí: somos el sur y hace un frío que pela; tenemos los pueblos más altos del país y del continente, pero las imponentes sierras rodean una gran llanura, con las hoyas de Baza y de Guadix. Poseemos un Altiplano, formado por las comarcas de Baza y Huéscar, donde, junto a zonas prácticamente desiertas, hallamos bosques y abundancia de agua; con los pantanos de Negratín, San Clemente y El Portillo, rodeados de maravillosos paisajes de una increíble variedad. Y si al norte está el altiplano, al sur baña nuestras tierras el mar Mediterráneo, en la Costa Tropical: 73 km. de litoral con un clima que hace posible ser el único lugar de Europa con frutos tropicales, como el aguacate, el mango y la chirimoya. Junto a Sierra Nevada, esa Alpujarra de pueblos en los que se detuvo el tiempo, contando, por ejemplo, con el pueblo más alto del continente europeo, Trevélez: con unos magníficos jamones, que con un clima tan seco y frío se curan de maravilla, y cuya arquitectura nos traslada a lejanos países como el Nepal. Y descendiendo desde los maravillosos pueblos y barrancos alpujarreños hacia el mar, el Valle de Lecrín, con plantaciones de naranjos y limoneros de la mejor calidad. Si los árboles están en flor, el aroma a azahar nos envuelve mientras recorremos esta preciosa comarca, donde no falta tampoco el agua; con, por citar un lugar precioso, la Laguna de Padul, uno de los más importantes humedales de la provincia, y sólo detrás de Doñana en extensión de carrizal, con lo que conlleva de asentamiento de aves. Sí, Granada es tan diversa y tiene tanta riqueza patrimonial y geográfica, que es imposible describirla en pocas palabras, por lo que lo mejor es invitar a quien no la conozca, a visitarla cuanto antes mejor; a quien ya estuvo, a regresar sin falta; y a quienes vivimos en ella, a disfrutarla sin que tanta belleza nos haga perder su constancia, porque hay cosas tan bonitas que una no puede acostumbrarse a ellas jamás. Hay que saborear Granada, porque es sencillamente una delicia.

503. Almería

Foto: Lola Fernández

Por Lola Fernández.

En la provincia más oriental de Andalucía, existen tan diversos ecosistemas, que no es raro que sus paisajes estén en películas memorables, de antaño y de ahora. En Almería hay desierto, el único de Europa; hay mar y montañas, con nieve en sus cumbres al llegar el frío; y tantas horas de luz, que siempre ha estado ligada al cine. Por no extenderme y nombrar sólo un puñado de buenas películas, sus paisajes pueblan los fotogramas de La muerte tenía un precio, El bueno, el feo y el malo, Indiana Jones y la última cruzada, Lawrence de Arabia, Cleopatra, y tantas otras, que necesitaría más de un artículo para citarlas a todas. Por no hablar de series actuales de éxito mundial, como Juego de Tronos, o La Casa de Papel. Distinto es cómo se ha gestionado de bien o mal a la hora de atraer o espantar a las grandes productoras, pero eso es otro asunto. Hay que desear que no quede todo en rutas cinematográficas y el poblado del Oeste en Tabernas, como parque temático para visitar con los más pequeños. Porque Almería es mucho más que variados y preciosos escenarios para rodar películas, aunque mal que nos pese, a día de hoy aún es, junto a Jaén, una gran desconocida; las grandes desconocidas de Andalucía.

Foto: Lola Fernández

Con una historia de relevancia debida a las culturas que en ella se asentaron, y a su puerto, y habiendo llegado a ser un referente comercial y cultural en tiempos del Califato de Córdoba y los Omeya, lo cierto es que acabó en el olvido, y víctima de males diferentes, tales como plagas, terremotos o ataques piratas. Tardó en repuntar, y lo hizo de la mano de la minería (ahí están los restos de las minas de oro en Rodalquilar) y la agricultura; pero de nuevo llegó el declive, y no fue hasta mediados ya del s.XX, que se reinventó gracias a la agricultura intensiva, el turismo, o el mármol de Macael, famoso mundialmente. Gracias a la agricultura intensiva, Almería es hoy la huerta de Europa, aunque habría mucho que hablar sobre el tema de los invernaderos y los mares de plástico, visibles desde los mismos satélites. Porque sobrecoge pasar por los poblados de chabolas donde malviven los trabajadores que pasan sus días ocultos bajo el plástico, muchas veces llegados directamente desde las pateras que arriban clandestinamente por el mar de Alborán. No se puede permitir que el resurgir económico de una provincia, y la riqueza de unos cuantos, se asiente en condiciones laborales que rozan la esclavitud de una gran mayoría de inmigrantes indocumentados. No puede ser que los supervivientes que tuvieron la suerte de no acabar en la fosa común en que se ha convertido el Mar Mediterráneo, acaben ahogados bajo esos mares de plástico.

Mucho menos triste es el otro potente pilar económico con que cuenta Almería, el turismo. Sus más de 200 km. de litoral, la mitad de los cuales rodean el Parque Natural Cabo de Gata-Níjar, posibilitan disfrutar de playas magníficas, recónditas calas, paisajes de ensueño, a la vista y subacuáticos,  y sus cálidas aguas mediterráneas; las mismas que albergan todo un  patrimonio protegido, que da fe de la riqueza, diversidad cultural e importancia histórica de Almería desde sus orígenes, a lo largo de toda su historia, hasta hoy. Porque a ese tesoro subacuático, se unen muchos más, en sus pintorescos pueblos, sus vinos y gastronomía en general, y todo el prometedor futuro que se despliega ante sí en una tierra que vivió años, décadas, siglos incluso, de abandono; pero que hoy avanza orgulloso y sin complejos, dispuesto a ofrecer todos sus privilegiados recursos a quienes vivan o se acerquen a disfrutar de las tierras y las costas de Almería.

502. Andalucía

Foto: Lola Fernández

Por Lola Fernández.

Quienes quieran lo mejor para su patria, conózcanla antes a fondo; porque es el conocimiento quien engendra el amor y el amor quien multiplica y perfila aquel conocimiento.

Antonio Gala. Congreso de Cultura Andaluza. Córdoba, 1978

 

Los andaluces estamos acostumbrados a los tópicos y a los prejuicios respecto a nuestra tierra, y aunque sabemos que son erróneos, pues como que nos da un poco igual, porque pensamos que si la gente no conoce la verdad de Andalucía, no por ello ella va a ser como piensan desacertadamente. Siempre tendrán oportunidad de conocernos, y si no, tampoco pasa nada, somos como somos y lo que somos, no como digan los demás.

A ver, por ejemplo, resulta que como tenemos el único desierto europeo, en tierras almerienses, el de Tabernas, pues hay quien nos ve ya rodeados de dunas y en camello. Olvidan que, mal que les pese a los gallegos, que gustan de negarlo, es en Cádiz, en la Sierra de Grazalema, donde más llueve de España. Porque hay quien asocia el sur con lo desértico, y luego no entiende que en Jaén, a quien algún que otro ignorante niega la condición de andaluza, cuenta con la mayor superficie de espacios naturales protegidos de España (304.175 hectáreas), entre los que destacan sus cuatro parques naturales: Despeñaperros, Sierra de Andújar, Sierra Mágina y Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas. Eso sólo en Jaén, la provincia de más de 70 millones de olivos; ya que si ampliamos límites, Andalucía es rica, millonaria diría yo, en naturaleza y paisajes de lo más variados, con espacios tan extraordinarios como Doñana y Grazalema, en Cádiz; Sierra Nevada, en Granada; y Cabo de Gata-Níjar, en Almería, entre otros muchos.

Foto: Lola Fernández

Somos muchos, casi el 20% de la población total española. Contamos con costas atlánticas y mediterráneas, amén del estrecho de Gibraltar, en el que ambas aguas confluyen, aparte de acercarnos a una África que tenemos ahí mismo, como sur del sur. Somos tan variados como nos permite ser ocho provincias, desde Huelva, separada o unida a Portugal por el Guadiana; hasta la Almeria de los cielos limpios y las profundidades submarinas de ensueño. Pero ay, se nos considera poco menos que analfabetos, con una insultante falta de respeto hacia nuestra manera de hablar, y se olvidan de que hay muchos grandes poetas, pintores, filósofos, músicos, y artistas en general, que fueron y son de cuna andaluza. Por nombrar sólo a unos poquitos, de entre los que ya no están: Lorca, Machado, Lola Flores, Velázquez, Falla, Camarón, María Zambrano, Paco de Lucia, Picasso, Alberti, Juan Ramón Jiménez, Cernuda, Carlos Cano, Elio Berhanyer, Julio Romero de Torres, Bécquer, y un inmenso etcétera. Es decir, casi ná. Fuimos, somos y seremos; y quien no lo sepa ver porque hablamos andaluz, o porque no tiene ni idea, que se compre un libro y aprenda.

(Continuará)

501. Día de sol

Foto: Lola Fernández

Por Lola Fernández.

Me gusta la palabra domingo en inglés: Sunday, día de sol, porque de un modo tan sencillo la impregna de la luz que una se imagina para un día de fiesta y descanso. Porque me niego a caer en la trampa de sentir que todos los días son iguales, algo que nos trajo el estado de confinamiento, y de lo que hay que huir si queremos restablecer la mínima normalidad, por anormal que siga siendo. Ayudándonos del instinto de supervivencia, debiéramos extraer cosas positivas allí donde todo se nos volvió negro y negativo. No es optimismo, ni convertirse en ilusos; es más bien saber que nunca nada está perdido, y sacar soluciones y recetas vitales para aplicar en los momentos más difíciles. Puede que haya entre ustedes quien piense que no hay nada bueno en lo que hemos vivido, que aún estamos viviendo, y que, por desgracia, todavía nos queda bastante por vivir. Pero creo que sí podemos rescatar cosas que son como restos del naufragio, que más qué desechos, son herramientas para hacer más fácil la vida dentro de unas coordenadas alejadas de la situación ideal, esa que parece que todos creemos que era la general antes de la pandemia. Ciertamente eso ya me parece de entrada bastante discutible, pues para nada nos movíamos en un estado de perfección que se desbaratara de repente por la llegada de un virus asesino al que aún desconocemos cómo vencer; si acaso, y ya es mucho, podemos acatar las normas que los científicos nos dan para evitar ser sus víctimas. Bueno, víctimas suyas lo somos sí o sí, para qué nos vamos a engañar, porque, aunque nunca pudimos sospecharlo, este año está siendo el peor de nuestras vidas; al menos para mí, que eso es algo muy subjetivo.

Foto: Lola Fernández

A ver, pensemos un poquito con qué quedarnos tras el terrible confinamiento… Seguramente hemos aprendido a valorar una serie de cosas que antes nos pasaban desapercibidas, cada quién sabrá cuáles son, pero estoy convencida de que haberlas, las hay. Igual salimos a la calle y si no hay nadie y podemos quitarnos la mascarilla, aunque sea por unos minutos, ¿cómo no vamos a vivir sensaciones nuevas y que nos parecen deliciosas, ante algo tan simple como el aire acariciando nuestra cara? Poder coger el coche y salir aunque sea a los alrededores, a disfrutar de la naturaleza, que nos inunde por todos los sentidos, y deseando tener muchos más que cinco, para que nos embriague por completo… Abrazar un segundo a nuestros mayores, si no nos separa un cristal, o ya se fueron dejándonos huérfanos para la eternidad… Cómo no emocionarse con los pequeños gestos de tanta gente buena como hay, dispuesta a dejarse los días ayudando a los demás. Y como no indignarse ante la imbecilidad de quienes no supieron sacar lecciones de vida entre cifras de muertos, que seguramente hubieran podido ser mucho menores de haberse hecho de otra manera las cosas en este país nuestro, que se pasó una década recortando en algo tan sagrado y tan de todos y todas, como es la sanidad pública. Allá cada cual con su conciencia, si es que sabe qué es eso. Nunca hay que permitir que la adversidad nos derrote; muy al contrario, es en la dificultad donde emerge la grandeza humana, para aprender que aunque el cielo se nuble, el sol está ahí, sin necesidad siquiera de que sea domingo como hoy. El tiempo es un continuo para vivirlo sin interrupciones, con la mejor de nuestras actitudes, y sin desfallecer. Así que adelante, la vida no espera.

 

500. Cosa de viejos

Por Lola Fernández.

Siempre que reflexiono sobre nuestro modo de vivir en sociedad, me embarga una terrible desazón al no entender cómo hemos podido llegar a unas cotas tan altas de insatisfacción interpersonal. Se supone que si un día optamos por el grupo, sería para vivir mejor que en soledad. Y sin embargo, ¡cuánta soledad hay en esta nuestra sociedad actual! Es sumamente desalentador comprobar que no tenemos en cuenta que hay cosas que son para todos y todas sin excepción. Así, con un poco de suerte, si no nos morimos antes de tiempo, llegaremos inevitablemente a ser viejos, o ancianos, o mayores, o como queramos llamarlo; pero, en definitiva, alcanzaremos esa edad en que hay menos futuro que pasado, y en que nos gustaría hacer todas las muchas cosas que fuimos dejando para después, y que, o se hacen ya, o nunca se podrán realizar. Y si todos vamos a llegar a ser mayores, cómo es posible que no protejamos todo lo relacionado con ello… Por ejemplo, el tema de las residencias, de los geriátricos, ¿no debería ser un aspecto social cuidado al máximo, para que si, como es previsible, acabamos nuestra vida en ellos, sea en condiciones ideales de bienestar? Hace ya mucho tiempo que para los mayores, con o sin hijos, no hay mucha diferencia a la hora de terminar sus días lejos del hogar, entre los límites de una residencia geriátrica; y dado que es un horizonte común, nada tiene de raro que fuera un tema absolutamente resuelto socialmente. Pero ¡ay, qué lejos de la realidad!

En este último semestre, azotado por la pandemia, los datos, fríos y crueles a la vez, nos dicen que casi el 65% de los fallecidos a causa del coronavirus en España, son personas mayores. Se dice pronto, pero más de 20.000 muertos han sido mayores residentes en geriátricos; o sea, ni más ni menos que dos tercios del total de los fallecimientos. Escalofriante. Si a ello le unimos las cada vez más frecuentes evidencias de malos tratos a las personas que viven en las residencias de mayores, la verdad es que una siente vergüenza ajena por la falta de categoría humana que nos rodea. Es verdaderamente indignante comprobar lo poco que se hace para que los últimos años de las personas que lo han dado prácticamente todo por los demás sean de alegría. Es para ponerse a llorar ver el (mal)trato que reciben quienes fueron los salvadores de sus familias en la anterior crisis económica del 2007. Qué pena saber que los hemos dejado tan solos y tan abandonados, no quisiera verme en su lugar: encerrados, sin poder ver a los suyos, muriéndose sin que nadie haya movido un dedo, como no sea para acusar a otro y echar balones fuera. Me avergüenza pertenecer a esta sociedad tan inhumana. Como me avergüenzan quienes sólo piensan en saltarse las normas anticontagio del coronavirus, porque piensan que con ellos no va esta historia, que esto es cosa de viejos. Sólo deseo que, si ellos llegan algún día a serlo, reciban por parte de su prójimo, un mejor trato, porque si no, pobres, qué mal final les espera.

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